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Romper el silencio nos da libertad

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La importancia de la educación

Cuando escuchamos la palabra educación se nos vienen a la mente materias y lecciones a estudiar en un tiempo determinado, pero ¿para qué estudiamos?¿para qué llevar una educación.

He escuchado decir a muchos jóvenes, “nada de lo que estudié en la carrera me sirve ahora en el trabajo”, pero olvidamos algo muy importante: los valores, la enseñanza que en casa recibimos es fundamental para la práctica de ellos en nuestras vidas.

Un valor importante es el respeto, esto nos lleva a conocer y reconocer el aprecio hacia la dignidad de una persona; considero, que de todos los valores es uno de los más necesarios para la convivencia entre diferentes personas.

Aquí, en la cárcel a muchas se nos olvida la calidad humana, la solidaridad como compañeras, se nos olvida que vivimos una experiencia en común que es la privación de nuestra libertad, el amor a nuestros hijos, familia. Parece llegar un momento de conformidad y de aspirar a hacer una estancia permanente en este lugar como si nos olvidásemos de las responsabilidades que dejamos hace unos días, o como en mi caso, hace unos años.

Se vive en algunos talleres que dan en este lugar la triste experiencia de ver que no hay un cambio en las compañeras, reflejado en la irresponsabilidad, conformismo, falta de respeto, derivadas desde la convivencia y la no educación en el hogar.

A mí en lo personal me llena de indignación escuchar decir: “si a mi madre no le hice caso, qué de menos a una carcelera como tú”. Esto habla y expone mucho de la falta de conciencia del lugar en el que estamos, la poca o nula educación recibida en casa porque, si en casa no la vimos aun cuando se reitere en otros espacios no se llevará a la práctica, y si aunado a esto, no hay la voluntad íntegra de la persona de cambiar para bien, será más difícil.

Insisto en que la cárcel a mi me ayuda a comprender esta necesidad del respeto a las demás, de ese cambio por mí misma, para que al salir de este lugar sea un mejor ser humano. Que la distancia y no ver a nuestros seres queridos nos haga valorar nuestra libertad.

Una religiosa nos dijo un día: “a la cárcel yo la llamo hospital de alma y las invito a dejar sus enfermedades y salir recuperadas en amor y respeto a los demás”. Cambiar es una actitud de vida, es nuestra elección una vida que nos inyecte pasión por vivirla o vivir presos en la cárcel, o en el trabajo o en otras preocupaciones que nos mantengan muertos en vida.

¡Yo vivo la cárcel no ella me vive a mi!

FOTO: RETOMADA EN INTERNET

Revista Enheduanna

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