circo (1)

Relajándose. La falta de inclusión social

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Ilustración: Karla Barajas

En una banqueta, piernas extendidas, cabeza recargada en la pared, mirada al cielo;  escuché la plática en una lengua de mi estado, alcancé a entender “Torre Chiapas”,  lo dijeron en español. Cinco personas  atentas  a la reacción del intérprete quien buscaba respuestas en los carros. Les aconsejé tomar una ruta, no recuerdo cuál, caminar una cuadra hacia la parada.

-Gracias licenciada. Le agradecemos la información- dándome la mano. El grupo  siguió al intérprete, de vez en cuando me volteaban a ver y agachaban la cabeza en señal de despedida.

En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la realidad se construye con lo que suponemos.  Imaginé realizarían trámites, buscaban transporte económico para llegar a Torre Chiapas y el traductor a pesar de verme sentada en el piso de la baqueta, no en una oficina, supuso que la palabra políticamente correcta era licenciada.

Recordé esto en un camión, había niños con discapacidad auditiva no acompañados por adultos a quienes las normaoyentes responsables de su traslado preguntaron: ¿de dónde son? Olvidé dónde estaba, ¿de dónde son? pregunté viéndolos a los ojos y gesticulando más de lo normal, los niños se miraron, sonrieron, alguien atrás grito: no escuchan. Un pequeño levantó la mano señalando al frente y se tocó la cabeza en señal de frustración. A veces, la suposición no es suficiente para comunicarnos. ¡Qué Tuxtla tan Babel!

La centralización y el peso de ser capital es grande. No somos capital incluyente, nos faltan mapas de ruta en lenguas para que quien realice trámites puedan moverse  con mayor facilidad, información en sistema braille que guíe a personas con discapacidad visual, sobretodo gente que domine el mayor número de lenguas… necesitamos aprender el mayor número de palabras en diferentes lenguas, por lo menos.

En Chiapas la labor de intérprete la realizan nuestros grupos indígenas quienes trabajan vendiendo arte popular, alimentos, chicles, cigarros… en sitios turísticos como San Cristóbal, Comitán, Tuxtla Gutiérrez…, dominan su lengua materna, tzotzil, tzeltal, chol, mam…, español, y posteriormente un poco de inglés, francés, alemán. Hay que sentarse en las banquetas de vez en cuando, en silencio, mirada al cielo y escucharán es cierto lo que digo.  De no escucharlo, al levantarse estarán relajados. La comunicación interna es la más nutritiva y el tiempo de espera es el mejor para relajarse escucharnos y escuchar a lxs otrxs.

 

Revista Enheduanna

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