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MADRES VEMOS Y CORAZONES NO SABEMOS

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Cada 10 de mayo, reconocemos y solemos admirar a aquellas mujeres quienes dedican parte de su vida por no decir que su vida entera con mucha dedicación y entrega a esos seres que de alguna u otra manera solemos darles casi siempre un dolor de cabeza, me refiero a nosotrxs: lxs hijxs!!!.

Una madre “común”, tiende a estar al pendiente de sus hijos, mediante el afecto o regaño,  ellas buscan el bienestar, ven  y procuran que no les falte nada a sus hijos, buscan el sustento familiar, se desvelan, en muchas de las ocasiones se quedan sin comer, y si no cuentan con su pareja, las tareas se duplican así como el cansancio en todas éstas.

Ahora bien, al hablar de madres con hijos con alguna discapacidad, la situación se torna más crítica y compleja, el esfuerzo se duplica por todo lo que la discapacidad implica, En México, el nacimiento de un niño con discapacidad supone dos caminos para su madre: transitar, en compañía del padre, por un tortuoso camino para integrarse como familia a una sociedad que no está diseñada para atender a esa población, o hacer eso mismo, pero sola. Generalmente en las familias con integrantes con una discapacidad, mujeres que viven la experiencia del cáncer, enfermedades crónicas, etc; suelen combatir todo esto solas, es decir, las parejas de todas ellas tienden a alejarse al escuchar el diagnóstico o después de un tiempo al vivir tales experiencias, lo cual, las lleva a buscar alternativas para cómo poder mínimamente compaginar su vida familiar, laboral en donde la vida social se excluye de ellas, las madres deben hacerse cargo no sólo del hijo con discapacidad, sino de la familia entera”.

En México y San Cristóbal de Las Casas, no están claras las rutas a seguir. Cuando una familia se enfrenta al nacimiento de un niñx con discapacidad, empieza un peregrinar, que la mayoría de las veces es muy tortuoso, ya que implica gastos y un desgaste emocional, lo cual afecta a la pareja porque las rutas no están claras. No hay cómo decir: detectamos la discapacidad y se debe atender aquí o allá; cuando encuentran algo es después de mil vueltas”.

Se puede dividir a los padres y madres de hijos con discapacidad en dos grupos: los que abandonan a sus hijxs cuando saben que tienen alguna discapacidad y los que no lxs abandonan, pero reaccionan diferente ante esa situación. “Están aquellas familias que lo toman con el dolor correspondiente, lo procesan y luego empiezan el trabajo de formación de un ser humano independiente que pueda valerse por sí mismo, lo cual implica asumir jornadas adicionales de rehabilitación y preparación para convivir en un mundo que difícilmente contempla a la población con discapacidad; y por el otro, los que nunca se sobreponen, que son padres agotados que no se permiten enfermarse, mucho menos morirse.

Por ejemplo, Rosario trabajó hasta que enfermó de cáncer y murió. Jaime tenía 19 años, a ella no le asustaba tanto la muerte como “abandonar a su gordo”. Ahora, a sus 32 años, Jaime vive con sus tías, hermanas de su mamá, quienes se encargan de que reciba la atención médica que requiere.

Aparejado con el alto costo emocional y físico que representa para las madres atender a un hijo con discapacidad, está el costo económico. “La discapacidad empobrece no sólo a la persona, sino a la familia, y la pobreza, a su vez, discapacita. Prueba de ello es que 80 por ciento de la población con discapacidad en el mundo vive en países en situación de pobreza, y eso se debe a la falta de  trabajo. Eso tiene un efecto directo en la economía del país- Generalmente, las madres no pueden  buscar o tomar la responsabilidad de un trabajo, ya que el dilema hace su aparición cuando la pregunta llega: ¿Quién cuidará de mi hijo?, o en su defecto, tomar dicho trabajo con una remuneración mínima que no contempla el pago de un tercero. El estilo de vida, en las que muchas madres en situación de discapacidad se encuentra a nivel nacional, estatal y local, comienza a ser un factor de vulnerabilidad y de riesgo en tanto que las coloca en situaciones desventajosas económica, laboral, social y personal al resto de otras mujeres.

A nivel social es necesario implementar y poner en acción las políticas públicas que protegen y realzan los Derechos Humanos, laborales, de recreación- esparcimiento y de asistencia tanto a las madres como a los hijos que viven experiencias de vulnerabilidad y discapacidad.

Y a nivel familiar y personal de las madres, buscar la reflexión y la toma de conciencia de la importancia del cuidado que ellas deben tener y mantener puesto que sin este cuidado, el estar con el otro y este otro (el hijo) se torna aún más complicado, por esto, se menciona que para cuidar al otro, primero deben cuidarse ellas mismas, autovalorarse y dotarse de las herramientas necesarias para continuar y luchar contra una sociedad hostil aún no preparado para la diversidad.

En este sentido, desde mi labor que vengo realizando hacia las personas con discapacidad y de sus familias, se denota la importancia de formar grupos de contención y de un acompañamiento psicológico-emocional, que les permita desahogarse, expresar sus necesidades, ¿y por qué no? De apoyarlas en los diversos ámbitos que conforman la vida si nuestras posibilidades nos lo permite. Por ello, cada semana, atendemos a “familias y en particular a madres que viven experiencias de discapacidad”, para proveer a las madres de ese sustento y-o estrategias que les permita reconocer sus necesidades e importancia para estar consigo mismas y con sus hijos. En tanto que el Estado adopte una posición de acción hacia este sector de la población que cada vez más va en aumento.

Revista Enheduanna

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