Foto: Patricia Montesinos/ Revista Enheduanna.

«La entrevista: el duelo de las inteligencias»

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Este miércoles 28 de Octubre, dentro de la Feria Internacional del Libro de la Universidad Autónoma de Chiapas se realizó la presentación del libro “Entrevista periodística en 15 lecciones” del doctor Sarelly Martínez, quien se ha dedicado a documentar la historia de periodismo en Chiapas y analizar el ejercicio de la práctica.

La presentación la realizaron las maestras de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación de la Unach, Angeles Mariscal y María Eugenia Díaz así como el director de posgrado de la universidad, Franco Escamirosa y el propio autor.

Durante la presentación, Sarelly Martínez se dirigió siempre en femenino cuando hablaba de quienes realizan la entrevista. “Las entrevistadoras, las comunicadoras, las periodistas” señalaba de manera recurrente. Me llamo la atención porque, aunque se ha hecho –afortunadamente- cada vez más común la inclusión de género en el lenguaje, es tal vez la primera vez que escucho en la presentación de un libro que el autor se refiera sólo en femenino.

Ángeles Mariscal resaltó, durante la presentación, el rescate que hace Sarelly en el libro del trabajo de las mujeres periodistas.

Después de la presentación estuvimos por varias horas conversando con Sarelly Martínez, Ángeles Mariscal e Isaín Mandujano, cuatro periodistas reunidos no pueden hablar más que de periodismo. Espero y pronto vean-veamos materializado en entrevistas colectivas a diferentes personajes de Chiapas la plática que tuvimos ayer.

A pesar de la extensa conversación debo de confesar que se me  paso preguntarle al doctor Sarelly  sobre su presentación. Cuando llegué a casa empecé a leer el libro y me di cuenta que todo el texto tiene un claro esfuerzo de nombrar a las personas que hacen entrevistas periodísticas en femenino y la mayoría de los ejemplos de entrevistas, anécdotas y citas son de mujeres que han dedicado su vida profesional al ejercicio periodístico.

“Prefiero hablar de entrevistadoras, en homenaje a las mujeres periodistas, porque sin ellas sería incomprensible la entrevista al contar con un don especial de la curiosidad y la habilidad, extraviada en estos tiempos, de saber escuchar. La entrevista pertenece, además, al género femenino y, por si fuera poco, las mejores entrevistadoras en los últimos 50 años son mujeres: Oriana Fallaci, Elena Ponitowska y Rosa Montero, por citar solo un trío imprescindible” explica el autor en la introducción del libro.

Aunque su explicación me parecía muy clara terminé preguntándole, directamente, de su decisión sobre su forma de redactar el libro.

Me soltó cinco razones en menos de tres minutos: “Porque siempre escriben en masculino. Admiro a entrevistadoras no a entrevistadores. Jamás he leído antologías de entrevistas de hombres, sólo de mujeres. Mis estudiantes son mayoritariamente mujeres. Es un género que lo han trabajado mejor las mujeres que los hombres. No tengo a ningún entrevistador preferido en cambio sí a muchas entrevistadoras”.

La mayoría de periodistas, al menos en Chiapas, somos mujeres, lamentablemente, habemos pocas en puestos de decisión o haciendo opinión. Veo con mucho agrado que los medios digitales están rompiendo un poco eso, muestra de ello: Revista Enheduanna, Chiapas Paralelo, Tierra de Todas, La Vía Libre, en donde hay mujeres periodistas decidiendo la línea editorial de esos medios, y se nota.

La visión de las mujeres en los medios de comunicación desde una perspectiva de género es sumamente importante para cambiar imaginarios sociales. Algo por lo que siempre hemos pugnado las mujeres es porque se escuche nuestra palabra, que mayor manera de hacer esto posible, que el ejercicio del periodismo.

La entrevista es un género periodístico, señala Sarelly,  que la mujer lo expropió, la perfeccionó y lo practicó con elegancia. “Vemos por eso a mujeres afanadas por encontrar la verdad, y en el otro extremo, a hombres solapados, reacios a contar realmente lo que saben, es más, empeñados a ocultar la verdad. De ese lado están los políticos: particularmente apocados, interesados en llevar confusión más que luz a las oscuras estancias del poder”.

Se va más allá y habla del miedo que muchas veces sentimos las entrevistadoras; pero dice bien al decir que no es un miedo paralizador. “Al contrario, permite a la entrevistadora (…) poner en juego todas las estrategias, habilidades y herramientas que ha aprendido a lo largo de su vida. El miedo se convierte en un aliado, pero para controlarlo, la entrevistadora debe conocer los secretos de este género periodístico”.

El  libro es una lectura obligada para cualquier estudiante de periodismo y para quienes nos dedicamos a este oficio. Una herramienta para quienes intentamos enseñar este género. Un buen recorrido para el lector-lectora que le guste la entrevista.

Y si eso no fuera suficiente, este texto es en Chiapas tal vez el primer esfuerzo reflejado en un libro de romper paradigmas del lenguaje, de reconocer el trabajo de las otras, de visibilizar la labor de las mujeres periodistas. Hay que celebrar su existencia.

 

 

 

Revista Enheduanna

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