moño rosa

La enfermedad olvidada de Norma: Cáncer de mama

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Fue el tercer día de un recorrido que duró más de una semana por la zona norte de Chiapas. Con mi compañera de trabajo esperábamos algún transporte que nos llevara al municipio de Pantepec. En nuestro imaginario en algún momento iba a pasar por la carretera un camión o un taxi, después de un rato nos dimos cuenta que el único transporte posible en ese lugar eran camionetas de redilas.

En esa camioneta conocí a Norma, que a primera vista parecía una mujer de 50 años; pero apenas tenía 36. Iba con dos de sus hijos. Platicaba en voz baja con otra mujer que me di cuenta que era su pariente. Le decía que ya no había nada que hacer, que para recibir tratamiento tenía que irse a Tuxtla y eso era imposible.

Terminé de saber la historia porque nos tocó caminar con Norma por más de una hora para llegar a una comunidad que ahora no recuerdo con exactitud si se llamaba “Tierra Verde o Tierra colorada”. Bien se pudo haber llamado Tierra Olvidada porque eso parece ese sitio donde habrá como 15 casas dispersas, todas ellas de una sola pieza y sin piso firme. La escuela más cercana la habíamos dejado muy atrás y la clínica de salud aún más lejos.

Esa comunidad, para que tengan una idea, está más lejos que San Isidro Las Banderas, ese lugar que en el 2003 se hundió y dejó bajo tierra más de 20 viviendas.

En ese sitio vivía Norma con los siete hijos que ya había parido a los 36 años y Alfonso, su esposo. Cuando la conocí estaba, prácticamente, desahuciada, no tanto por la enfermedad -me hizo suponer que tenía cáncer de mama- si no por su condición de pobreza y de género.

Norma no tenía muy claro que tenía o no quería decírnoslo. Fui armando la historia en mi cabeza con los pedazos que ella contaba. Nunca nos dijo con certeza que era cáncer de mama –al menos no con ese nombre-. De eso mismo falleció su hermana, cuando ella se dio cuenta que tenía lo mismo se dispuso a morir. Fue una vez con el médico que estaba en Pantepec y la remitió, directamente, al hospital regional de Tuxtla. Ni siquiera intentó ir.

Para viajar a Tuxtla tenía que tener el permiso de su esposo; conseguir el dinero para el transporte y lo que se pudiera necesitar;  ver quién pudiera hacerse cargo de sus hijos y la casa en su ausencia; y buscar alguna acompañante. Lo mismo le sucedió a su hermana.

Cada vez que un político o política se cuelga un moño rosa en el mes de Octubre, en señal de unirse al menos simbólicamente a la lucha contra el cáncer de mama, recuerdo a Norma. Me viene a la mente su cara de dolor y de resignación ante la muerte. Recuerdo el vaso de aluminio lleno de agua que nos dio después de una larga caminata, que ella hacía al menos una vez por semana.

No es que yo no esté a favor de los simbolismos, creo en muchos de ellos, pero cuando lo utilizan como mera retórica todo se va al vacío. Cuando se cuelgan un moño rosa y no son capaces de aprobar más presupuesto para la salud de las mujeres; cuando hablan de prevenir el cáncer de mama, pero lo hacen sin tomar en cuenta las condiciones de género de las mujeres; cuando se cuelgan un moño rosa, pero son ciegos y no ven las desigualdades sociales; cuando sucede eso es que pienso que a Norma, ahora, de nada le sirve un moño rosa.

Las desigualdades de género limitan la capacidad de las mujeres para proteger su salud. Tocarse está mal, conocer su cuerpo es cuestionado, cuidarse ella y no a la familia es condenado por la sociedad, aún en estas fecha para ir a una consulta médica muchas mujeres necesitan el permiso del “hombre de la casa”.

Cuando hablamos del derecho de las mujeres a decidir sobre nuestro propio cuerpo, hablamos también de estas situaciones. De poder determinar de manera informada qué tratamiento médico recibir; el poder anteponer, libre de prejuicios, nuestra salud a cualquier rol tradicional de género.

He comprobado lo decidiosas que podemos llegar a ser las mujeres con nuestra propia salud. Anteponemos, muchas veces, el bienestar de otras personas al nuestro.

Nuestra salud es un asunto, meramente, personal. No se lo podemos dejar a nadie más. El primer acto de emancipación de cualquier mujer debe de ser ese, hacerse cargo de su propio cuerpo.

Si usted tiene la posibilidad de leer este texto es porque tiene la oportunidad de tener internet y por lo tanto, quiero pensar, también de hacerse un estudio de mama en alguna institución pública o privada. Hágaselo. Si necesita todavía hacerlo por alguien más que no sea usted, hágalo por Norma que no tuvo ni siquiera la oportunidad de tener un diagnóstico sobre su enfermedad.

Revista Enheduanna

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One Response to La enfermedad olvidada de Norma: Cáncer de mama

  1. Francisco Laborde Leon 20 octubre, 2015 at 8:01 am #

    El caso de Norma se repite todos los días en todo el país, pero lo más triste es que también vemos cuadros similares en mujeres de la cuidad, con escolaridad y condicion social más favorable. Existe gran desinformación al respecto del tema a pesar de ser el cáncer femenino con mayor incidencia en la actualidad, y no sólo por parte de la sociedad en general sino de los propios médicos y de los que deciden las políticas públicas al respecto.

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