poesia

La literatura en la época invernal

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Debido a la temporada invernal que nos acecha en la República Mexicana, que ha provocado que en varias ciudades haya descendido la temperatura, me he permitido compartir algunos textos poéticos y narrativos donde el tema principal es el invierno, el frío.

Estos fragmentos son como un estímulo para que lxs lectorxs interesadxs busquen un ejemplar de los autorxs que presento.

Que cada palabra transmitida desde esta plataforma digital, le sirva como cobija a sus almas. ¡Disfrútenla!

«En la dura noche cerrada

o en la húmeda mañana tierna,

sea invierno, sea verano,

esté dormida, esté despierta,

aquí estoy si acaso me ven,

y lo mismo sino me vieran,

queriendo que abra aquel umbral

y me conozca aquella puerta…»

Fantasma, del libro: Desolación, Ternura, Tala, Lagar. Editorial Porrúa 1981, de la Premio Nobel de Literatura (1947) Gabriela Mistral.

«La niebla es un ángel sin rostro que toma un cálamo de leche y escribe en nuestro insomnio los limpios sueños de una roja meretriz que tatúa el invierno y el silencio con la sal de sus pezones».

Del libro Iceberg Negro de Balam Rodrigo -merecedor del Premio Internacional «Jaime Sabines» 2014- editado por Atrasalante, Coneculta-Chiapas, Conaculta y Gobierno del Estado, 2015.

«Desde los lagos interiores

hasta las tierras medidas

de un invierno que no conoce la nieve

para tu deleiten vienen, a lomo de

camello,

grandes bloques con peces congelados».

Del libro «Hoja de plata» de la poeta chiapaneca Elva Macías, editado por la Secretaría de Educación. Entre sus premios se encuentra el Premio de Poesía «Carlos Pellicer», por obra publicada 1994, por su libro “Ciudad contra el cielo”.

«La nieve es una mano fría

abrazando los árboles

y es un cobertor extendido en el corazón de la tierra», «Debajo de la luna»

Del libro «Rituales al silencio y a la nieve», del investigador y poeta Enrique Hidalgo Mellanes, publicado por el ITAC a través del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, Conaculta, Coneculta-Chiapas y Gobierno del Estado, 2015.

«Padecía de insomnio el cabalista y despertaba aún antes del amanecer. Cada sonido de la nunca silenciosa noche era eco insoportable en su cerebro. En su imaginación era peor: obsesiones, terrores, remordimientos. Los recuerdos que regresan con el pesado plomo de la falta insistente, de la equivocación redonda, del balbuceo sordo…». Fragmento del cuento «La vela encendida», de «Narrativa Relativa Antología Personal», Angélica Muñiz-Huberman, doctora en letras por la UNAM. Ha recibido los premios Magda Donato, Xavier Villarutia y Fernando Jeno. Editado por Lecturas Mexicanas (Conaculta) 1992.

«Cuando contemplo tu cuerpo

sobre la nieve de un sueño extendido

como un río que no acabara nunca de pasar

como un claro espejo donde las aves cantan

dónde es un gozo sentir cómo amanece el día

Cuando miro tus ojos

profunda vida que me llama

canción de un mundo que sólo atino a vislumbrar…»

«Escapa y luego vuelve», del libro de poesía “De lápices romos», de Adolfo Ruiseñor, editado por Conaculta, Coneculta-Chiapas, ITAC a través del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez y Gobierno del Estado, 2015.

«Un vaho me suprime

en las cuatro esquinas

de la ciudad que habito,

espejo quebrado.

La ciudad que habito

no tiene calendarios;

aquí todos los días son domingo,

no hay nada que la salve.

 

Es el alfiler utilizado en el embrujo,

espina sangrante,

llaga presionada.

Toda complacidad termina en la ciudad que habitamos.

No necesitamos planos,

a falta de relieves

y sobre saltos.

Todos los meses son Julio

y el total de sus noches el inverno».

Del libro poético «Trozos de azogue» (Poemas reunidos), de Matza Maranto, editado por Artepoética press, 2013.

«7 de noviembre de 1921.

Ni una línea tuya y el frío no ceja en su interno de congerlarnos. Se inicia un inverno crudísimo y me recuerdo a otro que tú y yo no quisiéramos olvidar. ¡Hasta tú abandonabas la tela para ir en busca de combustible! ¿Recuerdas cómo los Sverini llevaron su carrito de mano desde Montparnasse hasta más allá de la barrera de Montrouge donde consiguieron medio saco de carbón?»

Del libro «Querido Diego te abraza Quiela», de Elena Poniatowska.

Revista Enheduanna

 

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