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DE SUSTOS Y CONTRARIEDADES

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Por: Karla Gómez

“El miedo, nos avisa de los peligros en el camino de la vida, nos cuida para evitar lastimarnos innecesariamente y nos da valentía para continuar”, eso dice el hipnoterapeuta Rafael Núñez Ortiz, en su libro ¿Por qué siento lo que siento?, 2ª Edición, diciembre 2014, Editorial de la Sociedad Mexicana de Hipnosis.

Sin embargo, hay un miedo a lo desconocido, a aquello que al no ser materia visible se apodera de nuestros pensamientos: lo sobrenatural. Dentro de la escala de miedo, que va de lo mínimo, medio y máximo, de acuerdo a nuestro contexto y costumbres heredadas será la escala que manejemos.

En el marco del Día de los Muertos, las almas nos visitan del tsuan, “para los zoques la muerte es el seguimiento del camino, es la cueva, es la noche, es el tsuan. Dentro de las cuevas existen velas que iluminan nuestro camino, así como las estrellas nos alumbran en la noche. En el tsuan seguimos viviendo y compartimos la alegría con todos los que ahí se encuentran”, comenta el cronista zoque Sergio de la Cruz.

Las almas en estos días, conviven paralelamente con nuestra realidad. Pero algunos temen que les jalen los pies o piensan que verá a un fiel difunto en su hogar. Parte de los miedos fueron heredados a través de la comunicación oral, donde en temporada de lluvia, cuando los suministros eléctricos dejaban de funcionar, los integrantes de la familia y vecinos, se reunían acompañados de velas y/o veladoras, y esforzaban la vista donde la imagen que miraban pasaba de borrosa a nítida en un segundo, mientras se rodeaban del aroma de café de tortilla quemada y del canto de los grillos y sapos.

Quienes escuchaban las leyendas trataban de controlar el ritmo cardiaco, ya que las historias que se abordaban era sobre El Sombrerón, La Mala Mujer, La Llorona, por mencionar algunas. El cuerpo de los oyentes se ponía pesado y un río frío recorría cada parte de su piel.

“La comunicación se ha convertido en una especie de término baúl”, comenta (Sara Trenhol 1991), ya que a través de la comunicación con una o dos oraciones se puede viajar e imaginar.

“El empezó a secarse (enflaquecerse)” -decía la vecina-ya que por bolo (borracho), La Mala Mujer lo perdió en la entrada de San Fernando. Era una mujer muy chula. Él acaba de salir de un bautizo, su mujer no quiso acompañarlo, ya que no le gusta ver tomar a su pareja. Pasaba de la medianoche, y Pancho estaba bolo pero tenía recontento el corazón, porque esa reunión le permitió ver a sus parientes lejanos.

Caminó hacia la 5ª Norte y 4ª Poniente, ahí la muchacha chula le hacía señas, y él lo siguió. Alrededor de las 4:00 horas se percató que la dirección que transitaba no era su casa, por lo que escuchó cómo la chula le decía su nombre ‘Pancho, Pancho, sígueme’ . Sintió miedo, que hasta ganas de orinar le dio, por lo que al percatarse que la chula era un espanto se dio la vuelta.

Al regresar a su casa le contó a su esposa lo que vivió y Matilde no dejaba de reírse, ya que le dijo que esa experiencia que tuvo fue para que se le quite lo bolo.

El cronista José Luis Castro Aguilar, en su libro Bosquejo Histórico de Tuxtla Gutiérrez, 1ª Edición 2014, Historia Herencia Mexicana Editorial, informa sobre los síntomas y curación de espanto de esta ciudad capital.

“El espanto es una enfermedad causada por un susto que provoca varios padecimientos, como adelgazamiento, depresión, diarrea, dolor de cabeza, escalofríos, fiebres, etc; ya que fueron espantadas por el rayo, la lluvia, temblor; o un gato, perro, duende, La Llorona, etc, por lo que los malestares son físico, psicoemocional, así como una ‘pérdida’ del alma”.

Menciona José Luis Castro Aguilar que los curanderos dicen que el susto se enraiza en el cuerpo, en el corazón y el estómago. Además de que se sufre de la pérdida o extravío del alma o animá en zoque, por lo que los curanderos zoques tenían que atenderlos para que no se los tragara la tierra.

Por ello, el espantado tenía que dejar que le hicieran sus limpias de nueve días con albahaca o huevos de gallina de rancho -depende del remedio que dé el curandero -recuperaba su alma, espíritu y bienestar en la salud.

Hoy en día, esta ciudad ha crecido, ya no hay tanto monte para que se escondan los espantos, por lo que más probable es que en nuestras casas habiten los espíritus y nosotros apliquemos la táctica del señor Otis, en el cuento “El Fantasma de Canterville” de Oscar Wilde, quien ignoraba junto a su familia a estos seres y los hacían sentir indignos.

En esta actualidad la persona “viva”, es a quien más miedo se le puede tener porque matan, traicionan, roban, y son los responsables de provocar temblores en nuestra vida y nos vuelven desconfiadxs a nuestrxs prójimxs.

Revista Enheduanna

 

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