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De jardinería y el asombro de redescubrir  

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Entonces, escribo

 Por Damaris Disner

 Compré dos bromelias. Ignoro cuánto durarán en mi jardín. Sé tan poco de ellas como del afán por autosabotearme. Hace tiempo dejé de ver las plantas que adornan el espacio que destiné para escribir. Otras personas las regaban. Pero llegaron las bromelias y me dejaron ver a las demás plantas.

Platicaba con un amigo que suelo ser experta en el autosabotearme. Hace años recibí la propuesta de que me publicaran un libro en una importante editorial nacional y lo dejé pasar. La desidia, la falta de confianza, el problema con el merecimiento. Me cuesta recibir.

Cuando vi las bromelias, afuera de un centro comercial, dudé en comprar una o dos. En ese momento no sabía cómo se llamaban, sólo ver el colorido sentí gozo. Me decidí por el par como un homenaje a todas las veces que me he negado algo que me gusta

Las bromelias son generosas. En su base tienen una especie de hojas que se forman como si fueran la raíz de la piña, llamada cáliz, donde se acumula el agua, ahí llegan insectos a beber. Cuando se mueren, se nutren de ellos. Algunas personas son como las bromelias. Pueden, en apariencia, alimentarte hasta ahogarte.

Esas plantas exóticas, que pueden crecer en una roca, han vuelto visible mi jardín. De un día para otro adquirió un tono verde intenso. Me regalaron, hace meses, una planta que se le conoce como mala madre porque suelta a sus hijos, que crecen a granel. Les retiré las hojas secas, les hablé, les prometí cuidarlas. Hasta Pamela, la cuna de Moisés que lleva conmigo más de 16 años y ha sobrevivido a tres mudanzas, la olvidé.

A ellas, de nobleza ancestral, les bastaron dos días para reverdecer. Arreglar mi jardín ha sido más que terapéutico. Me ha permitido reconciliarme con el gozo de tocar la tierra, de valorar lo que con mis manos sembré.

Durante el ˝Seminario Producción de Conocimiento desde el teatro: teoría y praxis del Artista-investigador˝, de la Universidad Autónoma de México, que cursé de manera virtual, nos compartieron un ensayo luminoso El tiempo y el teatro del dramaturgo y director argentino, Mauricio Kartun; lo recordé al momento de cuidar mi jardín.

 

El texto te atrapa desde sus primeras líneas, alejado del formalismo, nos habla de la experiencia de Kartun con palabras cotidianas pero emotivas, viscerales, profundas, místicas. Imposible no imaginarnos la escena del celular que suena y suena, mientras el actor deja de ser personaje para encarar al espectador. Hay un impulso de ponerse de pie, de aplaudir. ¿A quién no le ha pasado esos flashazos de fastidio?

Y en el acto mágico de las palabras, bien hilvanadas, Kartun nos pasea desde tiempos inmemoriables hasta la actualidad, deteniéndonos en el libro que nos invita a leer El aroma del tiempo, de Byung-Chul Han, donde cita “quien intenta vivir con más rapidez termina muriendo más rápido”. Y una no puede dejar de pensar en dónde encontrar ese libro y que estamos en tiempo de pandemia.

Pero Kartun sabe volvernos a la esperanza. Nos reconstruye al decir que “recuperamos equilibrio con el regreso al tiempo manual. Al nuestro. A la manufactura, a la mampostería, a la tracción a sangre, al paso”.

 Quien también se autodefine como jardinero, afirma que el antídoto al “mareo de la aceleración” es meter las manos en la tierra. “La jardinería cobra hoy de pronto una metafísica que antes no tenía. Dice y hace otra cosa”. Compara el proceso creativo de escribir y dirigir una obra con el de la jardinería. Doce meses es lo que dedica a cada etapa “por el gusto de hacerlo y con el sueño de ver la flor˝.

Para continuar con los comparativos entre jardinería y teatro, Kartun sentencia que “también el teatro tiene hoy una metafísica que antes no tenía. Él también dice y hace hoy otra cosa. Y ahí está el secreto de su supervivencia. De su eternidad, apuesto. Restituir˝. Eso hizo la llegada de las bromelias a mi jardín.

“El teatro es el humus de la cultura˝, es una poderosa premisa. “Una masa de ese polvo volátil del tiempo contemporáneo, pero húmedo, sólido, gordo y fecundo. Y su flor -el espectáculo-, tan fugaz y delicado como ella. Arte del tiempo.”

Lo prodigioso del teatro, dice Kartun, es que ´´te tome, te con-mueva y te transforme´´. Agregaría que todo aquello que le prestas atención puedes dotarlo de esa cualidad, si será beneficioso o no, depende de la intención con que lo dirijas.

Intenta hacer una lista de lo que disfrutas hacer, ¿cuántas veces al día, a la semana, al mes, al año lo realizas? Antes de comprar un artículo nuevo verifica si en tu casa hay algo que lo pueda suplir igual o mejor, en utilidad. Siempre hay una oportunidad de ver con asombro lo que te has acostumbrado a tener. De eso trata la vida. Ejercitar la mirada para hallar poesía aún en los días grises. Es tiempo de regresar a contactar con la madre tierra y honrarla. De ella germina todo lo que nos sana. Además, lo que adquieras, antes de pasarlo por agua y jabón o alcohol, aprécialo como la oportunidad para revalorar lo que ya posees. Renovarse es una oportunidad latente siempre.

 

Damaris Disner es escritora y periodista cultural. Imparte los talleres de escritura-terapia ˝Entonces, escribo˝ y ˝Desde el tejado de la infancia˝. Dirige, desde hace siete años, el espacio multidisciplinario independiente ˝Galería Rodolfo Disner˝. Contacto: disner03@hotmail.com.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revista Enheduanna

 

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