EN SILLA DE RUEDAS compuesta

¡CARAS VEMOS, AUTOESTIMA NO SABEMOS!

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Por: Elizabeth Patricia Pérez*

Uno de los elementos imprescindibles para procurar la salud mental de las personas es lo que todos conocemos y pocos reconocemos su importancia para nuestro desarrollo humano, es lo que llamamos autoestima. el concepto de autoestima, lo escuchamos en diversos modos, y quizá ésta palabra suele ser trillado por lo común que puede llegar a parecernos, sin embargo, en la profundidad de tal concepto se encierra un gran trampolín para asumirnos  como personas plenas y capaces de aceptarnos con nuestras capacidades e incapacidades, o simplemente para refundirnos en el peor de los laberintos psicológicos que pueden conducirnos al estancamiento, por eso, en estas líneas pretendo describir ¿cómo llegar a este autoreconocimiento?

La autoestima, entendida como la autovaloración, la reflexionaremos desde los siguientes elementos imprescindibles:

La v, que implica el reconocimiento verdadero, el de asumirme tal como soy, y no como los demás quisieran que fuera, aceptándonos con nuestras capacidades y aún más desde nuestras incapacidades, el hecho de valorarnos sin hacernos chiquitos ante los otros por aquellas cuestiones que no las sabemos, porque si bien, podemos ser torpes en algunas cosas y en otras no, y en estas cosas en las que suelo ser torpe, pues es asumirlo y decir, ¡hago torpezas!!!! y no por ello, ¡no me dejo de querer!, asumirnos que somos quienes somos, subyace a tener conciencia y claridad en qué queremos o no cambiar, si es que lo deseamos, y si no simplemente valorarnos desde nuestras deficiencias y habilidades.

la a, que implica la autonomía, AUTÓNOMO evoca el concepto de libertad, en este  caso no exactamente la libertad de acción. Si se analiza la etimología de la palabra, vamos a ver que este término viene de ese mismo prefijo auto y de nomo, que no viene de nombre ni de nómina; significa norma. De esta manera, autónomo es aquel que es capaz de fijar sus propias normas, aquel que decide por sí mismo qué es bueno y qué es malo para sí. Para ser más específica, alguien que no anda preguntándole al mundo: “Hice esto, ¿está bien? Hice aquello, ¿está mal?”, si por cada acción o pensamiento estuviésemos preguntando a medio mundo, nuestra capacidad de responsabilidad y decisión se reduciría a puras percepciones de los otros.

La letra “L” nos habla de límites, ya que la palabra limitante tiene, por lo menos dos significados. El primero, vinculado a la idea de establecer claramente un territorio, un sector, una frontera que delimita una zona privada. El segundo significado, relacionado con la concepción de vecindad que hace que estos límites sean necesarios. Ser limitante es sentirse respetable. ¿Qué quiere decir esto? Darse a uno mismo un lugar y establecer desde allí el respeto de los demás. Debo establecer los límites del espacio que ocupo, debo defender que hay lugares reales (mi cuarto, mi estudio, mi cajón del escritorio, mi correspondencia, mis bolsillos) y lugares virtuales (mi vida, mi historia, mis emociones, mi relación con mi familia, mi ideología, mis proyectos, mi fe) que me pertenecen con exclusividad.

La palabra siguiente empieza con la letra “O”, y no precisar bien su sentido puede ser motivo de conflicto. Porque, mal interpretada, es una palabra que puede llevar una carga negativa; sin embargo, bien interpretada es una palabra fuerte y poderosa. Hablo de la palabra orgullo.

Para que mi autoestima esté preservada, hace falta que yo me sienta orgullosa de ser quien soy, que me sienta verdaderamente contenta y conforme conmigo. Dicho de otra manera, autoestima implica ser capaz de tamaña aceptación de mí mismo que no sólo acepte yo mis virtudes y mis defectos, sino que, además, pueda sentirme orgullosa de éstos y de aquéllos.

Repito, ser consciente de las propias incapacidades no basta, yo hablo de sentirse orgulloso de tenerlas, de alegrarse de ser la sumatoria y combinación de las capacidades e incapacidades decada uno.

Y por último, la “R”, la letra que nos conecta con el recibir, porque parte de la autoestima significa saberse tan digno de recibir, como para permitirse aceptar de la vida lo que ésta nos concede. Autoestima significa asumirse merecedor pleno de todo lo bueno que nos sucede, aceptar de buen grado los regalos, los halagos, las caricias, la presencia y, sobre todo, el reconocimiento de quienes nos rodean.

CON EL BASTÓN

Fotografías: Elizabeth Patricia Pérez

 

En suma, tener una buena autoestima —definida en relación a la palabra valor, cuyas letras han ido sirviendo como iniciales de otros conceptos— significa ser verdaderamente quien soy, autónomo, capaz de poner límites, orgulloso de ser quien soy y, por último, absolutamente abierto recibir del universo lo que me he ganado.

Y con todo lo ya mencionado sería ¿Cómo llegar a tener una buena o alta autoestima?, en nuestra etapa de niñez, somos como una esponjita que vamos recibiendo y absorbiendo todo lo que nos dan, y en este dar, es el círculo familiar quien nos comienza a dar nuestras bases de autoVALORación.

La mejor manera es haber tenido la suerte de tener padres que enseñen esto. Y aquí el factor que más influye es el azar, pese a que hay quienes dicen que uno elige ser el hijo de los padres que tiene, yo no creo que sea así; para mí es azaroso, son los padres que nos tocaron, más iluminados, menos iluminados, peores, mejores, más torpes, menos torpes, no importa, y tenemos que aprender a vivir con ellos. Seguramente, cada uno de nosotros tiene mucho para aprender de cualquier padre que le haya tocado, aunque más no sea qué no hay que hacer. Como le digo siempre a los jóvenes: “Tú tienes mucho para aprender de tus padres, si no te gusta como son aunque sea aprende cómo hacer para no llegar a ser como ellos”. Esto también es parte del aprendizaje.

La estructura de la personalidad no determina la calidad de la autoestima, y el hecho de haberse desarrollado en un sistema familiar no favorable, tampoco eso determina en su totalidad el grado de autoestima, puesto que las maneras de pensar, sentir, y actuar ante uno mismo y ante los demás influyen en cierto grado. En tanto que es muy distinto nuestra estructura de personalidad a la manera de como actuamos, ante lo que vivimos, aquí, el hábito también constituye un gran elemento para la autoestima.

Los hábitos —que son maneras de comportarse en la vida— afortunadamente se pueden cambiar siempre, por lo menos hasta un minuto antes de morirse. Lo cual no implica que lo que se pueda cambiar sea la estructura de personalidad, porque después de todo, la estructura de personalidad es un diagnóstico, un nombre difícil escrito en un papel. Por ejemplo, lo que a mí debería importarme no es saber si voy a conseguir dejar de ser una melancólica con defensas histéricas, sino saber si voy a poder modificar —por supuesto, si está en mi deseo hacerlo— mi conducta o mi actuación con los otros, o mi manera de ser en el mundo.

Y éste es el cambio significativo. Porque cuando dos personas se encuentran, la influencia mutua sucede desde sus maneras de ser, no desde su estructura.

Es probable que muchos de nosotros no hayamos recibido de nuestros padres suficiente valoración, aceptación, autonomía, respeto, orgullo o reconocimiento. Hay que considerar que, muchas veces, los padres están ocupados en cosas importantes. Esto no es una ironía, están ocupados, por ejemplo, en buscar dinero para darnos de comer u otras cuestiones, y quizás simplemente porque no les importamos (sólo ellos lo saben o lo supieron), y por este motivo descuidan algunos de aquellos aspectos. Esto es entendible, aunque muchas veces no nos alcance con la comprensión, pero entonces no nos dieron ese reconocimiento, ¿estamos perdidos? Si la autoestima depende, en principio, del cuidado y de la valoración de nuestros padres, parecería que, si ellos nos descuidaron en ese sentido, realmente estamos perdidos. Y no, no lo estamos —y ahora contesto la pregunta: porque si uno noha recibido ese mensaje, puede aprenderlo más adelante, de manera que aquel aprendizaje que no se hizo en la infancia, puede y debe realizarse después. Es más, no hay ningún problema en que así sea, eso  sí, voy a tener que ser yo la que busque los lugares dónde encontrarme valiosa, aceptada, autónoma, respetada, orgullosa y reconocida, para poder adquirir, a partir de allí, la concienciade mi propio valor.

Los grupos de autogestión o de autoayuda sirven mucho en este sentido; son una manera de realimentar estos sentimientos, de recibir del grupo lo que puede no estarse recibiendo o no haberse recibido nunca desde el entorno familiar. Un grupo de pertenencia funciona como un gran aportador de valoración, de aceptación, de autonomía, de respeto, de límites en el mejor sentido: el de aquello que nos une y nos diferencia del resto del mundo. Un grupo nos nutre de sensación de orgullo compartido, de respeto y reconocimiento mutuo.

Por otro lado, no hay que confundir la autoestima con el grado de éxito de lo que se hace;

Ser capaz de sentirse orgulloso exclusivamente a partir de lo que uno consigue me parece —a mí, en una idea nefasta. Porque se trata de una idea exitista, que genera el preconcepto de que sólo podría tener la autoestima alta aquel que ha ganado más de un millón de dólares, que ha sido elegido para un puesto o función prestigiosa, que recibe el aplauso de personas destacadas o que participa de esta clase de situaciones. Y no es así, no hay que olvidar que, como su nombre lo indica, éxito viene de exitere  y significa a la salida. Es decir, el éxito se evalúa al final, no en el tránsito. En el tránsito todo es potencialidad. No se puede evaluar con propiedad el éxito de alguien que todavía está vivo, ni tampoco con este preconcepto de lo que es ser exitoso. El  éxito —creo yo— es morirse en el lugar del mundo que uno elija, rodeado por la gente que uno quisiera que esté en ese momento, no  más que eso. Por lo tanto pensar que para poder ser valioso se necesita llegar a determinado lugar, juntar tanta cantidad de dinero, tener tantos hijos y vivir en tal espacio, tener un cuerpo delgado, es una idea equivocada.

En verdad, si la posibilidad de sentirse orgulloso de sí mismo dependiera del éxito, entonces la autoestima sería una ficción, sería sólo vanidad

En este sentido, comenzar a trabajar para elevar nuestro autoestima, o simplemente para reforzar lo que somos y sabemos de lo que somos, hoy te invito a ser simplemente quien eres, desde tu propia conciencia y responsabilidad.

*Sicóloga y facilitadora de talleres en desarrollo humano. Cel: 9671189768

 

 

 

Revista Enheduanna

 

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