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ANA

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ILUSTRACIÓN: KARLA BARAJAS

Ana

Ana, nido vacío empolla muerte,

punza soledad en la vesícula,

arranca sus alas al levantarse,

grazna prejuicios grises en oscuros rincones,

se barre con antidepresivos,

se trapea con agua bendita.

De vista perspicaz y lento vuelo,

las cautivas espiábamos en el hueco oscuro la pupila de la otra.

Rapaces aves con sus garras

arrancaron las puertas,

liberaron los cielos enemigos,

quedaron los lobos en el suelo.

En las esquinas nos refugiamos

en el aleteo contra los barrotes

perdimos las alas.

Escalamos lento a diferentes horas

lengua enredada, espalda abierta,

llegamos al hueco estrecho

el lugar más oscuro en la jaula.

Más allá de ti y de mí

aletea el colibrí frente a un espejo.

Ardió la combustión de mi espinazo

en los omóplatos, las vísceras en el pico,

el ave que extendió las alas

y cerró la jaula.

Que no sería pájara

sería mujer y arpía inquebrantable.

No seré arpía para entender el canto disonante de las mujeres,

para entender mi canto

un nuevo significado

en el callo del omóplato,

treparé al árbol alto con mi lengua y compartiré la tuya.

Revista Enheduanna

 

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