Sandra de los Santos, autora de la columna Otro Modo de Ser.

Afrodescendientes e indígenas somos

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La primera vez que viaje a la Ciudad de México en avión tenía unos 18 años. Iba con mi cabello –rizado- suelto, quienes me conocen físicamente se imaginarán mejor la escena. Iba acompañada de Valeria Valencia –compañera, amiga y ahora hasta comadre-.

Todas las personas que viajaban en el vuelo pasaron las revisiones sin problema. Desde que hacía fila uno de los elementos de seguridad del aeropuerto no me quitaba la vista de encima, veía con gran fijación mi cabello. Cuando me tocó revisión el tipo se enfocó a mi cabeza, el colmo es que metió la mano en mi cabello para revisar sino traía algo.  Aun cerciorándose de que no había nada entre mis “colochos” no me quitó la vista hasta que abordamos el avión.

La anécdota la he contado varias veces y muchas de ellas de manera divertida. Con Valeria Valencia nos reímos mucho de ello durante el vuelo tal vez porque en ese momento no logramos a dimensionar el grado de discriminación que hubo en la acción.

Años después me pasó lo mismo en el aeropuerto de Toluca de una manera más agresiva. Un hombre de migración me detuvo, me preguntó a dónde iba, con quién viajaba, un sinfín de preguntas que a nadie más hizo todo eso viéndome fijamente la cabeza –Si, si, fui otra vez con el cabello suelto-.

Ya bastante molesta con la situación le dije que si pensaba que en mi cabello llevaba drogas me la revisara no se lo dije en tono amable. De manera irónica le dije que si registraba bien se daría cuenta que entre mis “colochos” traía una lavadora, una estufa y un refrigerador, que todo eso cabía ahí. Eso basto para que dejara de acosarme. Además el «tipo» ni me entendió cuando le dije «colochos» ahí descubrí que solo en Chiapas le decimos así al cabello rizado. Saber de qué creyó que le estaba hablando.

Para evitarme una escena semejante trato de amarrarme el cabello cada vez que voy a viajar. Me pregunto si las personas blancas, con el cabello lacio tienen que pasar por lo mismo y la respuesta es obvia.

Hoy leí la denuncia del artista y activista Saúl Kak, a quien lo acosaron en el aeropuerto Ángel Albino Corzo  por sus rasgos indígenas, lo que me parece absurdo porque en un país como el nuestro el hecho de que viajen personas con nuestros rasgos es asunto de todos los días, pero aun así la discriminación continúa.

¿Qué esperan las y los agentes de migración que todas las personas que viajan sean rubias, lacias, altas? Es absurdo y discriminatorio por decir lo menos.

II

Estos casos que les comento están íntimamente relacionado a la criminalización a la migración. Condenar la migración es hasta contranatural, venimos de ella, sobrevivimos gracias a ella.

Hoy también vi, no me puedo quitar de la mente esas imágenes, las fotografías de los dos niños y una niña del Salvador que se ahogaron en las costas de Chiapas mientras pasaban la frontera sin papeles. Son terribles. No podemos seguir permitiendo que niños y niñas pierdan la vida en todo el mundo todos los días cuando están migrando, cuando intentan reencontrarse con su familia, huir de la guerra, de la hambruna, de la pobreza. ¿Cuándo vamos a entender que habitantes del mundo somos?

III

Oda a mis “colochos”

Me encantan mis “colochos”. Me reconozco afrodescendiente con ellos. Me gusta que anden sueltos, pero casi no lo hago por los calores de Tuxtla y porque es medio lioso peinarlos.

Nuestros rasgos físicos nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. Nos dan identidad, nos dicen que somos una mezcla maravillosa de razas sobrevivientes. Que este mundo tan occidentalizado no nos diga cómo ser físicamente.

PD. La foto que acompaña el texto es para que vean mis bellos «colochos». 🙂

 

 

 

Revista Enheduanna

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2 Responses to Afrodescendientes e indígenas somos

  1. Ana Silvia Monzón 22 julio, 2016 at 8:06 pm #

    Y colocha como parte de la identidad!! me encantó tu artículo. Los estereotipos siempre están activos y muy normalizados. Abrazos!

    • Sandra de los Santos 24 julio, 2016 at 4:37 pm #

      Ana Silvia: Qué gusto! Gracias por la lectura.

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