DIANA MORALES

Lo que sucede con las mujeres después de decir: “Si, acepto”

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Hace un par de años una amiga –artista visual- me contó una idea que le andaba rodando por la cabeza: reunirse con varias amigas y hacer diferentes actividades cotidianas en lugares públicos ataviadas con sus respectivos vestidos de novias.

La idea me pareció y me sigue pareciendo bastante atractiva –sigo insistiendo en que la concrete-. En varias ocasiones hemos hablado del proyecto no sólo con ella, sino con otras compañeras y una infinidad de comentarios y visiones han salido de esas conversaciones.

Fue del proyecto de está amiga –Cristina Velasco- y de esas platicas que surgió la idea de pedirle a diferentes mujeres que nos contaran su idea de matrimonio. ¿Cómo vemos desde nuestro ser mujer el matrimonio?

La intención del ejercicio es hacer visible las diferentes historias que se dan después de decir: si, acepto. ¿Qué hay más allá del vestido blanco, las flores, las fotografías del recuerdo? ¿Qué pasa con las mujeres en el día a día en el matrimonio? Es imposible negar que todas las historias atraviesan por una cuestión de género.

Agradezco a las mujeres que respondieron a la petición que hice en mi perfil de facebook  que me hayan confiado su perspectiva del matrimonio y haber compartido una fotografía de un momento íntimo de su vida. Las seis mujeres son originarias de Chiapas.

Diana Morales. 33 años

DIANA MORALES

Es aprender a convivir con la otra. Es compartir el tiempo, el dinero, tu espacio, tus logros y fracasos. Creo que es muy simple si entiendes que la otra persona es diferente a ti, que piensa y siente distinto.

Es seguridad, en mi caso, ahora que se aprobó el matrimonio gay, siento que mi esposa está protegida en cuanto a las cosas materiales y acceso a los servicios públicos que desde mi trabajo yo pueda darle.

El matrimonio no es la simpleza de un papel o de unas firmas, es estar dispuesto a tener un compañero de vida, a ceder cuando se necesite, a perdonar, a escuchar al otro, al distinto. Te amo Ixchel.

Grace Stephanie Hernández Zarate. 25 años.

GRACE

Más que una experiencia es una aventura que acepté, lo comparo a un barco: al principio estás emocionada de subir, te pones hermosa para navegar, pero no sabes cómo se portará el mar, para mí es una emoción de todos los días,  lleno de sorpresas en mi mar, a veces hay turbulencias muy fuertes,  pero recuerdo lo que me dijeron el día que me casé: “el amor todo lo puede, todo lo soporta, todo lo cree, no es jactancioso, no tiene envidia, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”.

Siempre recuerdo que el barco no se maneja solo, mi esposo y yo cultivamos el amor y aunque vengan tormentas sabemos cómo enfrentarlo y juntos salimos a flote para que nuestro barco no se hunda porque el matrimonio es de dos.

Espero que con los años pueda seguir experimentando lo mismo y seguir enamorada como hasta ahora, no he perdido mi esencia como mujer y como persona, he gozado de un libre albedrío y jamás me ha sido reprimido el poder expresar mis sentimientos o lo que pienso, vivo las etapas con mi esposo quien ha cuidado muy bien por mí y tengo la confianza que así seguirá.

Sheila Xoloxochitl Gutiérrez Zenteno. 41 años

Sheyla Gutiérrez

Mi padre y mi  madre vivieron en matrimonio casi 40 años, estuvieron juntos hasta la muerte de él, así que crecí con esa idea romántica de compartir mi vida con alguien especial hasta la vejez. Tomar la determinación de divorciarme fue una de las decisiones más difíciles y dolorosas, pero era necesario hacerlo para salvaguardar a mi persona y lo que quedaba de mi autoestima y mi autoconcepto: casi nada. El matrimonio que viví por seis años ha sido la lección más tortuosa que alguien que ama los finales bonitos puede enfrentar, lo peor de todo es que habría dado la vida por quien elegí como esposo, pero así aprendí que hay matrimonios sanos y matrimonios tóxicos, que a veces el amor no es suficiente para que se mantenga, y que cuando tu persona corre peligro es mejor darse la vuelta. Yo anhelo un matrimonio sano.

Hoy tengo claro que el matrimonio es un contrato, y que un contrato de esta envergadura no se firma con cualquiera, por muy guapo que luzca o por muy bonito que te hable, se trata de tener la certeza de que recibirás lo que esperas para cumplir con lo que a ti corresponde: dar para recibir (lo que sea que acuerde la pareja: fidelidad, lealtad, respeto, honestidad, dinero, ser swingers, tener hijos, no tenerlos, etc). Hay que tener cuidado de que el romanticismo no eclipse la realidad de lo que el sujeto con quien piensas casarte es. El matrimonio siendo un contrato, se convierte en un acto en el que depositas expectativas, derechos y obligaciones en una persona que durante el noviazgo ha mostrado su mejor cara, lamentablemente no todas las personas están emocionalmente maduras o preparadas para ello. El matrimonio es un compromiso. Si no lo quieres, si no te gustan los compromisos, no te cases. O sé honesto con ello, con lo que vas a dar  y si la persona lo acepta así, no habrá engaño.

A pesar de mi mala experiencia, creo que el matrimonio es un espacio en el que tienes la posibilidad de ejercer la honestidad, la negociación y de crecer como persona, con un compañero de vida. Estoy convencida de que es posible compartir tu tiempo, tus ideales y tus sueños con alguien que quiera vivirlos contigo, pero para ello se requiere de una buena dosis de paciencia, capacidad para comunicarse y sujetos emocionalmente sanos.

El matrimonio es tan importante que incluso la comunidad LGBTTI pugna por ello. Hay que tener claro que no es posible comunicarse con alguien que se niega a hacerlo, no es posible abrirse de capa con alguien que te humilla, golpea o violenta de cualquier manera. Eso no es un matrimonio sano. Cuando alguna mujer (o varón, porque conozco compañeros que han sido maltratados) se encuentre en un matrimonio con estas características, lo mejor que puede hacer es dejarlo. Es muy doloroso porque no recibiste lo que esperabas, pero con un poco de ayuda profesional (en mi caso terapia) y un fuerte ejercicio de introspección, llegas a un punto en que sabes quién eres, qué quieres y qué necesitas o esperas, lo que hará más fácil saber si esa persona es la correcta, al menos para mí.

Lulú Suárez Aguilar. 40 años

LULU SUÁREZ

 

El sueño de toda mujer es encontrar al príncipe azul y vivir felices por siempre, pero no toda historia es así… sometida, humillada y engañada fue mi condición durante todos esos años. El machismo me hizo esclava y la falsa idea de que todo un día cambiaría me hacía permanecer al lado de mi enemigo. Hasta que la violencia lastimó mi alma, entonces comprendí que debía vivir.

Después de 12 años de matrimonio, puedo decir ahora que tomé la  mejor decisión de mi vida: divorciarme.

Kari Cuesta. 29 años

KARI CUESTA

Me casé en Noviembre del año pasado, no tengo aún mucha experiencia, pero los meses que he compartido al lado de mi esposo han sido los más felices de mi vida.

Vivimos en una época en la que no nos gustan los compromisos.

Y lo que no sirve lo desechamos, si miramos nuestro consumo diario, qué tanta basura se genera, e inclusive cuando los aparatos electrónicos ya no funcionan o no están a la moda los cambiamos. Y parece que esa filosofía de vida la llevamos a nuestras relaciones personales.

Sin duda nunca llegamos a imaginar qué tan difícil será el matrimonio, pensamos en la idea del amor eterno y estar siempre a lado de la persona a la que amamos, la felicidad total y en definitiva al principio todo es muy sencillo, pero cuando el tiempo va pasando y te vas dando cuenta que convivir todos los días no es tan fácil como imaginabas, sobre todo porque son dos personas que durante toda su vida fueron educados de manera distinta y de repente estás ahí construyendo un nuevo entorno para ambos, te das cuenta que aquello que no te afectaba cuando eran novios de repente se convierte en un gran problema para ti.

Es una guerra de poder y de roles, en mi caso me casé embarazada, lo que te da otra perspectiva porque no sólo te preocupas por cómo serán las cosas en la casa o entre nosotros, sino que también viene el pensar cómo educaremos a nuestros hijos. En esta lucha, porque así lo defino yo, debes decidir qué batallas ganar y en qué momento saber qué es mejor perder. En casa, en la actualidad mi esposo es el  proveedor y yo me quedo en casa al pendiente de los niños,  tengo un negocio de ventas por Internet y gracias a Dios me va muy bien y me permite elegir mis tiempos para así poder estar con mis hijos. Decidimos crear nuestras propias reglas y respetar siempre aquella frase de tu espacio, mi espacio y nuestro espacio juntos. Y sobre todo valorar el rol de cada quien y saber que ninguno es más importante que otro.

¿Que si ha sido fácil? Definitivamente no, más de una vez hemos querido tirar la toalla y hemos pensado quizás que somos más felices cuando el otro no está,  me he dado cuenta que termino viéndolo como un tercer hijo al que tengo que cuidar y reeducar. ¿Si vale la pena? Definitivamente sí, amo profundamente a mi esposo (y me hace sentir amada cada día) y a pesar de los problemas que hemos tenido estoy convencida que tomé la mejor decisión al elegir vivir a su lado y formar una familia con él, pues el matrimonio se trata de esforzarte día a día, de ser feliz y surfear las olas para encontrar siempre la mejor solución.

Mónica Velásquez. 34 años.
MONICA VELASQUEZ

Llevo nueve meses y días casada  y diría que mi experiencia ha sido positiva, a pensar de que por años me resistí al matrimonio, que era más bien compromiso. Diría que cada día aprendo de la conducta humana porque cambió la dinámica de mi familia y de mi vida con él. Sobre todo aprendo de mí.

El compromiso me ha ayudado a entender que no siempre tengo la razón de que debo aprender de los demás y que alguien puede ver por mí (aparte de mí misma), que en pareja, las penas duelen igual, pero hay alguien que te abraza fuerte mientras duele.

Hay momentos en las que una lo quiere estrangular, pero «ahí» es donde se debe de aplicar  lo aprendido, a tener el compromiso de ser tolerante , saber que  puedo respirar tres  veces y entender que si dejo la luz prendida no pasa nada jaja (así de organizada).

A pesar de momentos de pleitos justificados o no, gana el tiempo de amor, compañía,  amistad y el amor caluroso.

rebeca

El collage que te mando es porque me resulta muy significativo puesto que nos casó una mujer, una jueza que nos habló muy bonito y por eso estoy muy emocionada y llorosa en la foto con mi vestido, el cual fue confeccionado por mi madre.

La primera foto estamos con la raíz de mi tronco: mi abuelita materna, y también está la foto de mi madre y de doña Sara, la mamá de él, a quien yo quiero mucho y admiro, pues ella sola (y con la primaria trunca) también sacó adelante a sus siete hijos.

En la fiesta, doña Sara estaba muy contenta porque después de varios años todos sus hijos volvían a estar juntos y con ella. También fue motivo de reunión de algo muy simbólico para mí: después de 30 años, mi abuela paterna y mi abuelita materna volvían a estar juntas por el mismo motivo: una boda civil.

Yo sigo creyendo que el matrimonio es sagrado, incluso fuera de todo credo religioso (yo no soy católica; soy deísta) y que es un compromiso para toda la vida precisamente porque es un proyecto de vida que involucra algo más que la formación de una familia.

El matrimonio no es sólo tener permiso para tener sexo gratis, fácil y rápido; un matrimonio es proyectarte a futuro con quién quieres estar, con quién decides formar un patrimonio, construir un camino en conjunción.

Un matrimonio, como todo proyecto, debe (o podría, para usar una palabra menos aleccionadora) aclarar sus objetivos (generales y específicos), establecer sus propósitos, conocer sus referentes ideológicos (algo así como el “marco teórico”, ¿no?) rediseñar constantemente sus metodologías de acción para aprender a vivir juntos, y presentar y analizar los resultados cuando los vástagos enuncian: “Me voy a vivir mi vida”.

Desafortunadamente mi proyecto de vida no continuó, la traición de él destruyó la semilla que se acababa de sembrar. Ha sido doloroso replantearme un proyecto de vida nuevo, sin embargo he aprendido que mi felicidad depende de mí y de nadie más, que mi presente y mi futuro son míos y sólo dependen de mis esfuerzos, de mis batallas, de mí. No estoy “rehaciendo” mi vida, sólo estoy continuándola lo mejor que puedo: mantengo un “matrimonio” conmigo misma, con mis hijas y con mi trabajo.

Revista Enheduanna

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One Response to Lo que sucede con las mujeres después de decir: “Si, acepto”

  1. Cristina Velasco 14 febrero, 2016 at 12:42 pm #

    Gracias por el crédito me emociona la respuesta al llamado. Creó en el matrimonio como un compromiso de honestidad y de algo que -en lo individual- nos haga felices para siempre. Estoy segura que entre buenas y no tan buenas experiencias, en pareja o solas, las mujeres que valientemente decidieron salir de una relación complicada y aquellas q aún planeaan cómo será cuando llegue «el día», todas creemos en el cuento de hadas y este comienza en el amor a si misma. Hay que vestirnos de blanco para nostras y cada día aceptar el compromiso de amarnos y respetarnos, en la salud y en la enfermedad y ser fieles a nosotras, todos los días, hasta q la muerte nos llame.

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