contrabajsta destacada

SOFÍA Y PITUFO

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A fuera hay sol, huele a humedad, la raíz del árbol es acariciada por las patitas de las hormigas que cargan dos milímetros de hojas; hay huellas sobre la tierra: todo esto mientras uno que otro pájaro canta. Pero acá adentro, detrás de la puerta blanca del edificio de la Escuela de Música hay un mundo, el mundo de Sofía Esperanza Ríos Galván, la única mujer que estudia el tercer semestre en Clásico con el contrabajo, en la Escuela de Música de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach).

Sofía, la de 23 años, la de piel de color sur, quien nació en Ciudad Valles, San Luis Potosí y desde los nueve años de edad radica en Chiapas, ejecutaba escalas -antes del mediodía- con su instrumento, para calentar y posteriormente tocar la  Sonata en Fa Mayor de B. Marcello, que prepara con el catedrático Gerardo Ventura, integrante de la Orquesta Sinfónica de Chiapas y del grupo de Jazz Tritónikos.

La música siempre estuvo presente en su vida ya que su papá «un melómano», reproducía canciones en su casa; géneros como country, jazz y rock, ambientaron su hogar. Además, por parte de la familia de su mamá, tiene tíos que tocan la guitarra, pero no se dedicaron a ella  de manera profesional; su hermano mayor toca la guitarra, el que sigue el piano, y su hermana la flauta de pico y canta.IMG-20160531-WA0004

LA PRIMERA VEZ QUE SUS DEDOS BRINCARON EN UNA CUERDA

Sus dedos brincaron entre las cuerdas a la edad de 14 años, cuando la joven música aprendía a tocar el bajo eléctrico, mientras que a los 10 tomó clases cortas de canto. Sin embargo, la primera vez que pisó el escenario  fue a los 15, cuando el bajista de planta se fue de viaje y ella tuvo que suplirlo en un evento de la iglesia. Y aunque de pequeña le gustaba la música, no había pensado estudiarla, debido a los prejuicios que la gente le compartía: ¿de qué vas a vivir?

Pese a ello, fue a un ensayo de la orquesta y de todos los instrumentos, el contrabajo le llamó mucho la atención, por el sonido que produce, acción que la empujó a que lo estudiara.

La ex integrante de la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca de Tuxtla Gutiérrez, quien ejecutaba el contrabajo y que participó en los conciertos del 2013 al 2016, se llenó de mucha experiencia en este gremio musical «es un reto seguir al director y cuadrar con tus compañeros músicos».

«Para hacer música se necesita de mucho trabajo y disciplina. Es un lenguaje donde te expresas sin necesidad de palabras. Con las palabras tratamos de decir cosas bonitas y agradar; con la música sólo fluyes», dice la joven que en algún momento pensó estudiar Mercadotecnia o Diseño de Modas.

SOFÍA Y PITUFO

Pitufo tiene un año, es de color azul. Es el primer contrabajo de Sofía que se complementa con uno de los instrumentos que tiene su cuerpo: las manos. Sólo sale de casa cuando tiene eventos.  «Cuando toco siento mucha alegría,  a lo mejor estoy empezando, pero me llena mucho de felicidad que puedo hacerlo o lo estoy intentando».

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FOTO:CORTESÍA.

Por el color que produce, el MI agudo es la nota favorita de la joven que sueña con componer música de un filme, ya que «la historia de una película no sería entendida sin la música, es la que te hace sentir», por ello admira a Hans Zimmer, Michael Giacchino, Vangelis y John Williams; así como a los músicxs Bottesini, Concha Buika, Keith Jarrett, John Coltrane, John Patitucci y Víctor Wooten.

Sofía es la única mujer de los cuatro que cursan el propedéutico. En  la licenciatura sólo están inscritos cuatro hombres con el instrumento de contrabajo, aunque han habido otras mujeres que también deciden estudiar el instrumento de cuerda, pero terminan dejándolo.

Ella sueña con terminar la licenciatura, hacer un poco de jazz y componer películas, menciona que el instrumento no distingue si eres hombre o mujer; sin embargo,  indica que en las mujeres es complicado estudiar el contrabajo, ya que se requiere de mucha fuerza para dominarlo, porque pesa alrededor de 10 kilos y quizá por ello algunas mujeres deserten:

«Yo estoy bajita, no es lo mismo que seas hombre, no puedo ensayar cinco horas seguidas, sólo dos, dejarlo un rato y volver a empezar. Además, no sólo me dedico a ensayar, también ayudo en el oficio de mi casa. Pero cuando tienes disposición no importa el tiempo o los retos que enfrentes. Invito a más mujeres que se animen a estudiar este instrumento», agrega.

Sofía sostiene una cuerda del contrabajo -que le facilita la universidad- con su mano izquierda, dice que Endless de Keith Jarrett, sería la música de fondo de su vida.   Afuera el viento, las hormigas de regreso, e l sol ubicado después de la línea del mediodía.

Revista Enheduanna

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