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Marcela Díaz Carachure: embalsamadora de cuerpos, mitigadora de dolor

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San Cristóbal de Las Casas.- Reconstruir cuerpos, restaurar rostros, maquillarlos y hacer que parezcan dormidxs, es la manera en la que Marcela con sus manos y conocimientos, mitiga el dolor de lxs familiares de una persona fallecida, aunque su labor no termina ahí, pues además de embalsamadora también hace de sicóloga, consejera, acompañante en los trámites legales y chofera de carrozas.

Marcela Díaz Carachure, es la única embalsamadora certificada en Chiapas, tiene una carrera técnica como tal, es licenciada en Derecho, trabajó como Ministerio Público, realizó dos maestrías, una en Derecho y otra en Empoderamiento de la mujer, en la UAM y actualmente estudia la licenciatura en Histotecnología embalsamadora.

A pesar de estar familiarizada con los ataúdes, cadáveres y el dolor de los familiares -pues creció en este ambiente y se recuerda desde niña cargando candelabros- no deja de sentir impotencia al ver a quienes pierden a sus seres queridos. Por ello, decidió que darles un servicio profesional, pero sobre todo de acompañamiento sensible que facilite este trance tan doloroso para cualquier persona, era lo mejor que podía hacer.

Fue así que decidió profesionalizarse y el oficio con el que ha crecido, ya que la labor es una herencia de sus abuelxs, lo ha convertido en su forma de vida, no sólo como su fuente de ingresos sino también como una forma de ayuda y servicio. En ese sentido, Marcela se ha preocupado por estar cerca de las personas dolientes y abrió una serie de pláticas de Tanatología con una especialista para quienes deseen apoyarse en este servicio y salir de una situación de duelo.

Marcela cuenta que entre las dificultades a las que se enfrenta en su labor de servicios funerarios, está el hecho de lidiar con personas insensibles en las dependencias públicas, que lejos de facilitar el proceso y los trámites, los complican más y al ser en su mayoría hombres tiene que enfrentarse a un poder masculino que se ha perpetrado en esas dependencias.

Así también  la crítica por dedicarse a un oficio que es mal visto lo haga una mujer. “Este trabajo me obliga a estar a altas horas de la noche y madrugada ya sea en el velatorio o manejando la carroza, y eso es mal visto porque empiezan a generar comentarios sobre mi persona” comenta Marcela quien también dice que ha tenido que liar con la mala fama que ya de por sí tienen lxs embalsamadores.

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«No sólo vendemos ataúdes, ni extraemos órganos»

“No sólo vendemos ataúdes, pero por desgracia nos ven como personas que estamos deseando la muerte de otras personas o a los embalsamadores como personas que les extraen los órganos a los cuerpos, y no es así”, aclara Marcela.

“Muchos piensan que el embalsamador le va a quitar los órganos, pero lo que hacemos es una preservación y desinfección para que en caso de que tenga que viajar a otros países o los velen por mucho tiempo, el cuerpo pueda estar conservado.

“Una de mis funciones también es el servicio estético, a las mujeres: peinarlas, maquillarlas, a los hombres, rasurarlos, ponerlos lo más presentable posible, sabemos que es un momento difícil y es traumático, en caso de que haya sido un accidente, verlos con el rostro desfigurado”.

Aunque ya lleva dos años como embalsamadora certificada, convirtiéndose en la única mujer que se dedica a ese oficio con certificación en Chiapas, aún le impacta ver cuerpos desfigurados o en avanzado estado de descomposición, así como los rostros de personas que se suicidan. Cuenta que uno de los primeros cuerpos que embalsamó fue de una persona muy querida y no pudo hacer el trabajo de reconstrucción, lo que le hizo sentir una gran impotencia

El enfrentarse a un cadáver accidentado o con partes desprendidas, sigue siendo la parte que más le cuesta, porque una embalsamadora no pierde la sensibilidad al ver constantemente cuerpos sino en su caso, sigue viendo y tratando a cada cuerpo con el respeto que se merece todo ser humano.

Marcela cuenta que el acompañar a los dolientes en los trámites en la administración de panteones, o los ministerios  públicos quienes por desgracia hace dilatorios estos procesos, le ha dado la oportunidad de dar consuelo a las personas que han perdido un ser querido y se convierte también en consejera y sicóloga., pero es la parte que a ella le gusta.

El ser una persona que ofrece servicios funerarios la han hecho que no tenga vida personal,  pues el trabajo le exige estar todo el tiempo porque nunca se sabe cuándo llegarán a requerir el servicio además de que implica estar en las noches y madrugadas ocupada. Además, la capacitación y profesionalización constante en la que ella decidió involucrarse le ha hecho estar aún más ocupada al salir fuera del estado a cursar talleres y diplomados especializados.

El trabajo arduo de Marcela Díaz Carachure se ve reflejado en el hecho de que Velatorios y funerales San Cristóbal, fundado por su madre Yolanda Carachure Sánchez, pertenece a la Asociación Nacional de Directores Funerarios, también a la Asociación de Embalsamadores (ATEMBAL) y de manera personal pertenece a la agrupación Mujeres empresarias capítulo San Cristóbal.

“El hecho de manipular y aplicar mis conocimientos para hacer que las personas vean a su familiar como si estuviera dormido y recordarlo así es una de las grandes satisfacciones que tengo. Sé que no le voy a devolver la vida pero sí sé que de alguna manera le estoy mitigando el dolor” afirma Marcela con la serenidad que le caracteriza reflejada en el rostro.

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Revista Enheduanna

 

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