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LOS VERSOS DE MATZA MARANTO

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La cafetería es uno de los escenarios con mayor afluencia, donde tomas un café y las palabras brotan. Las tazas de diferentes tamaños y colores son testigos de las voces que se multiplican y construyen realidades.

La poeta Matza Maranta Zepeda, llegó antes de la lluvia, y permaneció rodeada de la belleza del mural que está en el Bío Café. Sabe que para escribir poesía hay que tener un compromiso con la palabra. Por lo que la edición de sus libros poéticos ha sufrido de la meticulosidad que la caracteriza, así como su pasión y su gusto por la fonética, que ha sido ejercida mediante la prosa y verso libre.

La mayoría de sus mejores amigos son personas que no tienen que ver con la cultura y las artes. Sus noches son de vivir la vida, de caminar, de perseguir estrellas y asombrarse por lo que acontece a su alrededor.

La comunicóloga, actualmente estudia el doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMESCA). Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (2011), y ganadora del Premio Estatal de la Juventud (2010) en categoría de Poesía.

Ha escrito los libros poéticos “Atajos para llegar a nadie”, “Peldaños” y “Trozos de azogue”. Disfruta leer en voz alta, una hora y media de poesía después de despertar. Asimismo, le encanta escuchar géneros musicales como jazz, bossa-nova; así como a los cantautores: Ismael Serrano, Cuco Sánchez, José Alfredo Jiménez y Agustín Lara.

Dice que su primer acercamiento con la lectura fue accidental. Cursaba el cuarto año de primaria, (no pensaba en ser escritora) y salió en el cine la película “Romeo y Julieta”, protagonizado por Leonardo DiCaprio, y como ella es originaria de Ocozocoautla, ir al cine le quedaba lejos, porque sólo había en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez.

En su casa, un día vio el libro de William Shakespeare de “Romeo y Julieta” y comenzó a leerlo. “En la casa siempre se tuvo libros. Mi papá tenía como negocio billares y bar, pero compraba libros clásicos  con los agentes editoriales. Mi papá leía más sobre historia. Para él era imperdonable que sus hijxs no supiéramos quién era Francisco Villa o Porfirio Díaz”.

Y aunque no recuerda el tiempo que duró su primer taller que cursó a cargo del poeta Gustavo Ruiz Pascacio en los años 90’s , considera que fue impactante y le dio un cambio en su vida, además porque leyó el libro de ensayos de ese autor titulado “Los Fantasmas de la carne”,  “fue un libro muy simbólico, porque en clase leíamos a autores chiapanecos que admiré e hice una gran amistad”, indica.

Posterior a eso, cuando ella tenía 17 años, el poeta uruguayo Eduardo Milán llegó a dar un taller de poesía en el Centro Cultural “El Carmen”, ubicado en San Cristóbal de Las Casas, y como era alumna de Javier Molina, ya que estudiaba Ciencias de la Comunicación, le propusieron inscribirse a la segunda etapa del taller poético, “me abre otro panorama de lo que es la literatura”.

Recuerda que Milán no aceptaba a cualquiera, y fue su amiga Tania Ramos, hija del director de la Biblioteca Central, quien asistiría en representación de su padre, le dijo “inténtalo”.

Viajó desde Coita a San Cristóbal de Las Casas, sobre la carretera vieja, y al entrar el poeta le preguntó ¿has leído a Borges?, “no”, respondió, ¿a Octavio Paz?, “no”, respondió. Y así le cuestionó por una serie de autores.

Sin embargo, la dejó entrar y le dio una lista de los escritores que tenía que leer. Sus compañeros, entre ellxs Ámbar Past, Eduardo Hidalgo, Roberto Rico y Gustavo Ruiz Pascacio, la apapacharon y le prestaban libros. “A Roberto Rico, ya lo había leído antes, y tenerlo de compañero era emocionante”.

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SUS PRIMERAS PUBLICACIONES

Hace muchos años en Coita, mediante un proyecto de la Casa de Cultura,  publicó sus textos junto a un grupo de amigos, entre ellos el narrador Alex Camacho. Sin embargo, la poeta ha ido madurando su voz. “Soy un tanto insegura en publicar, prefiero dejar reposar mis textos. Trabajarlos”.

La poeta, sigue en su propia búsqueda,  por lo que comparte que sí es necesario escribir, pero no publicar. Cree en la palabra, y en su infinidad de respuestas.

LA POESÍA

Considera que la poesía sirve para vivir, es necesaria para vivir, “pero no es necesario vivir de ella. Tiene una cuestión universal”.

Dice que escribe poesía porque es una forma de leer y de escribir desde su angustia, de los problemas que le preocupan. “Escribes para crear otras vías, para que al momento de leerme y reconocerme se haga una pequeña construcción. La hoja en blanco es una posibilidad inmensa de poder crear cosas, es como si nos metiéramos a un mar infinito”.

Menciona que hay muchas cosas que se buscan en una poesía, son las diversas interrogantes que se plantea el ser humano ya que al estudiar su doctorado, cuenta que una de sus primeras clases, fue razonar sobre la existencia del hombre, aunque apunta que sí lo había pensado, pero no como un tema poético.

A raíz de ese planteamiento, hace cinco años se cuestionó ¿para dónde va esto?, y al trabar  el libro suelto ‘Peldaño’, que nace por la nostalgia de una casa. El libro de Job es significativo porque en el momento de esa relectura atravesaba una situación familiar bastante complicada.

“Mi poesía le apuesta a tratar de reflexionar cosas universales,  y temas como creencia, religión, el ser y el azar”.

Y aunque no se considera totalmente feminista, ya que no conoce las teorías,  cree que es necesaria esta lucha por la igualdad de las mujeres.

“No creo que exista una poesía femenina y una masculina, la poesía es o no lo es, sin importar el género. Sin embargo, es bien sabido que para las mujeres es difícil entregarse al oficio por completo por la combinación de algunas actividades a su lapso creativo. En el mismo tenor, creo que aún existe cierto problema en la aceptación del trabajo poético en el ámbito literario centrado en el género de su creador. No obstante, cuando uno valida qué tan difícil o fácil puede ser el ser mujer y poeta, una puede responder que el compromiso es con la poesía misma y eso sin duda flaqueará cualquier dificultad”

Los poetxs chiapanecxs que admira Matza Zepeda, son Elva Macías, por su constancia y entrega, ya que dice que después de Rosario Castellanos, Elva Macías es quien tiene una poesía constituida; a Roberto Rico, Javier Molina y Arturo Richard. Y  de su generación quienes le llaman la atención son: el poeta Raúl Vázquez, a quien lo considera un poeta intelectual; y Juan Carlos Cabrera Ponce, por el trabajo que realiza.

Señala que “Hemos abusado mucho de la frase ‘levantas una piedra y encuentras un poeta’. Si hay  personas que escriben, pero poetas, el tiempo lo dirá”.

A Matza Maranta le gusta leer poesía por la mañana, su voz se esparce en los primeros rayos de sol. Sabe comunicar. Tiene el don del entendimiento.  No se imagina haciendo otra cosa, considera que este es un buen oficio, por lo que disfruta de la construcción de imágenes.

Ahora prepara un poemario inédito, que cambia cuando lo lee, y sigue con las correcciones. “Surge, a partir de las relecturas de Job, algo le ha interesado mucho son los mitos que intentan dan respuesta sobre las interrogantes sobre un ser divino o la creación del mundo”.

Revista Enheduanna

 

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