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Las tsotsiles en el Puerto de Veracruz

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Veracruz, Veracruz.- Caminan despreocupadas por el malecón del Puerto de Veracruz, avanzan unos metros y se detienen a ofertar entre los turistas sus blusas tradicionales provenientes de Chiapas. A diferencia de su estado natal aquí no les regatean tanto.

Algunas andan en grupo, se acompañan, miran el mar y los barcos juntas, toman unas glorias –raspados- y siguen su camino, son las indígenas tsotsiles de Chiapas, que desde hace  años han emigrado a diferentes partes de Veracruz para vender sus artesanías.

La vida en esta parte del país es  más cara, aun dicen que les va mejor que el lugar que las vio nacer. “Nos va mejor que allá –Chiapas-. La gente no pide que de uno más barato la ropa y compra más. A veces vendemos hasta ocho o diez blusas, pero a veces no vendemos nada o andamos caminando para vender sólo una blusa o un cincho”, dice Guadalupe, originaria del municipio de San Juan Chamula es un español bastante fluido.

Algunas tsotsiles tienen un puesto formal en el malecón de Veracruz, pagan impuestos y hasta trabajadores, pero la mayoría son vendedoras ambulantes y no terminan de establecerse ahí, su vida transcurre entre Veracruz y Chiapas.

La fotografía de María

En la última corrida del Puerto de Veracruz a Chiapas, María Elena y Guadalupe, indígenas tsotsiles del municipio de San Juan Chamula parten a su lugar de origen, confían que el viaje sea tranquilo y que en 10 horas estén en su comunidad.

María comenta que ya perdió la cuenta del número de veces que ha realizado el recorrido de Veracruz a Chiapas y viceversa, desde hace tres años vino al Puerto con su amiga Guadalupe, quien ya conocía el lugar y desde ese entonces pasa dos meses en Veracruz y 15 ó 20 días en San Juan Chamula, Chiapas.

“Me gusta más Veracruz, gana uno más. Aquí es más bonito, hay barcos donde sea y no hace tanto frío como allá”, cuenta María, quien luce su vestimenta tradicional, la falda es menos gruesa que lo común por el calor que hace en el Puerto.

María es curiosa y andariega, pregunta cómo es Monterrey, Tampico y el Distrito Federal. “Se ha de ganar bien allá porque hay más gente” comenta como pensando en voz alta mientras fija su vista en la carretera. Veracruz empieza a quedar atrás.

María tiene 19 años y con seguridad dice que no tiene la más mínima intención de casarse porque eso le significaría quedarse en su comunidad y viajar le gusta demasiado. Regularmente las indígenas que emigran son jóvenes.

– ¿Puedo tomarte una foto?

– Si, dice María al tiempo que se arregla el pelo y abraza a Elena, su hermanita de ocho años.

María deja la plática y empieza a ver la película que proyectan en el autobús, el filme es inglés y subtitulada en español, pero ella no sabe leer, aun así dice que le entiende perfectamente por las imágenes.

Después de un par de escenas, María y Elena duermen tranquilas abrazada una a la otra con un chal que las cubre del frío artificial. San Juan Chamula las espera.

Lo que vale la pena recordar

A María la conocí hace varios años mientras ambas viajábamos del Puerto de Veracruz a Tuxtla. Lamento mucho no conservar la fotografía a la que hago referencia en el texto.

Tengo la imagen tan clara en mi memoria que cuando me di cuenta hace un tiempo que se había perdido en una de esas formateadas que le damos a la computadora, no lo lamenté tanto porque recordé aquello de: “La memoria sabrá siempre conservar los recuerdos que se tienen que guardar”.

Ahora, que  quise rescatar este texto para hacer referencia de María, lamenté no tener esa fotografía, pero me dolió más darme cuenta que lo que cuento sobre la situación de las tsotsiles que migran no ha cambiado mucho. Hablo de una, pero quisiera hablar de todas.

Revista Enheduanna

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