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La poeta del pañuelo rojo

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Por: Karla Gómez

Foto: Karla Gómez

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- Era la 1:30 de la tarde, (horario de poeta) de un miércoles tal…

La joven poeta Andrea Abarca Orozco, estaba sentada frente a la ventana de la Cafetería Biomaya, cuando los rayos del sol aplastaron a más de un pie en el Parque «Jardín de la Marimba». El lugar estaba casi vacío, lo cual permitió que nuestra conversación no se perdiera en otras bocas.

Traía el cabello suelto, del cabello le colgaban versos, palabras, silencio: elementos que la conducen siempre a trabajar con la persistencia a la que está acostumbrada, versos que quizá mañana serán pronunciados en una mesa de lectura, en una reunión de camaradas, o en la mirada de algún lector. No es zurda, pero tiene una percepción diferente al mundo, y encuentra en cada manifiesto de la naturaleza un pretexto para escribir.

Aún conserva parte de su niñez en el rostro que se asoma cuando ríe y ama. Al leer poesía no es la voz ronca que impone, sino la pasión y la entonación que le da y es más libre, más ella, más pájaro.

Su cuerpo sentado en el sillón de la cafetería está listo para comenzar la entrevista, esta vez no trajo sus lentes, sabía que esto sería su primer viaje como personaje, pues sólo le bastaba cerrar los ojos.

La joven quien nació en la región del Soconusco, en Tuxtla Chico, un pueblo con habitantes conservadores, no fue un impedimento para que se divirtiera en su etapa de infante: «yo jugué con mis primos y vecinos ‘bate’, trompo, bicicleta, ‘stop’ y si no había nada, lo inventábamos».

Recuerda que se acostaba debajo de un árbol de mango frondoso que lo incluye en el poemario «Hasta decir austral»:

«Cargar la valija con un poco de vida reservada para este momento, es como retroceder al patio de la antigua casa que reproduce gritos precipitados de mangos suicidas desprendiéndose; tanta pulpa desperdigada por la tierra vacía, tanta semilla despojada del alma y tanto qué sentir: las escenas de mi infancia fueron un crimen. Sin embargo, el único ablandador de mi nerviosismo era ver hojas verdes llover.

«Así, naturalmente, cayéndome las ramas que desgarran la pulcritud de cada día. Giro, tras giro, tras giro, tras giro (bis)… descalza en la humedad de mis raíces engendradas. Y esta es la primer ficha que deseo barajar para empezar el juego, porque estoy a un día de partir a un lugar pequeño de pocos habitantes, en el que, seguramente, las demás tarjetas no dejarán de asediarme.

«Son textos escritos de forma cronológica durante mi estancia de intercambio académico en Uruguay, aún lo estoy puliendo; contiene 47 páginas aproximadamente».

-¿Cómo vives la transculturación que se da en tu pueblo?

La cultura de mi pueblo es variada, tenemos celebraciones precolombinas que se modificaron con la llegada de los españoles a territorio americano, como es la fiesta patronal en honor a la Virgen de Candelaria con la elaboración de alfombras de aserrín sobre las calles principales del municipio, y la celebración a San Pedro y San Marcos en abril por mencionar las más relevantes, pero la festividad del 2 de febrero es particular porque los tapetes de colores se originan en Guatemala, lugar de donde se extrajo la idea, pero esto no incide a que se pierda la costumbre, porque los habitantes aman en general la cultura y orgullosamente la heredan a las nuevas generaciones.

GESTORA CULTURAL

Narró que en el 2012 efectuó una muestra de cine en el Parque Central de Tuxtla Chico, donde todos los días en el transcurso de una semana proyectó películas como «Noviembre», “Todos los caminos llevan a casa”, «El marido de la peluquera», “Las tortugas pueden volar”, entre otras.

Asimismo, comentó que Tuxtla Chico es el segundo pueblo fundado en la región del Soconusco, seguido de Huehuetán, y debido a su importancia histórica, le surgió la idea de realizar un festival cultural que en algún futuro sueña que sea como un Cervantino. “Convoqué a personas interesadas en el área cultural y creamos un colectivo que se llama ‘Casa de Fuego’, significado del volcán Tacaná en mam, que divide la frontera entre México y Guatemala”.

Dijo que los integrantes de este colectivo son diversos, cada uno desempeña actividades diferentes, pero están interesados en el arte y sus expresiones: «Las personas que no están inmiscuidas en el área cultural y que tienen como actividad otras profesiones ajenas al medio, nos hacen reflexionar sobre las ideas que tenemos. Ese tipo de personas me llenan y ayudan, porque los artistas están acostumbrados a convivir con individuos de su medio, dado que se encierran en su círculo y eso propicia a que no tomen en cuenta las opiniones de los otros, y justamente a eso me refiero cuando pienso que convivir con gente que se dedica a otras labores, permite la percepción variada del mundo.”

Cuenta que entre sus proyectos a largo plazo «tenemos contemplado solicitar un Museo Comunitario, con el que esperamos encontrar resonancia en nuestras autoridades municipales, ya que Tuxtla Chico cuenta con la zona arqueológica de Izapa, uno de los centros ceremoniales más importantes de Mesoamérica. Cabe aclarar que dicha propuesta fue emitida por Irene Saucedo, quien consiguió asesoría del Instituto Nacional de Antropología e Historia”.

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Foto: Brenda Obregón

Eres una chica con mucha energía, siempre estás planeando alguna actividad o escribiendo, y en parte de tus textos abordas la temática de la religión, pero, ¿en qué Dios cree la poeta Andrea?

Efectivamente manejo esa temática. Creo en Dios. Leo la biblia. Busco los medios para llenar esa parte espiritual, puesto que si en la vida no hay Dios ni fe, nos convertimos en personas vacías. La sentencia podrá ser un cliché, pero es real. Cierto día, me surge la necesidad de encontrarme con el mar. Tenía la sensación de que algo se me iba a revelar esa tarde y justo al llegar al puerto, conversé con un pescador que se encontraba lanzando el anzuelo y después de haber cruzado palabras, partió porque el sol comenzaba a ocultarse. Posteriormente, giré la mirada y el señor había desaparecido. Enseguida abrí el libro al azar e hizo aparición “Diario en la penumbra” de Fernando Pessoa, cuya parte final cita que el hombre sin Dios no puede vivir; verso que me conmovió porque ese día yo buscaba una respuesta: Dios, quien se me figuró en el pescador y el océano.

Luego de su relato apuntó que la bibliomancia es un acto que practica cuando la incertidumbre toma las trincheras de su tranquilidad y busca un libro al azar para que alguien le arroje las palabras idóneas.

-¿Ser poeta se convirtió en tu vocación o parte de tu destino?

Yo creo que ambas. El destino confabuló con la vocación para situarme aquí, o tal vez tenga que ver alguna vena artística. Tengo un tío poeta apenas fallecido, Humberto Ibarra Córdova, a quien busqué un año antes de su muerte. Platicamos como cuatro veces quizás. Él me mostraba sus poemas y yo le dediqué uno, el cual me solicitó para incluirlo en uno de sus poemarios respetando mi autoría. Algunas de sus obras las publicó por sus propios medios y otras producciones fueron incluidas en antologías, entre ellas, una que se editó en España. En general, puedo decir con orgullo que su labor ha sido reconocida a nivel estatal, pero no como debería de ser porque realmente se lo merece.

 

-Entonces, ¿cuándo te vuelves creadora?

Fijó la mirada en su té frío de kiwi. Suspiró. Giró y giró la cuchara, como si cada giro la transportara a esa época de ensoñación.

En la niñez todos somos creadores, tenemos la imaginación muy despierta, sin embargo, recuerdo que mis padres nos leían cuentos antes de dormir. Algunas tardes en mi casa, con mis hermanas (Donají, quien es menor que yo por dos años; y Elena mayor por cuatro), tomábamos un libro de la biblioteca del hogar, y Donají me pedía que le leyera cuentos cuando yo ni sabía leer, pero me las ingeniaba para contarle historias por medio de las imágenes contenidas en cada página.

Comentó que los primeros ejercicios de escritura fueron cuando cursó la secundaria Leyes de Reforma, en el municipio de Cacahoatán, donde tuvo como maestro de español a su tío Rufino González (finado). “Él nos ponía a escribir cuentos para acreditar la material, lo cual resultaba entretenido a esa edad, porque nos daba antologías poéticas que incluían a Pablo Neruda, César Vallejo, Guillaume Apollinaire, Arthur Rimbaud, poetas que marcaron mi adolescencia”.

-Entonces, ¿estudias literatura por el gusto a la escritura?

No, la literatura para mí fue un accidente. No era una disciplina que tuviera contemplada. A los dieciocho años tuve mi primera encrucijada, como todos. No sabía qué estudiar. Quería derecho o arquitectura porque pensaba que resultarían redituables para vivir, aunque por otra parte, la inclinación por el cine, la danza o el dibujo también me parecían interesantes. Sin embargo, terminó por convencerme la licenciatura en derecho, pero me faltaron diez puntos para aprobar mi examen de ingreso en la Universidad Nacional Autónoma de México. Luego mi mamá, quien es licenciada en español, me sugirió estudiar literatura por mi gusto a la lectura y acepté. Ahora estoy aquí, dedicándome a la corazonada de mi madre. Cuando cursaba el primer semestre de la carrera en Lengua y Literatura Hispanoamericanas, en la Facultad de Humanidades, Campus VI, de la Universidad Autónoma de Chiapas, estaba probando si realmente me gustaba la licenciatura, y en segundo semestre terminé cautivándome por las letras.

Agregó que ha tallereado sus textos con el poeta e investigador cultural Mario Nandayapa, en las instalaciones de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas; con el poeta, ensayista e investigador Ricardo Cuéllar Valencia, en el Centro Cultural Jaime Sabines; con el poeta y compositor Washington Benavides, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en la Universidad de la República de Uruguay y con el narrador mexicano Daniel Espartaco, en el Departamento de Servicios Culturales.

Cuenta que la literatura le ha ayudado a sensibilizarse y que ha sido influenciada por Josefina Vicens, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño, Clarice Lispector, Idea Vilariño, «pero mi autor de cabecera es Fernando Pessoa».

-¿Qué voz tiene tu poesía? 

Mi voz siempre se está renovando, es transitoria y esto se debe a las lecturas que tengo. Sé que este canto no es definitivo porque sigo en la búsqueda continua de mi discurso. No existe mejor literatura que la que se cuenta desde la experiencia, y me parece que eso ha sido el triunfo de algunos poetas y escritores. No podemos hablar de algo que no conocemos, los hechos se viven para poder expresarlos y por ello mi poesía parte desde lo que soy, va de la mano con mi personalidad.

 

-¿Te has visualizado ganando un premio?

¿A quién no le gustaría que le reconozcan su obra? Pero creo que el verdadero artista, el que sabe que es bueno desempeñando lo que hace, no necesita premios, el tiempo se dedicará a consagrarlo. No obstante no niego que el monto económico sirva para dar difusión a la obra, puesto que es un mal necesario.

-Andrea, ¿qué le hace falta al estado para impulsar a los jóvenes creadores? En la entidad hay mucho talento:

«Levantas una piedra y encuentras un poeta, un músico o pintor», pero hace falta apoyo por parte de las instituciones culturales tanto a nivel estatal y federal. Muchos jóvenes tienen proyectos construidos pero cuando deciden desarrollarlos con las dependencias, les niegan el apoyo. El problema de los puestos gubernamentales no es nada nuevo, los recursos culturales los utilizan para otras actividades.

La poeta recalcó que debido a la corrupción en las instituciones encargadas de promover la cultura, cuando se lanzan convocatorias resultan premiados los integrantes del círculo amistoso de los funcionarios: “a mi amigo, a mi compadre”. Aunque admitió que existen concursos “muy derechos” que premian el trabajo y el mérito. También consideró que los cargos públicos en dependencias culturales deben ocuparlos “personas creadoras, conocedoras del arte, porque a los políticos simplemente no les interesa”.

-En el periodo de febrero-julio del 2013 estuviste de intercambio académico en la Universidad de la República de Uruguay, en Montevideo. ¿Cuál es la percepción del extranjero hacia México y qué percepción cambió en ti?

Es lamentable que a través de los medios de comunicación sólo se conozca la farándula, por ejemplo, en Brasil y Uruguay se hacen más famosas las novelas mexicanas y las critican porque no reflejan la realidad de nuestro país y te confieso que me desanimaron esos comentarios porque no son nada halagadores. Aunque debo reiterar que al territorio mexicano lo relacionan con íconos representativos para nosotros como son los sombreros, tacos, enchiladas, mariachis, narcotráfico (lo queramos o no) y referencias a cantantes como Pedro Infante y Agustín Lara. Los estudiantes universitarios obviamente mencionaban a Octavio Paz, Ramón López Velarde y Elena Poniatowska, por ejemplo.

Refiere que el intercambio académico en Uruguay le sirvió para querer más a la cultura mexicana: “en el extranjero se acentúa el amor nacionalista porque ya no te llaman por tu nombre, sino te dicen: ‘la mexicana’ o ‘el mexicano’, por lo menos a mí me ocurrió así».

 

-¿En qué te desempeñarás en el futuro?

 Me gustaría la docencia a nivel preparatoria o universidad, dirigir cortos cinematográficos, ya que cursé el diplomado de guión cinematográfico en la Universidad Descartes-CUEC 2013, impartido por los guionistas Patricio Saiz (Co-escritor de la película “Nosotros los Nobles”) y Carlos Marín. También quiero desempeñarme como promotora cultural e investigar sobre la relación de la literatura con la religión.

En la cafetería era abril y ella pájaro de un miércoles tal… un pájaro que canta con la tierra, que cuida a su árbol de mango “giro, tras giro, tras giro”. Alguien clavó una hormiga en su espalda que replica a medianoche la creación de sus personajes y ella no padece de insomnio, no, la noche es su casa, su hábitat para edificar el ritmo que dejó el mar descalzo. No sé en qué minuto de la entrevista terminé de beber mi té, eso indicaba que la charla terminaría. Andrea dio el último sorbo a su taza, refrescó su sombra y floreció su ombligo. La niña del pañuelo rojo no tiene reloj, pero sabe que detrás de esta ventana la espera una huella que ya florece la raíz de su nombre.

Revista Enheduanna

One Response to La poeta del pañuelo rojo

  1. Ruben OC 21 septiembre, 2018 at 8:56 pm #

    Buenas noches. Disculpe, me preguntaba en dónde puedo encontrar los poemarios del tío de la chica; Humberto Ibarra Córdova. Espero pueda proporcionarme esta información, muchas gracias de antemano.

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