MAR

La niña que quería conocer el mar

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A las niñas de mis ojos que cumplieron años en septiembre: Binisa, Amaril y Yamileth. Les doy mi corazón y lo único que he aprendido hacer…

Conocer el mar siempre había sido su sueño, pero Lorena, quien había nacido en la parte más alta del cerro del loro en el municipio de Villaflores lo veía imposible. Había nacido sin piernas en un lugar en donde las personas tenían las extremidades más largas del mundo.
Las piernas de quienes vivían ahí llegaban a medir entre 3 y 4 metros. Los hermanos de Lorena que aún eran pequeños apenas alcanzaban los dos metros, pero ella, simplemente no tenía.
Su padre le aseguró que el día que cumpliera 10 años la llevaría al mar de regalo. Rentaría una lancha, especialmente, para llevarla hasta el lugar en donde se cruzan el mar muerto y el vivo porque ahí no es necesario tener piernas para poder andar, el mar es tan, pero tan bajito que cualquiera puede estar sin ahogarse.
El día de su cumpleaños, Lorena se alistó para irse con su padre. Toda su familia la despidió y le deseo suerte en su viaje. Pero, de repente empezó a sentir un miedo inmenso de que ese lugar no existiera, que no fuera cierto que ella pudiera pararse en ese sitio y poder estar en el mar sin ahogarse y que solo hubiera sido una mentira piadosa de su familia. Aun así decidió ir.
Disfruto todo el recorrido en lancha. Llegó a pensar que si no era posible que ella pudiera estar en medio del mar no importaba porque todo lo que había visto era hermoso, pasaron por un camino lleno de manglares, la tarde era bella. Llegaron al punto en donde el mar muerto y el mar vivo se cruzan. Tanto su padre como el lanchero le dijeron que era seguro que bajara, pero ella miraba hacia abajo y tenía la claridad que no había fondo, pero decidió no pensarlo mucho, se bajó, sintió el olor del agua salada y de repente ahí estaba en medio del mar sin ahogarse, empezó a escuchar el motor de la lancha, volteó a ver y vio que su papá se despedía de ella y alcanzó a escuchar como le decía: “Ahí te crecerán las piernas”. Ella era una sirena.

Revista Enheduanna

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