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La mirada de María Sojob en el cine

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Cuando María Sojob descubrió el cine, encontró un medio en donde puede comunicarse con otras personas, liberarse y mostrar quién es. A los 14 años, conoció una sala de cine cuando asistió al cinema Santa Clara, en San Cristóbal de Las Casas. Sin embargo, fue con el Movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuando su familia se informaba sobre el suceso a través de una televisión a blanco y negro.

Sus abuelos y tíos no hablaban español, por lo que, no lograban comprender lo que se transmitía y ella les traducía porque creció siendo bilingüe. Con 11 años de edad, María, tuvo la necesidad de poder contar con un espacio en donde se informe en su propia lengua: tsotsil. Tenía la intención de ser reportera, hablar su lengua y llegar a las comunidades. El deseo se convirtió en realidad: estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación.  Irse a la ciudad, comparte, fue un cambio fuerte, social, cultural y lingüístico.

 Dio su servicio social en una radio de San Cristóbal de Las Casas; y posteriormente, en el Sistema Chiapaneco de Radio Televisión y Cinematografía en donde presentaba las noticias a comunidades indígenas y, las comunidades reconocían su labor y la invitaban a grabar aspectos culturales propios del territorio. “La lengua propia de la comunidad, escucharlo desde un medio de comunicación, es importante”.

Su primer acercamiento a lo audiovisual, fue después de que su papá le regaló una cámara y la mandaron a llamar para que grabara un conflicto territorial entre Chenalhó y un pueblo vecino. De esta manera, se podía mostrar cómo el gobierno los tenía en el olvido. Pensó qué otras cosas podía grabar, así que realizó cápsulas sobre jóvenes que sobresalen en las artes. Así como a un grupo de rock de San Juan Chamula. Estas motivaciones la llevaron a ser becada para una fundación y del 2011-2013, estuvo en Santiago de Chile, estudiando una maestría en Cine.

Ella le ofrece al cine una mirada no de una mujer tsotsil sino como María. Ya que no puede decir que así piensan y sienten todas las mujeres. Habla más de historias que la han atravesado: desde su niñez y juventud. A partir de eso busca hablar y no dejar atrás su lengua, su cultura. Le gusta seguir haciendo películas en su lengua, pensadas y reflexionadas desde su cultura y comunidad. No desde la cuestión antropológica o el folclorismo.

«Nosotras, las tsotsiles, sentimos, nos emocionamos, y nos cuestionamos sobre el amor, y estamos entre el tránsito, de la comunidad  y urbano.  Es mostrar sin folclorizar», añade.

A la fecha ha presentado el documental Bankilal, el hermano mayor en el 2015, que fue el proyecto de maestría y por su alcance estuvo en Festivales. En este proyecto grabó a un guía espiritual. Antes, dice, era común tener un rezador dentro de la familia, elementos que se han perdido por los medios de comunicación, religiones y políticas culturales.

Mientras que, en Tote_Abuelo, estrenado el año pasado en Morelia, obtuvo el premio La Musa, por parte de la Asociación del Cine y Televisión, como mejor documental realizado por una mujer. En este 2020, formó parte de la gira Ambulante. Una gira totalmente diferente a lo establecido, debido la situación sanitaria por la Covid-19, por lo que, la gira llegó a casa, a los dispositivos móviles, tablets y laptop o computadoras.  Asimismo, ocurrió cuando se incluyó en la cartelera de la plataforma de Filiminlatino.

Sin embargo, este documental -que le llevó cinco años de creación desde que lo pensó hasta estrenarse, surgió a partir de que su abuelo materno se enfermó y estaba en el hospital. Recordó que su abuelo, es el único que se dedica a hacer sombreros en Huixtán. Por ello, decidió hacer una memoria visual, mismo que no pensó que este documental formaría parte de festivales, ya que, quería este material para su familia. 

En Tote_Abuelo buscaba como nieta, como María, como directora, como mujer, poder entender varias cosas que le atravesaban desde los conflictos de identidad y entender porqué la relación de su familia era de una manera distinta. Logra reconocer y reflexionar, que hay muchas otras formas de amar, de decir te amo o decir amor, amor con chulel.

Como parte del proyecto, se cuestionó sobre la ruptura del territorio que ella tenía con el pueblo de su mamá, puesto que se identificaba con Chenalhó, pueblo de donde es su papá. Por lo que, indagó sobre las raíces e infancia de su mamá, quien desafió los roles establecidos de su comunidad, y quien a los 11 años de edad, se va a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, a trabajar de empleada doméstica, a estudiar y hacerse de una profesión.

En el proceso de este documental, hubo varias pausas por cuestiones financieras, así también, comprendió cosas de su familia y de su persona, que no las había interiorizado, que anteriormente no entendía porqué no había una relación afectiva con su mamá.

María, proyectó cómo se vive el amor, los sentimientos y las emociones, desde el seno familiar tsotsil. Asimismo, cómo se desarrollaba en el mundo tsotsil y mestizo, puesto que, anteriormente, había vivido un conflicto de identidad, no se sentía parte de un lugar, se sentía ajena a la ciudad y a la comunidad. Por tanto, el documental habla también sobre ella, sobre las emociones y de tejer la memoria, reconstruir la memoria y de las rupturas sociales y lingüísticas.

De acuerdo a la cineasta, el documental fue un proceso de reconocimiento. Comparte que el tejido simboliza el poder reconstruir una memoria, una historia, ir jalando fragmentos e ir entrelazando la memoria histórica y familiar. 

“Es también repetir un patrón o cambiar patrones, tiene muchos simbolismos, el entrelazar fragmentos e historias: su mamá. abuelo, y su propia historia. Que al final es una sola. Es la metáfora, dispositivo narrativo del documental, tejer una historia, su propia historia. Con los fragmentos de la historia y vida y emociones de sus hijas”.

SER UN ESPEJO

La entrevistada cuenta, que la Gira Ambulante y Filminlatino, han sido importantes para su carrera. Es el reconocimiento a su trayectoria, pese a contar una historia íntima y personal, porque, habla no sólo de un tema que viven como tsotsiles, en varias culturas y familias, como: fragmentación emocional-afectiva y rupturas familiares.

“El hecho de que esta película sea un espejo para otras personas, es muy importante, porque se sienten identificados. Es importante, porque se autoreconocen en otras personas”.

LA LENGUA COMO COLIBRÍ

“Soy tsotsil, hablo mi idioma, me siento orgullosa”, resalta la entrevistada y comenta que, la lengua materna es el medio que le permite entender y comprender el mundo de otra manera, de una manera distinta, desde otra filosofía de vida. He aprendido cine de otra manera. Es el medio para reconocer y reflexionar y pensar desde otra forma, visión o mundo. María considera importante transmitir el idioma a los hijos e hijas para que  crezcan con el idioma, ya que, cuando comenzó a trabajar en el Celali se percató que varias lenguas se estaban dejando de hablar. 

Además, se permite comparar a su lengua como un colibrí, “porque la lengua es dinámica, se mueve de un lugar a otro, está llena de metáforas, es una belleza maravillosa. Está llena de poesía y metáfora, que va de un lugar a otro, transita, que a veces no lo vemos y nos cuesta reconocernos, se mueve, se transforma. Representa las almas de las personas que ya murieron. La lengua es el legado de nuestras ancestras y ancestros”.

 

 

Enfatiza que se vive una etapa de reivindicación como pueblo y reconocimiento, ya que se les fue despojadas muchas cosas: “Se violentó  nuestra cultura, y el conocimiento de nuestros primeros padres-madres. Nos vendieron la idea de que hablar la lengua era símbolo de vergüenza. Fueron maltratados, y vivieron el proceso en donde se arrancaba la lengua desde el pensamiento y corazón para pensar desde el occidente, sin muchos matices”.

Debido a ello, subraya que se dan cuenta de esos conflictos de identidad y se preguntan: por què; se encuentran que, detrás de ese proceso, los padres no querían transmitir el idioma, ya que el idioma era el dolor, la vergüenza.

“Este mundo occidentado es decadente. Empezamos a reconocer nuestro idioma, lenguas y por eso volvemos a ella, la retomamos y no permitimos que no se extinga y compartirla en nuestro contextos. Reconocer la importancia de nuestras lenguas. Si se muere la lengua, se muere nuestra lengua y una forma de ver el mundo”, puntualiza.

Revista Enheduanna

 

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