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La guardiana de lxs desaparecidxs

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FOTOS: KARINA ÁLVAREZ

Guadalupe Peralta ha enterrado a 61 cuerpos en los últimos 4 años. Ninguno es familia suya, ni siquiera lxs conoció, muchxs no tienen nombre, origen, porque nadie los reclamó. Son cadáveres no identificados que por sentido humanitario, ella les quiso dar “cristiana sepultura”. Son lxs desaparecidos, lxs invisibles, a lxs que Lupita les dio un adiós con un sencillo cajón de madera y unas flores que colocó después de la última pala de tierra.

Jubilada, dedicada ahora al trabajo sindical y a su negocio que se encuentra en el centro de la ciudad capital, Guadalupe cuenta que esta misión la inició por un feminicidio cometido en el Parque central donde el 1 de enero de 2011, fue encontrado el cadáver de Paulina con 13 puñaladas en el cuerpo.

La joven, que no llegaba a los 15 años de edad, originaria de alguna comunidad de Chiapas, era simplemente Paulina, la chica sin apellidos que llegó de pronto a su tienda y desde entonces iniciaron una amistad. La recuerda como alguien servicial, amigable, trabajadora, que iba a donde le ofrecieran empleo. Desconocía si tenía familia y se enteró después que tampoco tenía un lugar donde vivir, pues se hospedaba en donde la emplearan.

En medio de las celebraciones de año nuevo, Lupita se enteró que a Paulina, alguien (o “alguienes”), de quienes hasta ahora se desconoce nombres y apellidos, le había cortado violentamente la vida.

“Algo se tenía qué hacer”

¡Mataron a Paulina! Le dijeron sus hijos esa noche de año nuevo. Su cuerpo estaba ahí, “en medio de los tres poderes, en la explanada del zócalo. Ya le habían puesto flores y veladoras, me dijo el policía que se la habían llevado al Semefo (Servicio Médico Forense) yo no conocía, pregunté y fui. Me enseñaron la foto y sí era ella. Me mandaron al Metropolitano (Centro de justicia) y el que estaba en turno empezó a pedir datos y papeles que yo no podía darle porque ni los apellidos tenía.

“Me hizo que firmara una cartita donde yo iba a recuperar el cuerpo y se lo firmé y después me dijo que eso no servía para nada. Me mandó con varios licenciados, y uno que se llamaba Fabricio me preguntó que en cuánto iba a vender el cadáver. Yo no sé si venden los cadáveres, allá ustedes, yo sólo la quiero enterrar, le contesté”.

Le llevó 5 días hacer todos los trámites correspondientes. “En la dirección de panteones pagué 800 pesos por la excavación en el panteón Jardín San Marcos, en el libramiento Sur. Cuando la fuimos a sacar al Semefo, le llevamos ropa: blusa, pantalón, brasier, calzón, chanclas, todo blanco. Fuimos tres a enterrarla, todas mujeres: Lourdes Hernández y María Elena, que son unas amigas con las que dimos las vueltas. Cuando llegamos al panteón, el de la carroza la dejó en la capilla, no había quien la cargara y entre las tres la llevamos en carretilla.

“Pero quedaban más cadáveres en el Semefo, yo ni sabía qué onda, pero algo se tenía qué hacer y pregunté. Un notario me cobró 8 mil pesos para el acta constitutiva de la AC y con el apoyo del director del Semefo empecé a hacer los trámites de los demás que quedaban, eran 7. Voy a regresar por ellos, le dije”. Así fue como nació la Fundación para el rescate de cadáveres no identificados Paulina, 1 de enero.

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“¿Cómo es posible que alguien salga de casa, no regrese y nadie lo busque? También ellos después de muertos merecen un entierro digno” reflexionaba Lupita después de saber que muchos permanecen hasta seis meses en el Semefo.

De los 61 cadáveres no identificados (contando a Paulina) que Lupita ha enterrado, la mayoría son hombres. De ese número 6 son fetos o recién nacidas, todas del sexo femenino encontradas en lugares públicos. Algunos de los 61 provenían del Hospital Regional de esa ciudad y observando sus rostros fotografiados se descarta la idea de tratarse de personas indigentes, que es lo primero que se piensa sobre estos humanos a quienes nadie busco o encontró.

Una línea de investigación es que estas personas se hayan encontrado en calidad de migrantes en tránsito, dado el carácter fronterizo de Chiapas y por la migración interna de las comunidades a las consideradas grandes ciudades en especial a la capital Tuxtla Gutiérrez. El caso de Paulina es paradigmático puesto que se trataba de una adolescente que huyó de su comunidad de origen La Libertad, municipio de Huixtán, presionada por el maltrato de su padrasto y la pobreza, en busca de un trabajo a pesar de su poco dominio del castellano, según indagó el periodista Fredy Martín.

En este sentido, Miriam González directora del Instituto para las Mujeres en la Migración AC (IMUMI) con sede en Ciudad de México, explicó entrevistada que “… las desapariciones no son nuevas, personalmente tengo historia de familiar desaparecido desde hace más de 25 años, pero como organización no podríamos decir qué porcentaje del total de personas desaparecidas actualmente en el país, corresponde a personas migrantes.

“Lo cierto es que también entre las personas desaparecidas hay población migrante, y así lo demuestran las madres de familia que año con año a través de la Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes recorren nuestro país en busca de sus familiares”.

Uno de las alternativas para la localización de desaparecidos es lo que están realizando la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho en conjunto con los comités de familiares de migrantes desaparecidos de Guatemala, El Salvador y Honduras y el Equipo Argentino de Antropología Forense que en conjunto “buscan generar un banco de datos de ADN para la localización de familiares, esfuerzo que pretende integrar a los gobiernos de la región”, explica Miriam González.

Guardiana de la cultura

Cada 1 de enero Lupita sigue recordando a Paulina, coloca flores y veladoras en el lugar donde fue encontrado el cuerpo apuñalado, bajo un árbol. En el primer aniversario luctuoso, montaron un stand en el parque central, “mandé a hacer playeras y nos pusimos en el parque con información y alcancías que tenían 20 o 50 pesos, han de pensar que la AC es ficticia como muchas que hay. Dejé de hacerlo, el stand lo pongo cada año y le llevo flores” dice y responde que ante la escasa solidaridad, ella sufragó todos los gastos en los trámites para el entierro de los 61 cuerpos.

Durante casi cuatro años, Lupita y los integrantes solidarios de esa Fundación, también difundían las fotografías de aquellos cadáveres que estaban en condición de ser fotografiados, en copias fotostáticas y las pegaban en diversos puntos de la ciudad con el mensaje de si alguien lo reconocía acudiera al Semefo.

Actualmente Lupita ya no realiza esa labor casi misionera, porque en marzo del año pasado “el director del Semefo me dijo que le habían prohibido que yo entrara y  no supo explicarme por qué, a quién debo acudir, sólo que fuera a la Procuraduría, me dijeron que si no acudía, me iba a llevar la fuerza pública”.

La desprendida y humanitaria labor de Lupita recuerda a la de “Las Patronas” mujeres que dan comida y bebida a los migrantes que van de paso en el tren La Bestia, en Veracruz; también a Norma Angélica Bruno Román, fundadora de “Los otros desaparecidos” que hiciera una labor similar a la de Lupita en Iguala, Guerrero.

La socióloga y comunicadora feminista Ana Silvia Monzón, considera que este activismo, presente sólo en mujeres, se debe a una razón fundada en la cultura. “Las mujeres son consideradas guardianas de la cultura precisamente por el papel que tienen en el mantenimiento de los rituales, como el nacimiento, las fechas significativas y la muerte. La historia de Lupita se sitúa allí, cómo esta mujer responde a ese rol pero también su sentido humanitario, la ética del cuidado la lleva a velar por la dignidad de esos cuerpos olvidados, rechazados por la sociedad”.

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Doblemente desaparecidxs

Aunque el municipio cuenta con un recurso especial para los cadáveres NO identificados, estipulado en la Ley orgánica municipal en el capítulo II relativo al “Servicio funerario gratuito”, tal parece que su sentido humanitario no le alcanza para hacer esta labor.

En una visita que se realizó al panteón municipal Jardín San Marcos, en la zona llamada “de cuarta” donde están enterrados los presuntos zapatistas caídos en los primeros días de enero de 1994 y los “no identificados”, se encontró que en el lugar donde Lupita enterró los cadáveres, hay nada.

El paradero de Paulina y de los otros 60 es hasta hoy un verdadero misterio. Sólo se sabe que ellos y ellas están ahora en calidad de doblemente desaparecidxs.

 

Revista Enheduanna

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One Response to La guardiana de lxs desaparecidxs

  1. alberto 16 mayo, 2016 at 9:15 am #

    Un orgullo!!!

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