bruja

La bruja

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PRESENTAMOS EL CUENTO GANADOR DE LA TERCER CONVOCATORIA DE CUENTO CORTO EMITIDO POR LA REVISTA ENHEDUANNA, EN SU VERSIÓN IMPRESA, DISFRÚTENLO!

POR: KARLA ESCOBAR

¡Las brujas si existen! Yo conozco a una. Ella es horrible, claro, tiene el pelo cano y usa kilométricas faldas que le llegan a los talones, su piel parece haber sido tallada en mármol por un escultor de manos torpes y temblorosas. Es una mujer ya muy entrada en años que vive rodeada de pollos y en cuya casa sobresale un enorme árbol plantado a la mitad del patio y por el cual todo el tiempo puede escucharse el canto de los pájaros gracias a sus frutos, mismos que son capaces de propinar tremendos golpes en la frente si no se es precavido.

La bruja permanece horas con una oreja pegada al auricular de la radio, gusta de escuchar relatos románticos y pose una memoria extraordinaria, tanto así que es capaz de recordar e interpretar una canción que escuchó una sola vez de la voz de su padre y cocinar una receta que vio preparar cuando niña.

La bruja en cuestión tiene un caldero, aunque su contenido no es verde ni burbujeante, lo que hay en su interior depende de la dolencia del paciente. Por ejemplo, la última vez que acudí a su tétrica cocina llena de horripilantes adornos de porcelana, fue porque en mi interior se gestaba una violenta batalla entre el bien y el mal, o por lo menos así se sentía; mi vientre fue palpado y esculcado hasta hallar a los combatientes y en efecto, después de un breve recorrido por mi región abdominal, la bruja, viéndome con severidad dijo: señorita, lo que usted tiene es el mal del ciclo lunar y acto seguido, caminando de un lado a otro escogió con meticulosidad los ingredientes del hechizo que mis entrañas necesitaban.

¡Destripó!   Vainitas   de   vainilla,   ¡machacó!   verdes   hierbas   aromáticas   y ¡desmembró! Una a una las ramitas de una planta seca; puesto esto al fuego dejó que hirviera por varios minutos, y yo, temerosa de mi vida imploré rapidez en la preparación del menjurje. Cuando sentí que el alma se me desprendía del cuerpo el remedio estuvo listo, lo colocó en un tenebroso recipiente, parte de su vajilla de barro y prosiguió a verterlo sin piedad por mi garganta. He de decir que sobreviví a tan terrible experiencia sana y salva, que el bien triunfó sobre el mal dejando a mi vientre descansar en paz, claro, gracias a la señora de las muchas décadas..

 

He de confesar también, que la bruja tiene nombre y apellido, que no es horripilante como dije al principio, es bella, dulce y transparente. La bruja es mi abuela y su magia es producto de una memoria privilegiada y de muchos años de convivir con la naturaleza, de conectarse con ella caminando por la milpa y el monte recolectando hierbas comestibles y curativas. El caldero no espera, los conjuros y hechizos corren el riesgo de desaparecer si no se les pesca antes de que se esfumen junto con el alma de la curandera, hay que saber recibirlos para conservarlos y llevarlos a la práctica, pronto  la bruja de pelo cano seré yo y aunque no posea el innato encanto de las manos de mi abuela, sabré plenamente curar empachos, males lunares, tripas torcidas y amores muy mal pagados.

Revista Enheduanna

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