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CONSTELACIÓN DE LUNARES SONORA

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Por: Victoria C. S.

¿Se han preguntado si nuestros lunares son más que manchas sobre la piel?

Para algunas culturas las marcas de la piel y específicamente de la mano, han sido interpretadas para describir lo que somos, qué hemos realizado e incluso qué es lo que puede llegar a suceder.

Los lunares al igual que las líneas, nos exhortan para describirnos hasta el destino.

Durante varios siglos cada civilización ha tenido un concepto distinto acerca del destino, que indiscutiblemente para que ello surja es necesario que toda acción venga de uno mismo; siendo así, que toda acción conlleva a responsabilidades tanto con una como con los demás y hablando del arte es aún más; no por nada se dice que el escenario (que desde mi punto de vista, escenario es el espacio, cualquiera que sea como punto de partida para crear), es el lugar donde lo verdadero transforma y lo que no es, queda en pura banalidad sin miras a seguir avanzando.

Y ¿qué tiene que ver con la música?

La creación es un universo de posibilidades que no se puede quedar inerte, la creación no es predeterminación, con esto no quiero decir que lo que ya está hecho no sea punto de creación, por ejemplo en las tradiciones; por esencia la tradición es lo que siempre da identidad a un pueblo y por ende, data de mucho tiempo pero que de cierta manera coexiste con los cambios sociales, se mueve porque siempre habrá algo qué decir. Sin embargo, la creación y la tradición no caben en los “sistemas” que solo van en pos de la mercadotecnia, el puro bisness.

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Es así como surge el proyecto LUNARES; en donde los lunares de cinco músicos y la sensibilidad creadora y tejedora de la compositora Daniela Falcon, hacen posible una constelación sonora que conjunta el arte visual, dirigido por Indiana Christov y el arte escénico dirigido por Ireli Vázquez, que además plasma la esencia de cada uno, los oscuros y los claros del ser; una mágica forma de conocerse y de conocer al otro.

Dentro del proyecto mi función es la voz, que le da canto a cada lunar y se entrelaza con los lunares del percusionista Víctor Contreras, el contrabajista Iván Cruz y las violinistas Urpi Dainzú y Alina Hernández. El proceso para cada uno fue un vislumbrar de nuevas posibilidades, precipicios constantes, inquietudes, saberse el uno con el otro, abrirse, conocer las fortalezas y vulnerabilidades de cada uno, con la satisfacción de trabajar, de crear en conjunto, sabiendo que cuando uno se deja conectar todo fluye y que habiendo adversidades, la comunicación, el amor que se tiene al mismo arte hace que sea posible alcanzar expresarse de la manera más pura de ser como se ES, teniendo en cuenta que ser humano significa transformación constante siendo yo-tú.

Entonces me di cuenta que es fundamental, conocerse y atreverse, escuchar nuestro ritmo, disfrutar lo que hacemos y reconocer con orgullo cada línea que se forma o lunar tatuado en nuestra piel.

¿Qué tal si pudiéramos lograr una enorme constelación sonora? En algún punto de la vida nos conectaremos y que al suceder, la resonancia de cada uno fuera una especie de sanación, el saber mirar desde el corazón, desde lo verdadero para que así la llama de la esperanza nunca cese y de verdad otro mundo pueda surgir.

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Noche cantando lunares

de mis pies a mi cabeza,

puede que sean solo azares

o desvelen mi proeza.

Noche cantando lunares

de mis piernas y mis brazos,

¿son caminos similares

conectándose a otros pasos?

Noche cantando lunares

de mi vientre y mi costado;

son veredas sublunares,

un destino conectado.

 

Diciembre 2015

 

Revista Enheduanna

 

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