circe destac

CIRCE

Comparte:

POR: MARÍA LUVINA RAMOS MORENO

 

En los días nublados, tardo en levantarme, disfruto el letargo sobre la vida que siento más al observar por mi ventana que el Sol no resplandece como se espera en los días soleados, mantengo el calor bajo las sábanas para no despegarme de mi cama y escucho la radio que dejé encendida toda la noche para arrullarme con canciones instrumentales.

A pesar de querer seguir durmiendo, resuenan los movimientos y acciones de personas en la casa, en la planta de abajo, suelo oír cotidianamente a mi hermana mayor haciendo el desayuno y el café, mientras en los cuartos, mi hermana menor comienza a caminar arrastrando las sandalias. ¡Sonido que me disgusta! El cuarto que está a mi lado también puede percibir los días soleados como en el mío, si llegasen a pasar; sin embargo la persona que duerme ahí sale en la oscuridad para ir a conseguir lo que indudablemente es necesario en casa.

El silencio está presente en ese cuarto, de pequeña dormía ahí y la afonía era mucha, porque hasta los abrazos resonaban en mi corazón; sabía que al oír sus tacones debía despertar y levantarme para ir con ella. ¡No me dejaba sola! Observaba cómo se trasladaba del clóset al tocador, en tono suave decía -agarra tu mochila, te espero abajo mientras guardo el desayuno- bajaba la escalera y todas sabíamos que era ella. Notaba el rostro de tristeza de mi hermana pequeña y de la mayor, al mismo tiempo de alivio de que me llevaran, sin duda era la más traviesa.

Ella nunca quiso a los perros, sin embargo logramos tener una, porque para desgracia es hembra (Odisea) –decía Mamá- se la pasaba en el patio de la casa, no se le permitía el paso en la cocina, sala y menos en los cuartos. La dueña parece más mi hermana mayor, porque le admite entrar por todas partes y la sigue a donde ella va, no la deja un solo momento; cuando llega mamá sabe que debe estar afuera, pareciera que al igual que nosotras reconoce quién es la de las reglas en la casa, no le teníamos miedo únicamente respeto por ser quien era, y al igual que Odisea nos manteníamos al margen.

Cuando llegaba a casa, me agradaba esperarla en el jardín que ahora observo desde mi cuarto, me encanta limpiar y cuidar las plantas de ahí, veo la fuente apagada que antes se mantenía con el ruido del agua y el Sol resplandecía en ese verde del pasto, brillante y lleno de vida, al igual que el pino, la sábila y las demás plantas, hacían conjunto con los tabiques hexagonales naranjas, ahora pálidos y cascarudos de la lluvia y sol. ¡El tiempo ha transcurrido!

Hemos crecido, somos personas diferentes, en lugares cambiantes y a pesar de ello, puedo seguir en la cama pensando que debo levantarme, buscar a personas, a mi familia, a mi madre, a mis hermanas, algún pretendiente, a mí misma y me digo: ¡Circe despierta!, arrastrando las sandalias voy al baño, mínimamente para seguir la monotonía del día y continuar las actividades laborales de una mujer del siglo XXI.

No puedo recuperarme de mí misma, comienzo a acostumbrarme al silencio, a prolegómenos de la vida, a filosofías baratas y repetitivas, a estar ausente. La historia parece repetirse de aquello que tanto odié porque de nuevo estaba vacía del tiempo que sentía que llenaba él, culpaba a mi soledad ahogada de la falta que me hacía, del complemento de ella e hice una armadura para protegerme de los demás, en especial de ellos.

circe2

Ese día, despierto asustada y levanto a mi hermana pequeña, aún en la fría noche de ese tiempo, esperaba que algo mejor sucediera porque sólo faltaba un día para mi cumpleaños -¡Oh sorpresa!- mamá nos dijo es momento de vestirse -¡rápido corran, utilicen su ropa de fiesta!- ágilmente y sin pensar busqué un vestido para mí y uno para mi hermana pequeña, ambas íbamos molestas e incómodas pero adormitadas, el sueño nos vencía, ninguna de las dos quiso en ese instante preguntar a ella ni entre nosotras -¿por qué no utilicé un short o pantalón o una blusa?, ¿qué de malo tenía ir vestida así?, sabíamos que íbamos a un evento importante por la ropa.

Llegamos al lugar, sentí que fue rápido, en mi sueño no hubo nada todo fue blanco, sabía que al momento de verme las personas, la mayoría en el lugar admirarían mi cabello lacio y largo, con mis ojos color miel y dirían: ¡Qué alta eres! igual que tu padre, de ser hombre te llamarías Abelina; casi tenía previsto los objetos y los sujetos que se acercarían a mí, observaría la sonrisa de ella, orgullosa de llevarnos visualmente como ellos concebían a las niñas, no era común vernos, ellos ya tenían un arreglo para las visitas programadas.

Sin embargo, esta no fue una de esas visitas, hay silencio, no fue todo como lo preví, no sólo era un silencio de la noche que es como orquesta natural, donde las hojas y las plantas se mueven en vaivén por un aire, que hasta los zompopos siguen un ritmo de vida; era ese silencio que duele en el alma como cuando se cierran los sueños y se matan las ilusiones.

La entrada sombría y helada me caló el alma, el halago de la gente en el lugar simplemente se convirtió en lástimas con un sinfín de significados, caminé al centro viendo los rostros con miradas profundas, voces bajas y delicadas, besos a cuenta gotas y me permitieron llegar a aquél objeto frío y duro que obstaculizaba besarle la cara, todo se nubló hasta que llegó el instante en el que él comenzó a alejarse de mis pupilas – ¡Cinco minutos más!- mi mente exigía volver a ver su sonrisa ancha, esa que al verme era tan grande, esa que llenaba todas mis expectativas, esa que al recordar me hace ser la mujer más fuerte y a veces me convierte en la más débil.

Mi hermana más pequeña al verme me dio un caluroso abrazo y beso, único en el mundo porque así lo sentí, con una magia que regresa a mí cuando vuelve a ocurrir, preguntó: ¿Circe, qué le pasó a papá?, ¿verdad que está durmiendo y se levantará? y eso me desbarató trozo a trozo. Su mirada y su pregunta inocente fue un desafío mental y emocional, me solté en llanto de nuevo y la vi a ella y a mi madre, sin palabras había una lección de amor, teníamos que seguir adelante enfrentando las dificultades y retos, amándonos unas con otras para tener éxito en una sociedad que nos hacía vulnerables como mujeres con la falta de un hombre en casa, aquello que ya muchos notaban pero no palpaban la ausencia que al mismo tiempo hacía que nos vieran tan desprotegidas, porque de vez en cuando llegaba por donde vivíamos.

Entonces me cuestiono ¿en qué creemos? en aquello que vaciamos toda nuestra esencia para ser felices, observo que somos como granos de arena en la intemperie de un universo sin conocer, que a veces los otros, ellos o ellas parecen simios desnudos con orígenes perdidos porque archivamos sonrisas con falacias, abrazos en diseño de la felicidad, esperando que otros nos amen, creyendo que tendremos un futuro conmemorable y protector que realmente es desconsolador porque limitan nuestras habilidades de amarnos a nosotras mismas y de ser autosuficientes.

Qué corto tiempo y qué cosas hemos vivido, nos hemos hecho fuertes, platicaba con mi hermana mayor después de una jornada laboral fastidiosa, mientras el cansancio del trabajo nos agotaba, las pocas fuerzas que teníamos nos permitía seguir en la preparación del alimento porque nos motivaba el olor de la comida, al terminar de cocinar nos sentamos y seguimos platicando de la complejidad de nuestra existencia, de la mía en particular. Me dijo: Circe que bonita familia tenemos, ¿verdad? Y no precisamente porque es funcional como dicen ahora, al parecer a él y a ella no los escucho con frecuencia; me levanté para ir por un vaso de agua y tragar saliva para continuar la charla en el comensal.

¿Dónde está ella?, pregunté asumiendo con responsabilidad y seriedad la expectativa de vida que espera que seamos. Con tristeza me dijo: la vida continúa, somos independientes a costa de la ausencia de ellos, especialmente de ella porque indudablemente sigue siendo el sustento del hogar para nuestra hermana pequeña, así que tiene que retirarse todos los días a lo que tú también haces mi querida Circe.

Así fue creada ella, su historia familiar le permitió ser ese sustento para solventar momentos difíciles una y otra vez, lo ve como oportunidades de enseñanza que surgen de forma natural, la motivan con la experiencia. Para ambas, la plática fue como abrir la herida que ya cicatrizaba, con un pasado doloroso que no nos permitió vivir el presente conmemorable, ese encuentro de ver a nuestra madre ser lo que era y es, ya sea por cualquier circunstancia y que al mismo tiempo nos veíamos reflejadas nosotras, mis hermanas y yo: “Circe”, nos comprometía en salir adelante porque la vida no era y no es fácil aún.

Llegué a casa consternada, me senté en el jardín otra vez viendo el sendero de tabiques naranjas, árboles bonsái, plantas de lengua de elefante, divagando en observar la naturaleza que me hacía verme tan pequeña ante la majestuosa altura de los árboles cercanos a casa, los más frondosos y verdes en sus tonalidades del atardecer, con troncos grandes para poder abrazarlos y al mismo tiempo sentirme grande al ver a las hormigas atravesándose en un espacio cerca de mis pies, pensaba en esos sucesos que cambiaron mi vestido por un pantalón, mi miedo por fortaleza, mi debilidad por coraza de metal, mi universo sobre la marcha me permitió ver mi pasado como compendio sólo de lo que quiero recordar, porque a veces hay sillas vacías, encuentros esporádicos, silencios rutinarios, personalidades aparentes con realidades fingidas, dando cada paso por inercia sin dirección.

Y yo con el letargo del diario vivir, comencé a darme cuenta de que la verdadera revolución está dentro de una misma porque somos es el resultado de nuestros pensamientos y quise ser Circe, la mujer que se parece a ella, y hoy no fue un día tan habitual como los demás, observando el jardín que ahora es mío, con espacios ocupados y tiempos dedicados; sin el arrullo de la música, sabiendo que podría ser un día nublado mañana, de nuevo en mi cama y sin contemplarla me quedé dormida, con silencios pausados de latidos de mi pulso, mente, amor y allá afuera los tabiques naranjas volviéndose de nuevo pálidos y cascarudos.

FOTOS: TOMADAS DE INTERNET

 

 

 

 

 

 

 

Revista Enheduanna

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: