Foto: Sandra de los Santos/Revista ENHEDUANNA.

Las mujeres de la danza del Calalá

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Foto: Sandra de los Santos/ Revista ENHEDUANNA.

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Es el último día de celebración de Corpus Christi (Santísimo Sacramento) en el municipio de Suchiapa, a unos 20 minutos de Tuxtla Gutiérrez. El calor parece ser más fuerte aquí que en cualquier otro lado. El termómetro dice 38 grados, pero se siente de mucho más.

Por las calles se ven jóvenes y niñxs que van vestidos con la ropa tradicional de los tsotsiles de Chiapas, aunque el municipio está entre ser zoque y chiapaneca. Algunos llevan iguanas vivas en la cabeza o las llevan en los brazos. Los reptiles a pesar del escándalo de la fiesta siguen tranquilos respondiendo a su propia naturaleza, aunque quien sabe qué tan mal o bien se la estarán pasando.

Por la calle que conduce a la ermita del Santísimo Sacramento –la misma que lleva al templo principal del pueblo- pasan las procesiones. Al frente de cada una va el grupo que va ejecutando la danza del calalá, la más representativa de la festividad.

En la danza participan el gigante, el gigantillo, el venado, los tigres,  y los chamulas. Cada uno tiene una indumentaria muy propia.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

Dentro de la danza el Calalá –venado- baila. Las y los chamulas corretean al gigante –la serpiente emplumada- y el gigantillo. Los tigres se limitan a observar, pero a veces los chamulas también buscan hacerles daño y ellos tienen que huir. La representación es muy colorida y se repite en cada procesión, se puede ver una y otra vez todo el día.

En la danza del Calalá participaban antes solo varones, ahora es amplio el número de mujeres que también se incorporan a la festividad como chamulas o tigres.

El resultado de la danza que se ve en estos tiempos así como toda la festividad es la mezcla de tiempos y culturas. Tiene que ver, por supuesto, con una herencia prehispánica, con el colonialismo y con tradiciones más recientes.

En la época prehispánica la danza se ejecutaba para vencer el mal y pedir una buena temporada de cosecha, luego con la colonización se adecuó la festividad a la celebración del Corpus Christi y ahora el Calalá también se relaciona con una historia más reciente.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

Foto: Sandra de los Santos/ Revista ENHEDUANNA.

Foto: Sandra de los Santos/ Revista ENHEDUANNA.

Cuentan las y los habitantes de Suchiapa que un hombre llamado Lucano Toalá –su fotografía está en el altar de la ermita- escuchó música y al ir a ver de dónde venía se dio cuenta que era dentro de un árbol. Un grupo de abejas bailaba alrededor de una hostia. Al ver esto el señor corrió avisar al pueblo lo que había visto y cuando regresaron encontraron a tigres, un venado y una serpiente que adoraba el Santísimo Sacramento.

Una anciana que llega a rezar a la ermita y pide con esmero una reliquia del altar asegura que el año pasado un enjambre de abejas siguió una de las procesiones. Dice que nada les hicieron a las y los creyentes, a quienes iban con fe.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

La mayoría de personas que participan son niños, niñas y jóvenes. Se puede ver a niños que con trabajo y pueden caminar, pero saben muy bien los movimientos del tigre, conocen, perfectamente, como moverse histriónicamente para simular ser un felino mientras una niña los llama con el movimiento de una sonaja.

En Suchiapa este Domingo es el último día que lxs tigres saldrán a la calle. Al terminar la celebración se irán huyendo, “revolcándose” hasta el próximo año que el Calalá los vuelva a llamar.

Foto: Ernesto Gómez Pananá/ Revista ENHEDUANNA.

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Revista Enheduanna

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