Voces feministas

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Por: Patricia Chandomí

¿Cuál es el temor al empoderamiento femenino?

*El poder patriarcal no tiene la razón, tiene el poder.

¿Qué significa empoderar? Nos da pistas el propio nombre, dotar de poder, dar poder, y se trata de dar poder a quienes no tienen, porque si fuera a los que de por sí tienen poder, sería “extraempoderamiento”.

Entonces partimos que empoderar significa dar poder a quienes no lo tienen. Empoderar viene de adentro, de sacar la fuerza, la energía, el valor. Para Foucault, uno de los teóricos más prominentes del concepto de poder, el poder significa ser capaz, tener fuerza para algo, ser potente para lograr el dominio o posesión de un objeto; tener potencia, facultad, capacidad, influencia, imposición, eficacia.

Poder patriarcal

La organización del sistema patriarcal, que es la imposición de la figura del ser hombre, como modelo de humanidad también implica la construcción de todos estos valores asociados al ser hombre. Es así que el hombre tiene el poder, la fuerza para hacer algo, para lograr el dominio o posesión sobre cosas y otras personas con menos poder. Para Foucault el poder aterroriza, impone, fascina, es fundador y garantía del orden, un orden naturalizado donde se legítima la supremacía masculina. El poder, en esta sociedad patriarcal, fue concedido a los varones para dominar, hacer acciones sobre las mujeres; desde esta articulación de poder, las mujeres fueron construidas como seres descalificados, subordinados, su voz y sus acciones quedaron sin reconocimiento, pero también como seres desempoderados.

¿Por qué es tan importante tener poder?

El poder da legitimidad al saber, el poder impone formas de saber, analizaba Foucault, ¿qué quiero decir? Marx consideraba que las ideas dominantes son las de las clases dominantes, es decir, no es que las ideas dominantes sean las mejores ni las más certeras, simplemente corresponden a las personas que tienen el poder, el dominio y la fuerza, incluso para violentar a aquellas personas que cuestionan sus ideas y prácticas. No es que la élite gobernante en cada uno de los rubros de la vida humana tenga la razón, sólo tienen el poder, y eso justo, ha pasado en los miles de años en que la mujer ha sido despojada del poder.

No tienen la razón, tienen el poder

El sistema de poder patriarcal institucionalizó su versión a través de distintos discursos, filosóficos, académicos, religiosos, de una u otra manera fue confirmada y sostenida la inferioridad de la mujer en fuerza, razón y temple para apropiarse del espacio público. El poder patriarcal impuso la subordinación histórica, de dependencia, discriminación y exclusión de las mujeres, limitó el acceso a los recursos, teniendo en cuenta, que los recursos se heredaron por transmisión en línea masculina, mismos que incluyen derecho a la propiedad, a los medios de producción, a la educación, al espacio público, que se traduce en la sujeción al poder y que hace cualitativamente más intensa la explotación a la que están sometidas las mujeres como productoras subordinadas al capital.

 De cómo fuimos convencidas de que el poder no era para nosotras

Uno de los mecanismos para ejercer el poder es la represión y la ideología, Pierre Bourdieu explica la permanencia y la reproducción de las relaciones de dominación, de sus privilegios e injusticias por la violencia simbólica que se ejerce contra las personas dominadas y que hace aparecer como aceptables unas condiciones de existencia absolutamente intolerables. Las mujeres fuimos convencidas de nuestra inferioridad frente a la figura masculina, fuimos despojadas del poder y lo aceptamos, pero unas, hasta lo agradecieron y otras, lo elevaron a categoría de orden natural divino.

La dominación masculina y la manera en que se impone y se soporta es el mejor ejemplo de una forma de sumisión que cuesta entender, si no fuera porque es consecuencia de lo que Bourdieu llama violencia simbólica, esa violencia amortiguada, insensible e invisible para las propias víctimas que la padecen, se ejerce a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y el conocimiento, del reconocimiento y hasta del sentimiento. La fuerza de este tipo de violencia proviene en que es reconocida y admitida por las personas dominadas y dominantes, hay una aceptación ideológica, que nuestra subordinación es lo mejor que nos pudo haber pasado.

Se mezcla interesadamente lo biológico y lo social para justificar la desigualdad creada por los hombres y ratificada por la cultura, haciendo parecer como necesaria y única, una forma de organización social, donde los que mandan son los hombres. Todas las instituciones sociales colaboran para perpetuar la relación de dominación; la violencia simbólica es el enorme trabajo previo que favorece la adquisición de hábitos de dominación y sumisión en ambos géneros, se ocupa de preparar el terreno ideológico. Los hombres también están sometidos a pautas culturales de representación dominante.

Existe una exaltación de los valores masculinos que no deja de producir problemas a los hombres, que viven atemorizados de no ser lo suficientemente hombres; el ejercicio de la violencia de género llega a ser una afirmación de la masculinidad y es una forma burda de demostrar su poder; aunque no siempre lo viven desde esta posición, en ocasiones viven sin problemas su posición privilegiada de género.

 ¿Cuál es el temor a qué las mujeres tengan poder?

Hay un temor de la cultura patriarcal porque las mujeres tengan poder, es como que si todo el poder que pudieran adquirir las mujeres fuera a ser utilizado para someter a los varones o a otras personas, cuando decimos empoderar a las mujeres es que las mujeres tengan poder sobre sí mismas, que puedan decidir sobre sus cuerpos, su vida, sus emociones, no que dominen a otras personas, pero es algo muy difícil de entender para quien concibe el poder como un privilegio, un don natural de tener poder sobre la vida de otras personas.

Revista Enheduanna

 

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