VOCES FEMINISTAS

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Por Mujeres como tú…hay otras como yo

Por: Patricia Chandomí

A finales del siglo XIX un grupo de mujeres, la mayoría perteneciente a la clase pudiente de la época, letradas, empezaron a pugnar para que pudieran participar en la vida política del país, rechazaron el matrimonio como el único camino para salir de la tutela paterna.

A principio del siglo XX México fue escenario de la primera revolución social del mundo occidental: La Revolución Mexicana de 1910. Esta revolución permite modificar los ideales de género vigentes en el porfiriato. Las primeras mujeres que se incorporan a este movimiento son propagandistas, enfermeras, soldadas y feministas, es decir, las mujeres incursionaron en ámbitos exclusivos de los hombres: la política y la guerra.

Desde la oposición al régimen las mujeres vieron la posibilidad de poder participar, tras la elección de Francisco I. Madero en noviembre de 2011 por todos los estados surgieron clubes femeniles, cabe destacar que estaban compuestos por la élite femenina de casa estado, la mayoría maestras y periodistas de clase media y alta. Tras el asesinato de Madero las mujeres tomaron la pluma para difundir su palabra. Las mujeres aprovecharon los espacios que los caudillos abrieron para plantear propuestas de igualdad. En fin que de esta lucha, surgieron grandes lideresas a favor de los derechos humanos de las mujeres como: Hermila Galindo, Elena Torres, Elvia Carrillo Puerto, Rosa Torres y Atala Apodaca. Difundieron sus ideas a través de encuentros, semanarios, etc.

En abril de 1915 Hermila Galindo invitaba a las mujeres veracruzanas a formar una sociedad feminista para “emancipar al llamado sexo débil de la criminal tutela que hacen pesar sobre él, la tradición y el fanatismo religioso”.

Su activismo las llevó a realizar dos congresos feministas en 1916 en Mérida, Yucatán, ahí se discutió la emancipación de la mujer a través del estudio y el trabajo fuera de la casa. Las mujeres empiezan a cuestionarse la falta de igualdad política sin cuestionar su papel subordinado en la familia y en el hogar. En fin, de  una serie de demandas desde generales hasta particulares de las mujeres que participaron en estos congresos, se decidió tomar una bandera, la exigencia del derecho al voto.

A partir de esa fecha surgieron argumentos tales como: que las mujeres necesitaban preparación y un movimiento masivo que demandara ese derecho. Surgió pues, el movimiento sufragista en el país, que ya estaba muy presente y con mucha fuerza en otros países.

A decir de Ana Lau Jaiven, una parte importante de estas sufragistas fueron mujeres instruidas, relacionadas con el mundo educativo: maestras, educadoras, periodistas y algunas profesionistas que reunían las condiciones de clase pero que por su condición de género quedaban fuera de la toma de decisiones.

Algunas feministas de la época viajaron a otros países para adquirir experiencia en la demanda y otras ya planteaban la creación de un partido feminista. Surgieron Ligas, Consejos, Frentes, Redes de mujeres organizadas, con claras diferencias de postura pero todas coincidían en que el derecho al voto era de una importancia trascendental.

El voto fue un eje central de lucha para las mujeres, los varones conservadores de la élite no querían que las mujeres votaran porque en ese entonces existía un partido católico y los varones de los partidos temían que las mujeres subordinadas al yugo eclesiástico votaran por la jerarquía católica.

El propio Cárdenas que había asumido compromisos con los derechos de las mujeres, cuando la derecha estaba muy fuerte contra él, prefirió no dar el voto a las mujeres, por temor a que se voltearan en su contra, dominadas por la Iglesia.

Los panistas no querían que las mujeres le “debieran” el favor al PRI, en ese entonces, Partido Nacional Revolucionario, de otorgarles el derecho al voto, así es que se convirtieron en un obstáculo para la conquista de ese derecho.

Los argumentos para no conceder este derecho iban desde que la mujer no estaba preparada, que eran muy pocas pidiéndolo hasta argumentos como que iba en detrimento de su feminidad. El discurso de los años 50 era que el país se modernizara pero que las mujeres siguieran en su rol tradicional de ser madres, cuidadoras y amas de casa.

Tras jalones, estirones, retrocesos, decepciones, traiciones un 6 de abril de 1952, Adolfo Ruíz Cortines, en ese entonces, presidente de la república, consideró que las mujeres tenían derecho a participar en política no por igualdad o un sentido de justicia, sino porque desde su hogar ayudarían a los hombres, resolverían con abnegación, trabajo, fuerza espiritual y moral, problemáticas tales como la educación y la asistencia social. En octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en cargos de elección popular.

En resumen, el logro, nos dice Enriqueta Tuñón Pablos, no respondió a una presión de las bases sino a una decisión del gobierno que se llevó a cabo, cuando a éste le interesó, cuando ya tenía el control de las mujeres lideresas corporativizadas en la estructura del PRI.

A grosso modo, este fue el transitar de las ancestras mexicanas en su lucha por el derecho al voto.

A 62 años de este derecho, en el poder ejecutivo las mujeres no llegan a representar ni siquiera el 20 por ciento de funcionarias de alto nivel, jamás han encabezado la titularidad en el poder judicial, amén de que la mayoría de jueces y magistrados son varones, y en el poder legislativo se supone que en la actual legislatura se podrá alcanzar la tan anhelada paridad.

Y eso quizá no sea lo más abominable, sino que esta lucha que libraron aún no beneficia a todas las mexicanas, es más, ni siquiera a una mayoría, peor aún, ni siquiera a las letradas que impulsaron el movimiento sufragista.

Estamos viviendo un grave retroceso, resultado de esa gran lucha histórica, conmovedora, tensa, donde nos dieron las migajas, al tiempo que ellos quisieron, vemos que las mujeres seguimos en el efecto Penélope, tejemos de día para destejer de noche, parece que luchamos mucho para avanzar, pero después vienen grandes retrocesos, o todo sigue igual.

Y bueno, es el abominable caso, de quienes salieron beneficiadas de la lucha de mujeres letradas, luchadoras, críticas, estudiosas, por el derecho a votar y ser votadas en cargos públicos, en este punto, en este año 2015, vemos que las beneficiadas son justo las mujeres contrarias a estas características, mujeres cercanas a los hombres de poder, sus esposas, hijas, amantes, madres, que nunca han brillado por su sentido crítico de la realidad, que su mérito es la cercanía y la subordinación hacia un hombre de poder.

*Esta columna tuvo como base las lecturas de los siguientes libros:

& Serpientes y Escaleras. Las mujeres mexicanas y las metas del Milenio. Análisis crítico y propuestas desde el feminismo. Coordinadora: Mónica Jasis Silberg.

&Un fantasma y recorre el siglo. Luchas feministas en México. 1910-2010. Coordinadoras Gisela Espinosa Damián y Ana Lau Jaiven.

 

*Patricia Chandomí. Activista feminista, defensora de derechos humanos. Doctora en Ciencias Sociales y Humanísticas con especialidad en género por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

Revista Enheduanna

 

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