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Sin nosotras no hay medios completxs

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Cierta vez en una campaña de CIMAC, escuché esta frase: No queremos medios de comunicación, los queremos completos, y creo que describe muy bien la forma en que se ejerce el periodismo desde las empresas periodísticas porque, objetivamente, esos medios están incompletos por ciertas razones:

-Las mujeres no estamos en ellos, ni como contenido ni ocupando los puestos de decisión.

-Sólo aparecemos o desnudas o violadas o muertas.

-En el plano laboral, ocupamos los puestos más explotados y mal pagados.

-Existe un lenguaje sexista, clasista, homofóbico y misógino que es urgente erradicar porque reproducen los estereotipos de género y de clase.

-La labor del/la periodista es cada vez más riesgosa al grado de perder la vida, a cambio de ejercer nuestro trabajo, sobre todo para las periodistas. (El informe “El Poder del cacicazgo: Violencia contra Mujeres Periodistas 2014-2015”, elaborado por CIMAC, contabiliza 147 atentados a la libertad de expresión de mujeres periodistas en 24 entidades del país, durante estos 2 años).

En resumen, las periodistas vivimos, como en muchos otros campos laborales, violencia laboral. Es un oficio hermoso pero mal retribuido en muchos aspectos: es explotado y mal pagado por lo que es imposible conciliar vida laboral y familiar.

Las condiciones en las que laboramos explica el porqué el periodismo es un oficio ejercido predominantemente por hombres. Basta darle un vistazo a la historia del periodismo en México para darnos cuenta de que tanto en los periódicos como las dos televisoras y estaciones de radio han sido dirigidas por hombres y el batallón (o sea, la plana reporteril) está conformado por reporteros en su mayoría.

Haré un zig zig histórico enorme, porque me enfocaré a los medios de comunicación que nacen con una perspectiva de género o feminista, como el de Marta Lamas que funda en 1976 la revista Fem y en 1988, la agencia informativa Cimac fundada por Sara Lovera y Lucía Lagunes, entre otras. Algo que caracteriza a estos medios es su carácter de alternativos e independientes, es decir quienes ejercemos periodismo con perspectiva de género o feminista NO estamos dentro de una gran empresa, sino lo estamos haciendo desde espacios independientes y en forma de colectivos, porque no ha sido posible hasta hoy hacerlo desde una empresa periodística. (Un caso excepcional es el suplemento feminista Doble Jornada, y se puede explicar porque el medio está conformado por una sociedad cooperativa integrada por feministas como por ejemplo, la propia Lamas).

En Chiapas, también encontramos ejemplos de este calibre como lo son el blog periodístico de Patricia Chandomí, la revista feminista Enheduanna, los portales Voces Feministas, Tierra de Todas; en San Cristóbal, el semanario Mirada Sur, que practica un periodismo con perspectiva de género, así como la Foja Coleta, dirigida por la incansable Concepción Villafuerte y la agrupación AMMUDES, conformado por mujeres periodistas.

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Deconstruir el lenguaje y el contenido

Dice Marcela Lagarde: “La mirada a través de la perspectiva de género feminista nombra de otras maneras las cosas conocidas, hace evidentes hechos ocultos y les otorga otros significados. Incluye el propósito de revolucionar el orden de poderes entre los géneros y con ello la vida cotidiana, las relaciones, los roles y los estatutos de mujeres y hombres”.

Hacer visible la condición de las mujeres, es una necesidad urgente para quienes ejercemos el periodismo, una obligación ética, porque de otra forma estamos ocultando lo que le pasa a la mitad de la humanidad.

Los casos del semanario Mirada Sur y revista cultural feminista Enheduanna, son ejemplos de los que me enorgullezco pertenecer a ellos. Desde ahí, las y los periodistas hacemos un periodismo incluyente, social, crítico, que cuestiona al patriarcado, a la clase política, a la forma tan cínicamente corrupta que se ejerce desde el poder, y lo cuestiona reflejando las injusticias que a diario se cometen, dando voz a las mujeres y sectores sociales marginados.

Ponemos también en la mesa del debate, problemáticas que no son vistas por el resto de los medios que sólo tienen un fin comercial: feminicidios, trans y homofobia, violencias hacia las mujeres, corrupción en todos los niveles de gobierno, maltrato a los animales, discriminación y violencia/explotación a la niñez, logros de las y los jóvenes (así como sus problemáticas), interés por difundir las artes y la diversidad cultural, temas educativos y científicos…

La visibilización de estos sectores es un principal reto, otro más ha sido el deconstruir un lenguaje que, construido desde la mirada masculina-misógina, no sólo oculta la realidad que vivimos las mujeres, sino que refuerza estereotipos de género, enaltece el machismo y los privilegios masculinos, denigra la dignidad de la mujer como cuando coloca una imagen de una mujer asesinada y encima le llama “crimen pasional”.

Por ello, la feminización del lenguaje, ha sido una tarea que nos acompaña, no sólo para nombrar lo oculto: llamarle acoso sexual callejero a los piropos; feminicidios a los asesinatos de mujeres; violencia económica, a la negativa de los padres a cumplir con la pensión alimenticia… sino también para nombrar nuestros afectos y apropiarnos de la palabra desde nuestra cotidianidad. Más de uno, una, nos lo ha reprochado: por qué decir munda, cantanta, amora, corazona. Y yo me pregunto: ¿por qué no?

 

Retos y desafíos del periodismo con perspectiva de género

“Cuando las mujeres entran a formar parte del cuadro, ya sea como objetos de investigación en las ciencias sociales o como investigadoras, se tambalean los paradigmas establecidos”.

Algo curioso que sucede con las que nos asumimos periodistas feministas es que también somos activistas. Seguramente es por ese sentimiento que nos invade cuando vemos que no basta con denunciar, con visibilizar, señalar las injusticias cotidianas. También hay que sacudir, desde otras trincheras que rebasan el teclado, a quienes nos gobiernan y hacen leyes, por ello salimos a las calles, realizamos campañas en redes sociales, nos sumamos a las acciones de otras feministas en busca de solucionar o aportar para que se ponga fin a la violencia estructural que vivimos las mujeres.

Las mujeres periodistas que han trabajado con problemáticas como la pederastía, trata de personas, redes de corrupción como Lydia Cacho, San Juana Martínez, se han convertido en activistas, han escrito libros, fundado casas de protección para niñas y mujeres, organizado redes de mujeres periodistas para la auto protección.

Eso también es un regalo del feminismo: movernos más allá de la palabra escrita -que es una bella arma- para trasladarnos a los caminos del acompañamiento de otras mujeres que no tienen los privilegios que tenemos como representantes de un medio informativo. Falta mucho por hacer, esto apenas comienza, pero la buena noticia es que cada vez somos más, que hay más aliados con nosotras y que juntxs hablamos fuerte.

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*Texto en el que me basé para la mesa “Periodismo con perspectiva de género y periodismo feminista”, en el Primer Congreso Feminista de Chiapas, el pasado 24 de noviembre en esta ciudad.

Revista Enheduanna

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