niñodanza

No hay papá…

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FOTO: KARINA ÁLVAREZ
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
De un lago con gaviotas
blancas y hambrientas.
Pablo Neruda
1.- ¿Han visto alguna vez a los polluelos a los pocos días de nacidos? La cabecita redonda con unas cuantas plumitas y los ojos enormes.
Justo ese es el aspecto de José, un niño que de casa en casa ofrece sacar la basura a cambio de unas monedas o algunos dulces. Es bajito y flaco, vestido siempre con uniforme escolar pero descalzo.
Como siempre, comienza a tocar al tiempo que grita: ton ton…
Salgo y me pide la basura, mientras la junto le pregunto su nombre y me responde: José Fármacos.
Le corrijo
-¿Marcos?
-No, Fármacos. José Fármacos Santiz, remarca.
-¿De dónde eres?
-De Oxchuc, contesta.
-¿Y qué haces aquí? le digo
-Nos venimos a trabajar, explica. Mi papá es albañil y mi mamá no sé, cuida a mis hermanitos.
-¿Cuántos son?
-Seis, dice (él es el más grande).
Le pregunto por qué no se cambia el uniforme y sonríe:
-No es uniforme, es una ropa que  me regalaron. No voy a la escuela.
Mientras le entrego la basura le pregunto si sabe leer y escribir y dice que no. Se va con la basura, moneda y dulces.
Tocan a  la puerta, me asomo  y es él otra vez.
-Acompáñame a tirar la basura, me pide: “En la esquina hay unos niños que me pegan y me quitan mis cosas”.
Le quito las bolsas, lo tomo de la mano y voy con  él, José Fármacos  tiene ocho años.
2.-  Es sábado en la noche, la ciudad muy quieta. Circulo por la avenida principal, me atrapa un alto y espero.
De la oscuridad, de la nada, sale un niño, es pequeño, se acerca al carro y me pide una moneda.
Es tan pequeño  que tiene que pararse de puntitas para alcanzar la ventanilla del vehículo.
Súbete a la banqueta, le sugiero, te pueden atropellar.
¿Qué haces en la calle? ¿Dónde está tu papá? le pregunto.
-No hay papá, sólo tío, contesta y se va corriendo.
3.- Tan triste como el recuerdo que guarda mi memoria por este hecho, así debió ser su corta vida.
Un niño indígena traído a la capital para trabajar como chiclerito, su ropita sencilla, sus pies calzados con caites, como dicen.
La pesada caja de madera repleta de dulces, chicles y cigarros colgando de su frágil cuello.
Era el primer día que trabajaba, salía de la colonia para dirigirse al centro, una colonia que no era la suya, un espacio que desconocía.
Al querer atravesar la avenida quiso ganarle al carro, no calculó, no sabía hacerlo.
Era su primer día en la ciudad, era su primer día de trabajo, era su primer día lejos de su familia.
Su primer día fue el último. Murió atropellado lejos de su casa, la foto que publica el periódico deja ver los dulces esparcidos en el asfalto.
4.- De madrugada anda solo en la calle, con una canastita ofrece un ramo de gardenias en el crucero.
 Se acerca y pide que se las compre, accedo, le pago y le pido que ya se vaya a su casa, es muy tarde y hay muchos peligros, menciono preocupada.
Dice que sí, pero que no había terminado de vender.
Tomo las flores y me quedo ahí observándolo, él casi de inmediato vuelve al crucero con la canasta otra vez llena de gardenias y su carita de sueño.

Revista Enheduanna

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