Lunáticas

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La maternidad y el encuentro con la sombra

VALERIA VALENCIA

Ser madre confronta a la mujer a los prejuicios, arquetipos sociales, ideologías y demás ideas impuestas por la cultura occidental, pero en ningún momento se advierte de la revolución emocional que una mujer está por vivir al asumir ese rol. La fusión tan profunda entre el bebé y la madre que permanece después de dar a luz, la importancia emocional de estar juntos los primeros años de vida, la ruptura –fusión que significa el parto, el ver a éste como “la experiencia  sexual más importante en la vida de una mujer”, la fuerte vinculación de las emociones entre madre-hijo; son aspectos apenas atendidos en una cultura “acostumbrada  a ver sólo con ojos masculinos”. A éstos y muchos más temas nos encara Laura Gutman en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”.

El texto, si bien está dirigido a madres o futuras madres, debería ser lectura obligada para educador@s, pedagog@s, sicólog@sy comunicólog@s. La primera lectura del libro nos hace pensar en la  necesidad de reflexionar sobre la maternidad, los aspectos aún ocultos de la sique femenina, pero sobre todo en la falta de respaldo social dentro de un sistema político patriarcal-capitalista-deshumano como el que rige a Latinoamérica (la autora escribe desde Argentina y presenta casos que se dan en todo el continente por lo que se refiera a una situación impuesta por la cultura occidental).

Aunque el libro da pie para desatar este tipo de discusiones, Gutman le apuesta y nos reta a hacer una lectura emocional y adentrarnos al aún desconocido mundo de la maternidad sobre todo en sus primeros momentos (embarazo, puerperio o cuarentena, crianza del infante).

Invita a las madres a ser la protagonista de su maternidad, a no cederle el poder al doctor en el momento único e íntimo que significa el parto, a decidir la forma de criar a su hijo cuando se está en medio de consejos, opiniones, mitos de un mar de mujeres a su alrededor, a alimentar no sólo con el pecho sino con el corazón nutriendo con una comunicación íntima, limpia y sin rodeos al bebé.

Por otro lado, incita a los profesionistas que trabajan con niñxs, a buscar más allá de los síntomas físicos y problemas visibles y a cambio, entablar un diálogo serio, abierto, respetuoso con la madre y el padre a fin de indagar en su historia personal y de pareja las verdaderas causas del problema de conducta en el / la niñ@.

Es difícil, sobre todo para una inexperta en comentar libros, ofrecer una versión sintetizada de este mar de ideas que revolucionan el rol poco tratado, a veces menospreciado y magnificado comercialmente hasta el fastidio cada 10 de mayo, que juega la mujer como madre. Me atrevería a decir que por su intensidad, cada uno de los trece capítulos merece una reseña aparte.

Por ello, daremos sólo tres ejemplos de las propuestas-enseñanzas que Gutman nos regala, fruto de su experiencia como terapeuta  durante 20 años. Son ideas que si bien huelen a frescura, también a sabiduría ancestral porque nos remonta a nuestro ser animal, a lo más profundo de nuestra esencia femenina.

 

La fusión madre-bebé y la sombra

La díada bebé- mamá y mamá- bebé no se rompe al momento del parto como pareciera, sino que al estar separados físicamente se vuelven dos en uno, por lo que la conexión emocional entre ambos es profunda al grado de volverse interdependientes. Esto se explica porque pese al desprendimiento físico que significa el nacimiento, el recién nacido “conserva sus capacidades intuitivas, telepáticas, sutiles, que están absolutamente conectadas con el alma de su madre”. Por ende, las enfermedades del niño manifiestan “la sombra de la madre”.

Cada bebé, dice Gutman, es una oportunidad preciosa de conocer el interior de las madres pero es necesario que cada mujer en su rol de madre esté dispuesta a enfrentar su propia sombra, es decir las partes ocultas de su sique “nuestros aspectos más sufrientes o dolorosos”, como lo define la autora, y así empezar un crecimiento espiritual.

Por ejemplo “Si un bebé llora demasiado… después de cubrir sus necesidades básicas, la pregunta sería: ¿por qué llora tanto su mamá? Si un bebé tiene una erupción, la pregunta sería: ¿Por qué tiene esa erupción la madre? Si el bebé no se conecta, parece deprimido, la pregunta sería: ¿cuáles son los pensamientos que inundan la mente de la madre. Si un bebé rechaza el pecho, la pregunta sería: ¿cuáles son los motivos por los que la madre rechaza al bebé?, etcétera. Las respuestas residen en el interior de la madre, aunque no sean evidentes”.

La fusión emocional que vive la díada bebé-mamá la sumerge durante el puerperio, conocido como cuarentena, a un mundo de silencio, de diálogo espiritual, ajeno a la rapidez con la que vive el mundo, lejano a esa vivencia y a la vez urgido a que todo vuelva a la normalidad. “Todos queremos que la madre ‘vuelva a ser la de antes’, que adelgace rápido, que abandone la lactancia, que retome el trabajo, que luzca espléndida…en fin que está a tono con los tiempos que vivimos…Quisiéramos que las madres y sus bebés no fueran tan diferentes al resto de la gente”.

 

El parto, un acto abiertamente íntimo

El parto es una desestructura que permite “el pasaje de ser uno a ser dos”, un rompimiento y a la vez una fusión. Sin embargo, las condiciones por las que la mayoría de las mujeres vive este momento tan importante no permite vivirlo a  plenitud. “Hoy en día, los partos inducidos, las anestesias y analgesias rutinarias y la prisa de todo el sistema por terminar rápido el trámite (el parto) no invitan a aprovechar este momento fundamental en la vida sexual de las mujeres, como punto de partida para conocer nuestra verdadera estructura emocional y la que necesitamos fortalecer”.

La llamada por Gutman, “institucionalización del parto” y su deshumanización, aleja a la madre de vivir ese hecho como algo único, íntimo, sexual, amoroso, personal, mágico, dadas las prácticas rutinarias en las clínicas y hospitales públicos: atención masificada, rápida, impersonal, aislada, forzada. Usualmente las mujeres son maltratadas durante los dolores de parto y condenadas a la cesárea si no dilatan rápido. Curioso, pero no sólo sucede en Argentina.

Cada parto es, debería ser, diferente y único porque “parir es un rompimiento espiritual. Y como todo rompimiento, duele. El parto no es una enfermedad para curar. Es el pasaje a otra dimensión”. Por tanto, es la mujer quien debe elegir dónde, con quién parir, tomarse el tiempo que debe, vivir el dolor, en fin, construir el escenario cercano a su esencia  y no uno lejano y frío como lo es un hospital.

En nuestro contexto mexicano chiapaneco, bien podemos apelar al papel de las parteras indígenas y no indígenas quienes durante siglos han sido las encargadas de traer niñ@s al mundo hasta que a la medicina occidental se le ocurrió la genial idea de la obstetricia para la cual sólo un doctor y su equipo son capaces de atender y salvar a una parturienta en una sala fría de hospital. Y cobran miles de pesos.

 

Lactancia, un acto de amor

Otro aspecto de la maternidad rodeado de mitos y prejuicios es la lactancia. No olvidemos que grandes empresas se han apropiado de este momento desprestigiando a la lactancia materna y convirtiéndolo en toda una industria con la venta de biberones y fórmulas lácteas. Además, hay reglas socialmente aceptadas como el de imponer horarios para dar pecho al bebé y la creencia del destete a los 6 meses.

 

Gutman rompe nuevamente con estos esquemas recordándonos nuestra condición de mamíferos. Ninguna hembra niega el pecho por considerarlo un capricho del cachorro, ni le establece horarios.

El acto de amamantar es comparado por la terapeuta con hacer el amor. “Como en los encuentros amorosos necesitamos tiempo y privacidad. Las mujeres necesitamos entrar en comunicación con el hombre para acceder al acto sexual. No hay ninguna diferencia en el acto de amamantar. El bebé necesita estar comunicado para sentir el contacto y poder succionar, y las mujeres para producir leche y generar amor. Así de simple”.

Dar pecho al recién nacido nos remite a nuestro estado salvaje, animal, ese que hombre y mujeres  buscamos siempre ocultar. Es una experiencia mística, dice la autora, si la madre así se permite a vivirlo. “Eso es todo lo que se necesita para poder dar de mamar a un hijo. Ni métodos, ni horarios, ni consejos, ni relojes, ni cursos. Pero sí apoyo, contención y confianza para ser una misma más que nunca. Sólo permiso para ser lo que queremos, hacer lo que queremos y dejarnos llevar por la locura de lo salvaje”.

Como se ve, Gutman nos hace repensar en cada momento del ser mamá. Y así, nos renueva la visión sobre la mujer puérpera, la capacidad de comprensión de los niños pequeños, las funciones del padre como apoyo emocional, y nos lleva por cada esquina con  problemas concretos como el niño que no concilia el sueño, las enfermedades más frecuentes en los bebés, los niños y el derecho a la verdad, los límites y la comunicación, el uso del “no”, los caprichos cuando nace un hermano, los “niños problema”, la alimentación, niños violentados, niños adoptados, abuso sexual, entre otros temas cuya lectura son una luz de guía para aquellos quienes seremos padres o madres.

Esta maravilla de libro lo podemos solicitar a librerías del DF o a la página de la autora: www.lauragutman.com.arg. También puede visitar la página electrónica del instituto que dirige: www.crianza.com.arg o la biblioteca de la Casa de partos Luna Maya en San Cristóbal donde lo dan prestado.

 

*Editorial del Nuevo Extremo, Argentina. De esta edición: RBA Libros S.A 2006. Colección Integral. Barcelona, España.

 

 

Revista Enheduanna

 

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