La costilla de Eva

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LAS MUJERES DE ROSARIO

Por: Karla Gómez

La poesía para las mujeres es muy intimista y confesionaria. Las poetas hablan sobre sus dudas y dolores, pero también de la lucha con ellas mismas y con los prejuicios dictaminados por la sociedad.

Anne Sexton, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni y Rosario Castellanos, fueron poetas intimistas. Ahí la clave de su éxito. Se desnudaron entre los versos, por lo que sus lectores y lectoras podemos descubrirlas sentadas, sujetando un bolígrafo, esperando con muchas ansias la noche, tiempo que permite que las sombras dicten y viajen a través de los escritos.

También las leo cuando el silencio es ahogador y acompaña el canto de un grillo. Las leo en repetidas ocasiones, porque se han convertido en mis oraciones nocturnas.

Sin embargo, me he puesto a pensar sobre el papel que representamos hoy en día las mujeres. Somos tan diferentes en formas de ser, de pensar y de vivir nuestra vida, que eso nos permite también ser auténticas.

Conocí a la escritora mexicana Rosario Castellanos, a los 15 años de edad, me dejaron leerla por un trabajo escolar: “Examen de ‘Balún Canán’”. Su prosa y temática me asombró, porque somos mujeres de por vida, construidas bajo un esquema familiar o religioso.

Ese libro dormía conmigo, hasta que inicié mi búsqueda literaria. En mi cama siguieron desfilando cuentistas, narradores y poetas (a veces los mismos de siempre, pero disfrutaba volverlos a leer). Édgar Allan Poe y Emily Brontë, también dormían conmigo.
Sin embargo, en un mes de olor a lluvia, encontré el poema “Kinsey Report”, donde a través de seis párrafos ejemplifica ciertas formas del ser de las mujeres. Pensé en todas las mujeres que conocía, como mis amigas, tías y vecinas. Las vi en ese poema, y me pregunté cuál de todas sería yo o en quién me convertiría cuando cumpliera 30 (como si este poema fuera una prueba de test).

Aún los versos de ese poema mueven mi forma de percibir esta realidad, ya que nuestros receptores nos encasillan, pero finalmente tenemos la posibilidad de hacer lo que nosotras consideremos lo mejor, porque somos dueñas de nosotras mismas.

La casada: “No, ya no puedo usar mi vestido de boda./He subido de peso con los hijos,/con las preocupaciones./ Ya ve usted, no faltan/”.

La de “cascos ligeros”: “¿Qué por qué lo hago?/ Porque me siento sola. O me fastidio./ Porque ¿no lo ve usted? estoy envejeciendo./Ya perdí la esperanza de casarme/ y prefiero una que otra cicatriz/ a tener la memoria como un cofre vacío”.

La divorciada: “De cuando en cuando echo una cana al aire/para no convertirme en una histérica”.

La religiosa: “A veces sueño. A veces despierto derramándome/ y me cuesta un trabajo decirle al confesor/ que, otra vez, he caído porque la carne es flaca”.

La lesbiana: “Mi amiga y yo nos entendemos bien./ Y la que manda es tierna, como compensación;/ así como también la que obedece es coqueta y se toma sus revanchas/.

La quedada: “No, no he tenido novio. No, ninguno, todavía. Mañana”.

En cada verso, la poeta nos llena de imágenes y de ironía. Destaca “el ser mujeres”. Me imagino que la escritora se conoció tanto que comprendió a las demás. Comprendió a cada mujer y el rol que representan en el contexto social que les tocó vivir, aunque vio como muchas siguieron repitiendo los mismos estereotipos dictados por una sociedad conservadora.

Me sorprendió con su visión feminista, cuando leí la obra de teatro “El eterno femenino”, publicada en 1976, dos años después de su muerte.

En esta obra aborda el proceso ontológico de la mujer y su rol típico en la sociedad, pero a comparación del poema “Kinsey Report”, permite que personajes de la historia de México, den a conocer su voz, su forma de pensar y se enfrenten.

Sor Juana Inés de la Cruz, la Malinche, Josefa Ortiz de Domínguez, la emperatriz Carlota, Rosario de la Peña y Adelita, rompieron la barrera del tiempo, y mantienen una conversación nutrida, llena de disparates, donde cada una juzga su forma de actuar.

La historia se lleva a cabo en un salón de belleza, lugar concurrente para un buen porcentaje de mujeres. La dueña del comercio pone a prueba el nuevo producto que está por adquirir, a través de Lupita, personaje principal de la historia.

Ella viaja a través del tiempo, y descubre algunas de las situaciones que vivirá al ser casada, convirtiéndola después en asesina, porque su esposo tenía una amante.

A más de treinta años de la publicación de la obra de teatro, somos tan diversas las mujeres, somos más personalidades y personajes que la historia tomará en cuenta, somos quienes aún seguimos en la búsqueda de la igualdad en derechos y que algún día lo conseguiremos para vivir en el eterno femenino.

Revista Enheduanna

 

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