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¿La dramaturgia como barco en el desierto?

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¿La dramaturgia nos elige o nosotros elegimos la dramaturgia? Conmigo sucedió lo primero y… luego lo segundo. La dramaturgia llegó a mí en forma de taller. No había leído el suficiente teatro, y creo que hasta ahora tampoco lo hago, pero me hallé con la mejor voz que podía descubrirme.

Lo que pasó conmigo fue una vorágine de buenos sucesos. El montaje de la primera obra en el taller que cursé y diplomados nacionales sobre el quehacer escénico. En menos de tres años de iniciar en el género, tenía dos obras montadas, una beca, dos diplomados nacionales del INBA, participación en el Primer encuentro nacional de grupo infantiles en San Luis Potosí, además de entrar a todo taller de artes escénicas que estuviera a mi alcance y si no lo estaba, los dioses del teatro confabulaban para que asistiera.

Sí, yo sí creo fervientemente que hay hilos invisibles que construyen nuestro destino y no como tragedia griega, aunque parezca “sufrimiento” algunos contratiempos en el camino del montaje de tu obra, ver a tus personajes salir del papel es una satisfacción que recompensa hasta los distanciamientos con amistades.

Pero precisamente, entre esos enredos que provoca dedicarte al teatro, después del diplomado de Dramaturgia frené. Me hice más preguntas que respuestas. Y aún me las sigo haciendo. No podía escribir más, tenía que hallar motivos que fueran para mí trascendentales. Sentí una responsabilidad inmensa que debía asumir para volver a escribir. Pero cómo profesionalizarme en Chiapas, ¿a dónde tenía que recurrir? aunque era una valiosa ayuda los diplomados que cursé, yo necesitaba una motivación constante. Tuve el acierto de acercarme a dos maestros, uno que me puso a leer y leer dramaturgia y otro, que tenia la paciencia de leerme y sugerirme, más allá de nuestro afecto.

Pero de ahí… un vacío. Y así me fui quedando como un barco en el desierto, con muchas aguas que navegar pero varada. Y no faltó el dramaturgo chiapaneco, que no se reconoce como tal (como dramaturgo sí, como chiapaneco no), que me sugirió irme de mi estado si realmente me interesaba la dramaturgia. De los privilegiados creadores que han tenido becas fuera del país para su producción dramática. Pero me quedé. No intenté irme a la Ciudad de México, porque somos un país centralista. Porque Tuxtla Gutiérrez también es el eje central de la mayoría de los talleres y diplomados (cuando se dan), de teatro.

 

Me quedé para trabajar en lo otro que me apasionaba y sí me daba de comer (aunque usted no lo crea): periodismo cultural. Me quedé buscando respuestas, pero ya no sólo veía mi interior sino necesitaba palpar el mundo, verlo desde una óptica de más cuestionamientos y poca certidumbre, no para dar mi verdad sino mostrar la naturaleza humana desde sus diferentes facetas.

Pero seguía de terca cuando ya laboraba en periodismo, tenía que volver a salir para ver qué sucedía más allá de mi estado y no porque no lo apreciara, sino que la principal escena seguía estando en la Ciudad de México y en otros estados, pero no en Chiapas. Cursé otro taller y diplomado nacional entre los años del 2008 al 2010 y de ahí nuevamente silencio.

Muchas veces me he preguntado si realmente puedo considerarme dramaturga, cuando inicié en poesía y narrativa. Si he escrito las suficientes obras para ser catalogada así. Me lo he preguntado porque sigo viendo como el país se desmorona a raíz de un núcleo familiar desintegrado, falta de unión y empatía. Yo sólo tengo la certeza de que en el proceso de la escritura me descubro. Que entre todas las artes, el teatro se trata de comunicarte con el otro. De crear una conexión piel a piel. Que en lo efímero de la representación hay una permanencia que sigue al espectador de camino a casa.

Por ello, aunque yo quiera alejarme de la dramaturgia, me confirma que me ha elegido como una de sus voces para tocar no sólo la mente sino la emoción de quien se permita descubrirse también por el teatro.

Del 2015 para el actual, este exigente género me ha demandado presencia y como a veces lo siento un poco solo como yo, entre tanto narrador y poeta, me he aventurado a iniciar una editorial de dramaturgia, incluyendo investigación y ensayo. Porque si vamos a cualquier librería, veremos que la sección teatro es pequeña y si tomamos cualquier libro al azar, nos encontraremos con precios arriba de los 200 pesos. Hay que convertir a los lectores en espectadores y a los espectadores en lectores. He tenido la fortuna que las dos obras publicadas han sido montadas a la par.

Y como creo que el teatro es unión de soledades para un sólo fin: la escena, que exhibe a carne viva los secretos más profundos del ser humano y en la mayoría de las veces, su trágico destino como la sonrisa de Garrik, decidí mover mi barco del desierto con sogas jaladas por amigos, hacedores de teatro, maestros y espectadores, porque hay mucho mar que cruzar. Y lo mejor no es el lugar a dónde vamos, porque realmente ni yo lo sé, sino saciar el gozo de sentir que con el teatro estamos vivos y… acompañados.

*Texto leído en el Festival municipal de teatro  2016.

Revista Enheduanna

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2 Responses to ¿La dramaturgia como barco en el desierto?

  1. Beatrice 17 mayo, 2016 at 3:21 am #

    Man jokio skirtumo, nes nuo tada Logitech vairo prie PC atisuakias, kai net jautrumą pačiam ir deadzone tekdavo ieškotis su kiekvienu žaidimu. Ant PS3 Logitech veikia ant PC deja, su visais žaidimais tos pačios problemos..

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