ilustración damaris

Esa habilidad de cuestionarme

Comparte:

Damaris Disner

Pide que me defina y apenas logro balbucear unas palabras. Me arrepiento. Lo intento de nuevo y no acierto a decir más que lugares comunes. ¿Qué pasatiempo tienes? leer y escribir, le digo sin pensarlo mucho. Sí, pero qué más. Mientras  pienso que le he mentido un poco, no me es fácil concentrarme y suelo aburrirme en las primeras líneas.  O “devoro” el libro y se me olvida en dos días. Defínete. No puedo o sí, pero se resumiría: el 20% aquí, el 80% quién sabe dónde.

J tiene esa habilidad de cuestionarme. Le digo que puede ser terapeuta y se ríe. Tal vez me proyecto, necesito una terapia y la encuentro con él que a deshoras charlamos. Se ha ido y aún sigo pensando por qué me cuesta tanto describirme. Me pregunto si no escondo algún secreto terrible, de seguro sexual, porque las terapeutas siempre me cuestionan si fui violada de niña. Y siempre digo no o por lo menos no me acuerdo. Pero si fuera algo así, de seguro lo recordaría, eso creo, de eso me he convencido.

¿Fuiste una niña maltratada? Me ha preguntado otro amigo cuando me asesora en una obra de teatro sobre maltrato infantil. No, es mi respuesta rápida, pero estoy segura que las cicatrices de niños no se borran con los años. Mis cicatrices las suavizo con literatura infantil y con teatro.

Todo empezó, porque pensaba el título de una columna literaria, porque el que había elegido ya se había usado, y yo buscaba uno que resumiera mi “estilo”, con tinte poético, entonces J., con su intensidad de director teatral, me dejó en la orilla de mi propio desfiladero, con su invitación a describirme.

Y vuelvo a ser niña, la que “trasquilaron” el fleco cuando tenía siete años y luego su padre lo terminó de “emparejar”, tal vez a partir de ahí pedía que no la dejaran “bolona”.

La que encerraron en un reducido closet y es su única explicación de sus fobias a la oscuridad y a los lugares cerrados.

La que terminó primero su Libro Mágico y esperó a que otra compañera lo entregara, porque le daba pena levantarse antes que otro.

La que se aguantaba ir al baño cuando acompañaba a su papá a oficinas, por pena, y que ahora sufre de malestares en vías urinarias.

La que un día dejó usar sus lentes porque le daba “vergüenza” y  la miopía avanzó hasta llegar a 9 dioptrías.

La que un día pensó que iba a ser conocida en todo el mundo, porque un “nombre raro” no se le pone a cualquiera.

La que contaba innumerables veces para no equivocarse en las sumas o restas del colegio y a partir de ahí se convirtió de una niña de diez a una de siete.

Qué difícil es describirse sin pasar a traerse una herida. Soy mujer y ya lo dijo “no sé quién” que las mujeres  ya nacemos con la herida.

Soy mujer, no puedo describirme tan fácilmente. Quiero decirle a J. pero recuerdo que ya se ha ido. Entonces, escribo.

ILUSTRACIÓN: Fragmento S/T de Sergio Torralba. Col. particular.

 

Revista Enheduanna

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: