La cantante Nina Simone.

El poder sanador de la música

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Nunca me había sentido más sola que en esa ocasión en el quirófano, aunque había por lo menos dos médicos y tres enfermeras yo me sentía sola. Cualquier cosa que sucedería ahí la única que lo iba a pasar sería yo. En el elevador mi madre y mi pareja se despidieron de mí y de ahí me tuve que seguir por mi cuenta.

No era la primera vez que entraba a una cirugía, pero en está ocasión la situación era diferente. No es lo mismo quitar una vesícula de manera laparoscópica que una histerectomía. Al menos yo no las viví igual.

Entré pensando en mi soledad cuando la música de los Ángeles Azules interrumpió cualquier tipo de concentración que quisiera tener en ese momento. Cuando el anestesiólogo me ponía la epidural yo lo único que podía pensar era que debían de quitar la música, que el personal médico había elegido de manera arbitraria para mi operación.

“Jamás voy a volver a bailar” pensaba, mientras sentía una especie de descarga eléctrica en mi cuerpo. No sé si, realmente, la epidural resultó mucho menos dolorosa de lo que me habían contado o estaba tan preocupada de que quitaran “suelta el listón de tu pelo…”, que no sentí un gran dolor.

Cuando la mitad de mi cuerpo se había adormecido, mi ginecólogo se acercó y me comentó que ya iba a iniciar la cirugía que si quería decirle algo, no sé, precisamente, a qué se refería con eso, si esperaba que yo le diera mis últimas palabras para mi familia o que le dijera que “siempre no me operaba”; pero aproveché para hacerle saber mi más grande preocupación de ese momento: “Por favor, no me vayan a operar con los Ángeles Azules de fondo”. No me mal interpreten, me gusta la cumbia, pero no de fondo para una cirugía.

No sé con qué cara se lo habré dicho al médico que se apresuró a pedir que quitarán la música y me dijo que si qué música prefería. Pedí “jazz” –qué podría salir mal si en el quirófano se escuchaba Nina Simone, pensaba-, pero no corrí con suerte, me tuve que conformar con una playlist de” The Doors” y “Led Zeppelín” -¡nadita!-

La música es sanadora. Es una de las expresiones de mayor belleza de la humanidad. Mujeres han compuesto, interpretado y ejecutado canciones que nos reconfortan y nos dicen que todo va a estar bien, que nos hacen reflexionar, pensar, concentrarnos o relajarnos.

Está noche un amigo –Carlos López- tuvo a bien a compartirme la “playlist” que me hubiera encantado escuchar el día de mi cirugía. Sería una ingratitud quedarme con ella. Aquí se las comparto, es lo más bueno de está entrada. Las anotaciones sobre las canciones y las interpretaciones son de él. ¡Qué la música siempre nos acompañe!

 

En está canción se percibe la alegría que Ella siempre transmitía. Soberbia actuación con el rey de las big bands: Duke Ellington.

 

Una de las canciones más desgarradoras sobre la pérdida del amor y el blues, con la voz de Billie Holiday.  El blues puede llegar a sacudir hasta lo más profundo.

 

Nina decidió hacer un disco completamente enfocado en el blues, el resultado es poco menos de una hora del blues más puro que habría de salir de la diva, perfección total.

A Jones le llegó el éxito muy pronto, ella misma fue sorprendida por el éxito y lo ha declarado un par de veces, le tomó algunos años volver a tener ese músculo para mostrar, pero en este performance en el 2002 junto con Jason Moran (piano), John Patitucci (bajo), Brian Blade (batería) y el gran Wayne Shorter en el sax, lasoprano mostró a una Norah Jones madura.

La canción de Arthur Hamilton en la voz de Diana Krall imprime una gran fuerza de empoderamiento, me gusta pensar que esta canción interpretada por ella es la más feminista de ellas.

 

 

 

Revista Enheduanna

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