¿Espejos del alma?

El duelo en la infancia

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Se dice que “los ojos son la ventana de la mente”. Los ojos de las personas, grandes y con mirada fija, describen el terror de encararse al desconocimiento a la necesidad de descargar sus miedos. No hay hipnótico que haga sentir a la persona abrigada, confortable, amada, segura y en paz consigo mismo.

La mayoría de las personas que reciben la noticia de discapacidad necesitan un bien control sintomatológico y en muchas ocasiones una buena asistencia psicológica”, cuando  un individuo se ve afectado de una discapacidad debe enfrentarse a una doble tarea:

-Todas las personas ante una situación de amenaza sufren un fuerte impacto emocional, que permite a la persona poder aceptar y adaptarse a la situación.

-En segundo lugar debe adaptarse a un nuevo estilo de vida distinto al que estaba acostumbrado, a una nueva situación

Todo individuo desarrolla sus propios medios para enfrentarse a este tipo de situaciones, medios que se traducen por una serie de reacciones más o menos útiles.

En la actualidad el índice de discapacidad en niños y niñas cada vez más va en aumento, esto debido a múltiples factores que como sociedad vamos desarrollando de manera pasiva o activa. El nacer con una discapacidad o adquirirla en edades tempranas van marcando de modo significativo en quien la padece y en general del sistema familiar, por lo cual, es importante buscar mecanismos o estrategias de readaptación a esta nueva condición de vida. La pérdida en la niñez si no se supera de manera favorable puede traer consecuencias en la edad adulta, se ha mencionado que la pérdida puede ser la muerte de un ser querido, la pérdida física hacia alguna mascota, el mudarse de casa o ciudad, etc; e incluso la discapacidad no presupone menos dolor que las ya mencionadas sino por lo contrario, el dolor que subyace a una pérdida sensorial o motora implica un reajuste psicológico y emocional de quien la padece y en el caso de los niños y niñas se hace de mayor importancia contar con el apoyo afectivo y físico de quienes lo rodean.

Para que el niño entienda qué es la muerte en general, o la pérdida de algún miembro, sentido o capacidad, suele ser útil hacer referencia a los muchos momentos de la vida cotidiana donde la muerte está presente, y dejar de conceptualizar a la muerte como algo negativo como lo peor que pudiese suceder en esta vida, sino por lo contrario, aprender y enseñar al/a niño/a que la muerte es el proceso natural de todo ser existente.

El reajuste en el caso de la discapacidad es brindar las herramientas de apoyo para la vida diaria, y de todos los ámbitos, sin descartar el reajuste psicológico para todos y más para el niño, pues es quien se encontrará en mayor susceptibilidad y vulnerabilidad.

Es habitual que después de una pérdida, los niños/as manifiesten ansiedad y estallidos de cólera. La ansiedad se debe a que el niño/a puede temer volver a sufrir una nueva pérdida, lo que le hace más sensible a toda acción que ponga en riesgo su estabilidad. Algunos niños/as, se ponen furiosas por el mismo hecho de la pérdida. Es importante que la persona de referencia que se encuentra a su lado entienda que los estallidos de ira del menor se deben a la ausencia del miembro o sentido y no culpabilice al hijo al considerar irrazonable sus enfados o atribuirlos a problemas de carácter.

Aunque es difícil saber hasta qué punto los niños/as son propensos a culpabilizarse espontáneamente por una pérdida, lo que parece evidente es que, si el padre/madre se enfadan con frecuencia con el niño/a, éste tendrá problemas de autoestima y será más vulnerable a la depresión.

Si no se resignifica de manera correcta a la discapacidad o sino se busca incluir o sensibilizar al grupo de pares, esto es, a los otros niños que no viven ninguna discapacidad, limitarán su proceso de adaptación: el rechazo de ayudas técnicas, el sentimiento de vergüenza, el miedo al ridículo, a no ser aceptado y a estropear los encuentros con los demás, las “supuestas” miradas y comentarios compasivos” de los demás, etc.

Por ello, es de suma importancia poder acompañar al/a niño/a en todo este proceso de transición a su nueva condición de vida, en donde sin duda el papel que fungen los padres se vuelve la piedra angular para su readaptación psicológica y emocional que por consiguiente se verá reflejado en su exterior, sin embargo, si no existe este apoyo u cualquier otro acompañamiento la infancia del niño se estancará en todos los aspectos y se tenderá a tratarlo como un niño con discapacidad más que como a un niño con todas las posibilidades de crecimiento y superación que lo define y lo hace único ante todos los demás. La discapacidad trae consigo la readaptación, el temor y el confrontarse a una sociedad hostil que no se encuentra preparado a la diversidad por lo cual, compete a los adultos preparar el escenario idóneo para que los niños con alguna discapacidad puedan desenvolverse de una forma habitual como todos sus compañeros y no por ello caer en la lastíma sino por lo contrario, ver en ellos esta posibilidad de aportar para una sociedad en dodne se resalte el papel que juega el ser todos iguales y todos diferentes.

“Sé desde hace mucho que la tristeza, la angustia, el dolor y la incertidumbre son parte de mi y que debo convivir con ellos como lo hago con mis piernas que se doblan, mis caderas que me duelen y mis manos que no obedecen como yo quisiera”.

La pérdida brusca o paulatina de una capacidad física es siempre una situación traumática y de crisis que, en muchos casos, es vivida como intolerable para el yo. Generalmente se homologa esta situación a un duelo. Por lo cual, dejar expresar todas las emociones y sentimientos que se evocan de ello, tal vez pueda ser el comienzo de enfrentar esta realidad.

*Psicóloga y rehabilitadora visual. Cel: 9671189768

 

Revista Enheduanna

 

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