DESDE OTRA MIRADA

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LA PEOR DISCAPACIDAD ES NO VER MI PROPIA DISCAPACIDAD

Por: Elizabeth Patricia Pérez

Ilustración: Kiki Suárez 

Después de un tiempo, hoy nuevamente me vuelvo a encontrar escribiendo para los otros y sobre todo para mí, ya que es uno de los temas que me inquietan y que me apasionan, esto es el tema de la discapacidad. Me apasiona en el sentido de que es uno de los temas que menos se aborda y sobre todo en las que más necesidades puede percibirse ligado al hecho de que yo misma tengo una discapacidad, y me motiva porque simplemente al ver y escuchar historias que más allá de una limitación física, mental o sensorial demuestran ser un ejemplo de superación y valentía que me conducen a admirar la fuerza de voluntad, y las ganas de salir airosos en esta batalla que simplemente es la vida.

 La vida encierra muchos misterios, interrogantes, episodios significativos que nos van marcando como personas y que en muchas de las veces son consecuencias de lo que hoy somos. El dolor forma parte de estos episodios, el miedo y sobre todo el amor nos van dando lecciones que en cierto momento podríamos pensar no aprobarlas o no comprenderlas, cuando pensamos creer que no hay caminos a lo que nos sucede, la vida en su silencio armonioso nos hace callarnos por un momento para tan sólo escuchar el murmullo que nos dice: ¿para qué es esto que te está pasando?

En vez de estarnos peleando o reclamando a quien sabe quién, a través de la pregunta ¿y por qué a mí? cambiémosla por la pregunta ¿y por qué no a mí? en tanto que nos permitirá amigarnos con nuestras situaciones y condiciones y tal vez lo más importante, aprender de ellas. Entre los grandes aprendizajes que he tenido a lo largo de mi vida es a través de la discapacidad, que implica la renuncia y la adaptación en muchas vertientes de la vida.

Quizá, todos podamos entender qué significa la palabra discapacidad, aunque muchas veces se confunde con las palabras: discapacitados, capacidades diferentes, capacidades especiales, o minusválido. Aquí una definición breve de cada una de estas palabras:

Discapacitados: Esta palabra implica que no sólo es una deficiencia la que se tiene, para mí el sufijo “ado” implica el incremento en toda su extensión de lo que se esté hablando. Por ejemplo: es un chico con discapacidad; esta frase hace referencia a que es una nada más la discapacidad, en vez de decir, es un chico discapacitado, esto hace que la persona se vea completamente limitado de todas sus funciones.

Capacidades diferentes: Esta palabra surge cuando uno de los gobernantes, para tratar de suavizar el concepto la empezó a usar, entonces esto nos remite a que es un vocablo meramente político y lo más interesante de esta palabra es hacernos el cuestionamiento ¿Existen personas idénticamente iguales en capacidades? Se tenga o no una discapacidad, todo individuo posee características únicas y diferenciales, aunque estemos hablando de gemelos, hasta ahora no he conocido nadie quien tengan las mismas habilidades, sentimientos y pensamientos, aptitudes y defectos ¿o ustedes si?

Personas especiales: Esta palabra implica casi lo mismo que la anterior, todas absolutamente todas las personas somos especiales por el simple hecho de ser personas, únicas y diferenciales puesto que para alguien tenemos un significado, ya sea de afecto o desafecto y en donde la condición física, mental o sensorial no tiene nada que ver con esa denotación.

Minusválido: Esta palabra es equivalente a menos valor, considero que toda persona con o sin discapacidad valen del mismo modo, sin embargo, en situación de discapacidad, la minusvalía se hace presente desde el momento que es el entorno social quien limita la equiparación de oportunidades y demás abanicos de posibilidades.

 

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Foto: Karina Álvarez

Ahora bien, ¿Cómo se llega a una discapacidad? Es necesario al mismo tiempo, diferenciar entre deficiencia, discapacidad y minusvalía. Se entenderá por deficiencia, de acuerdo a la experiencia de la salud,  como la “pérdida o anormalidad  de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica”. La deficiencia se caracteriza por pérdidas o anormalidades que pueden ser temporales o permanentes entre las que se incluye la existencia o aparición de una anomalía, producida en un miembro, órgano, tejido u otra estructura del cuerpo, incluidos los sistemas propios de la función mental.

 

Una discapacidad es toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma y dentro del margen que se considera normal para un ser humano. La discapacidad se caracteriza por excesos o insuficiencias en el desempeño y comportamiento en una normal actividad rutinaria, los cuales pueden ser temporales o  permanentes, reversibles o irreversibles y progresivos o regresivos, en sí, refleja una alteración a nivel funcional y personal.

 

Una minusvalía es una situación desventajosa para un individuo determinado,  consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso (en función de la edad, el sexo y factores sociales y culturales.

En resumen estos conceptos son equivalentes a:

Deficiencia: trastorno a nivel de órgano.

Discapacidad: trastorno a nivel de persona

Minusvalía: trastorno a nivel social

Cuando se tiene una discapacidad física, mental o sensorial, muchas de las veces la gente nos encasilla como personas que no podemos o no sabemos valernos por nosotros mismos, sin ninguna oportunidad esto es, nos catalogan más como personas discapacitadas que como personas comunes a todos  sin comprender que las diferencias son las que nos complementan y permiten aprender para construir un mundo mejor. Por ello, hoy te invito a que mires a la diferencia como aquel camino a la unidad sin rechazar las diferencias.

 

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Foto: Karina Álvarez

El hecho de pensar de que una persona con discapacidad no cuenta con las habilidades o aptitudes para ser productivo, creativo, autónomo para una vida social, personal, familiar, y laboral ha sido originado por varias ideas, creencias, prejuicios que se han ido fortaleciendo a lo largo de la historia lo cual puede proyectarse en la discriminación que se refleja actualmente.

Al día de hoy, es posible encontrar, en una misma comunidad situaciones y actitudes que reflejan la atención y trato hacia las personas con discapacidad (PCD), desde 3 perspectivas que las describo a continuación:

a).- Perspectiva tradicional: Considera a la discapacidad como una forma de castigo divino del cual la familia y la persona con discapacidad deben sentirse avergonzados. Esta perspectiva genera actitudes de rechazo, marginación, abandono y aislamiento. Este grupo de creencias asume que las personas con discapacidad en nada contribuyen a la sociedad, o que simplemente no vale la pena vivir con discapacidad.

b).-Perspectiva médico asistencial o de rehabilitación: (integración social) Sitúa a la discapacidad como un “problema que radica en la persona quien requiere tratamientos médicos para ser rehabilitada, asimismo, ven a la persona con discapacidad como un objeto de análisis clínico, de seguridad social de cuidado médico alejándose de la idea de que la persona es un sujeto titular de derechos. Es  decir, las personas con discapacidad podrán asumir un papel en la sociedad siempre y cuando sean curadas o rehabilitadas.

c).- Perspectivas de derechos humanos (inclusión social): Se enfoca en la dignidad de la persona humana, entendiendo a la dignidad humana como el sentimiento de deferencia con respecto a las personas. Reconocimiento adecuado de los derechos y responsabilidades de los individuos como agentes o sujetos morales dotados de dignidad, al ser considerados como personas integrales sin identificarse por la deficiencia.

En resumen, según la OMS el término discapacidad, es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de participación. Esto es, las deficiencias son complicaciones que afectan a una estructura o función corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas y las restricciones de la participación son problemas para participar en situaciones vitales.

Por todo lo ya mencionado, podemos deducir que en nuestro contexto la discapacidad sigue mal empleada desde el cómo definirla y sobre todo el cómo tratarla, seguimos viviendo en un contexto que valora todo aquello considerado como “normal”, desde lo estético hasta lo más simple que es una vida común, por ello, dejemos de percibirla como algo negativo, de lástima o de abandono, y empecemos a concebirla como un camino en la construcción de saberes que nos van permitiendo entablar otros tipos de convivencias en donde todos somos uno y en donde uno seamos todos.

 

Finalmente, me gustaría concluir con esta historia que más allá de ser un simple relato pueda llegar a ser una lección de vida:

En una escuela de niños especiales que tenían en común padecer Síndrome de Down, se organizó en primavera una jornada de olimpiadas, todos los alumnos participaban en al menos una competencia y varios en muchas de ellas. El fin de la tarde era la pista central de la escuela, donde se correría delante de padres e invitados la carrera de los 100 metros lisos, esta competencia tenía a 10 corredores inscritos que tenían entre 8 y 12 años de edad. El profesor de educación física los había  reunido minutos antes  y con buen criterio educativo les había dicho:

 

-Jóvenes, a pesar de ser la más importante  carrera de la tarde, lo que más importa es que cada uno de ustedes dé lo mejor de sí, no es realmente trascendente quién gane la carrera lo que verdaderamente importa  es de que todos lleguen a la meta, ¿lo han entendido?

-¡Sí señor!…contestaron los niños y las niñas en coro.

-Con gran entusiasmo y ante griteríos de familiares, compañeros y maestros; los corredores se alinearon en la partida. Y tras el clásico: preparados,. listos, el profesor de gimnasia disparó al aire una bala de fuego. Los 10 empezaron a correr, desde los primeros metros, 2 de ellos se separaron del resto, liderando  la búsqueda de la meta, de repente la niña que corría  en el penúltimo lugar tropezó y cayó.

El público se puso de pie, el raspón de las rodillas fue menor que el susto, pero la niña lloraba por ambas cosas. El jovencito del último lugar se detuvo a auxiliarla y se arrodilló a su lado besándole las rodillas lastimadas. Los padres se tranquilizaron al ver que nada grave había  pasado. Sin embargo, los otros corredores, notaron que algo pasaba y giraron hacia atrás, al ver a sus compañeros ayudando a la niña caída volvieron hacia la meta, se juntaron  alrededor de la jovencita para consolarla y la pequeña cambió su llanto en una risa cuando entre todos tomaron la decisión.

El maestro les había dicho que lo importante no era quien llegara primero así que entre todos alzaron en el aire a la compañera que había caído y la cargaron rompiendo la cinta de llegada, todas y todos a la vez.

 

El periódico local puso en su nota del día siguiente, esta nota:

“La emoción más intensa de las Olimpiadas Especiales de ayer, fue la carrera de los 100 metros lisos, si usted no estuvo, pregunte a los asistentes ¿quien ganó?, le contestarán lo mismo…en esta carrera ¡ganamos todos!”

Puede ser intimidatorio darse cuenta de todo lo que tenemos para aprender todavía, para animarnos a dejar pasar lo que no nos sirve y para ser capaces de renunciar a lo que nos pesa llevar en las espaldas; pero hay por lo menos una noticia alentadora, por lo visto, por lo que nos cuenta esta historia: tenemos de quién aprender, y que ANTE TODO DESPUÉS DE CADA LOGRO, SIEMPRE HABRÁ UN NUEVO DESAFÍO QUE CUMPLIR.

 

*Psicóloga y rehabilitadora visual. Radica en San Cristóbal de Las Casas. Teléfono: 967 118 97 68

Revista Enheduanna

 

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