MARCHA DE LAS PUTAS

Deberíamos decirnos «Puta»

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Deberíamos pararnos una media hora frente al espejo y decirnos PUTA de muchas maneras y con diferentes tonos de voz, PUTA, PUTA, PUTA… hasta que esa palabra ya no, nos desmovilice. Hasta que esa palabra ya no, nos asuste, hasta que podamos convivir con esa palabra de forma armónica. Vencer esa palabra es vencer el machismo, ese que vigila nuestros cuerpos y nuestras prácticas sexuales. Todas las mujeres tarde o temprano somos PUTAS cuando transgredimos las normas de género, cuando cuestionamos los privilegios machistas, no importa a que nos dediquemos, somos PUTAS cuando decimos que no queremos sexo, (porque se sospecha que ya lo obtuvimos por otra parte) y somos PUTAS cuando decimos que queremos sexo. Somos PUTAS cuando nos faltan el respeto (es probable que nosotras lo buscamos) somos PUTAS cuando hablamos de frente, cuando nos negamos a reconocer el liderazgo masculino, cuando contradecimos, cuando nos organizamos para protestar, para denunciar, cuando luchamos contra la violencia machista… PUTAS, PUTAS, PUTAS.

El comportamiento sexual de los hombres solo es trascendente cuando no cumplen la norma, cuando son «afeminados» fuera de eso, se acuesten con una o con varias, cobren o no cobren, no se les dice «PUTOS» por el contrario, PUTO es aquel que no reafirma su masculinidad.

La PUTA recibe un poco de «misericordia» cuando ejerce esa actividad por «necesidad», porque la forzaron, porque no le quedo de otra. Pero recibe la sanción social cuando eligió libremente ser PUTA…cobra y goza, un oximoron femenino, las mujeres no deberíamos gozar nada. Nos parece muy «normal» que una mujer gane el pan con sus manos, exponiendo su vida a químicos, a sobre explotación laboral y nos resulta indeseable que una mujer gane su ingreso con la parte de su cuerpo, llamada vulva. Hay una sacralidad vulvica, la vulva se vuelve el objeto de honor de la mujer. Lo que no pasa con el pene. La sacralidad del pene le viene de su uso constante. Y entonces nuevamente, el lenguaje desigual, así como no es lo mismo PUTA y PUTO. No es lo mismo como se le ve al pene y a la vulva, el mito dice que es el pene el que «penetra» cuando es la vulva la que envuelve. Pero no se expresa así.

PUTA también se convierte en el insulto mexicano favorito «hijxs de su puta madre» como si ser PUTA equivale a ser una mala persona y no sólo una mala persona sino la peor persona. La clase política mexicana tiene amplia trayectoria afectando nuestra vida, pero nadie dice: «hijx de tu políticx padre» como un insulto. Es más fácil atacar el cuerpo y la existencia de las mujeres, sancionar sus prácticas, y claro que hay una carga moral, religiosa y política. La mujer casta y encerrada evitará el caos entre los machos, tiene como tarea satisfacer las necesidades del hombre de la casa, pero cuando ella no pudiera cumplirlas por las razones que sea, ahí estarán las PUTAS para continuar el trabajo de la feminidad, dar afectividad y placer al hombre.

Las odian y las quieren, hay un sector que dice que gracias a las PUTAS no hay tanta violación sexual, este mito fortalece la idea patriarcal y chocante, que la sexualidad masculina es algo incontrolable, que el pene domina la mente del hombre, y que más vale, tener PUTAS disponibles para que mujeres castas no paguen las consecuencias de lo inevitable.

La fuerza de la palabra PUTA el oficio de la putería debería estar a nuestro favor…como primer ejercicio recomiendo empezar a querer la palabra PUTA.

Revista Enheduanna

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