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Algo del maestro Óscar Oliva

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El maestro Óscar Mario Oliva Ruiz nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; el 5 de enero de 1937. En el año de 1944 ingresó a la Escuela Primaria Camilo Pintado y en  1950 ocupó el cargo de Secretario de Redacción del periódico Alma Infantil, estando en el 6º año de primaria.

A continuación les comparto una narración realizada a partir de una entrevista en el año 2011, en donde cuenta un segmento de su infancia, y la labor literaria que desempeñaba en ese momento de su vida.

En ese encuentro tuve la oportunidad de sentir su generosidad al compartir sus conocimientos, recuerdos y apreciaciones de la vida; y creo que esa esencia fue transmitida a cada asistente durante la conmemoración realizada por artistas nacionales e internacionales por sus ochenta años de vida, en donde con fotografías, pinturas, Ejercicios coreográficos, Diálogos entre palabra y sonido, Caminos de Sal (Confesionario de Papel), los poemas; Mientras tomo una taza de café, Lince, Balada por los muchachos de Ayotzinapa (que a su término despertó en jóvenes esa necesidad de aplaudir vigorosa y prolongadamente escuchando un poema que nos representa)… su poesía y vida contada a través de las artes.

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En la escuela “Camilo Pintado” nos iban, afortunadamente para nosotros, rebelando las distintas vocaciones humanísticas que tuvimos, que se desarrollaron en la adolescencia y en la juventud.

En los seis años que estuve en la escuela Tipo “Camilo Pintado”, la directora fue la profesora Bertha Vázquez Palacios. La profesora vivía en la cuarta oriente, esquina con la primera norte, mi casa materna estaba situada en la cuarta oriente; es decir, que todas las tardes cuando la maestra se retiraba a su casa, la saludaba, ella siempre me respondía con cariño.

Estxs maestrxs, además de heroicxs, eran sabixs. Recuerdo fundamentalmente a la maestra Isabel Rincón, a la maestra Guadalupe Rincón, al profesor Salvador Rodríguez, él vino de otro estado, Michoacán, era un gran impulsor de aquello que transmitía a través de los libros que nos daba a leer.

El maestro Salvador Rodríguez era un maestro con firmes convicciones socialistas, sus ideas socialistas, sus posiciones ideológicas nos las trasmitía, no nos las imponía, a través de las lecturas de textos literarios, textos reflexión social y reflexión políticas, esto a nivel de un niño de 6 a 11 años, 12 años, que es cuando se cursa una escuela primaria.

¿Qué lecturas tuvimos en esos momentos?

Recuerdo que conocía poemas de Gabriela Mistral, de Ramón López Velarde, textos de Lenin, de Marx y Engels, era una escuela que estaba a la vanguardia en la educación, no solamente en las cuestiones escolares, en los textos que nos daban a leer. Leíamos fragmentos de discursos de Gandhi. Todo eso iba conformando un conocimiento contemporáneo de lo que era Chiapas, México y el mundo.

Esta escuela, su educación, no se encerraba en un chiapanequismo que podría ser absurdo, hasta peligroso. No, ¡estaba abierta a las corrientes del pensamiento universal!, esto a la altura de los niñxs que estudiábamos en la escuela.

Se fomentaba el trabajo manual a través de talleres de carpintería, de hojalatería, uno para hacer sillas de mimbre…; esto era importante, incluso aquellos niñxs que no pudieran seguir estudiando, que no pudieran entrar la secundaria salían con un oficio.

Una de las cosas más gratas para mí, es que desde el primero al sexto año de primaria participé en todos los concursos de declamación y ¡gané los seis años en que estudié en la escuela! Esto significaba que los maestros y maestras empujaban esta vocación mía, que se empezaba a dar en esos años.

Los maestros trabajaban de una manera colegiada, un maestro estaba a cargo de un salón de clase, pero comentaban entre sí problemas educativos, académicos, de todo tipo que surgían en la población estudiantil. Lo discutían entre ellos y luego con los propios alumnos. Casi casi había una autoridad horizontal donde todos participábamos y claro la autoridad preponderante y la que daban las líneas generales era la profesora Bertha Vázquez.

Recuerdo también, y con gran cariño, al maestro Manuel de Jesús Martínez, entre otras cosas, porque no enseñó en los festivales que se organizaban en de la escuela y ¡todos los días!: la cultura zoque.

La cultura zoque empezaba a ser marginada, a ser expulsada de su propia ciudad que es Tuxtla. El profesor Manuel de J. Martínez nos enseñaba sus danzas, rituales, ceremonias religiosas, vestimentas, además nosotros los niños y niñas aprendíamos a bailar las danzas y aprendíamos a llevar las vestimentas de los zoques.

Diversos maestros, uno tiene que reconocerles y tiene uno que amarlos por lo que nos dieron.

Junto con los talleres de actividades artesanales manuales estaban también otro tipo de talleres, que eran los talleres de teatro. En el patio de la escuela había un teatro al aire libre, donde se hacían representaciones en los distintos eventos que se realizaban en la escuela Tipo. Participábamos casi la mayoría de los niños en danzas, bailables, lecturas de poesía, recitales en voz alta, poesía coral…

De vez en cuando aparecía gente que nos llegaba a dar conferencias, maestros de otras escuelas. Llegó una maestra de piano, Merceditas Leal. La escuela tenía un piano y esta maestra nos acompañaba en los festivales, cuando se hacía el Juramento a la Bandera, en todas las actividades que la escuela. Nos reunía a grupos de niños y nos tocaba algunas piezas de Beethoven.

Era una escuela activa, había actividad dentro y fuera de la misma. Se formaban grupos pequeños de alumnos y salíamos al Zapotal, a Las Cuevas de Cerro Hueco, a la montaña, en esa época, no había carretera para el Sumidero y los maestros nos iban enseñando cuestiones acerca de la flora y de la fauna, de geología a través de las piedras y sus características, hacíamos investigación de campo, investigación científica. Todo al nivel de chavos y chavas de la escuela primaria.

Este ambiente escolar, más el ambiente cultural que se continuaba en la escuela secundaria y en la escuela preparatoria del Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, este ambiente que estaba generando el gobierno del general Francisco J. Grajales, a través de la creación de mucha infraestructura cultural y científica, que hasta hoy se continua, todo dio pie a que se hiciera el periódico Alma Infantil.

El periódico Alma Infantil era el pensamiento y el trabajo que fundamentalmente hacían los niñas y niñas de la escuela Tipo. Alma Infantil es un periódico que estaba despojado de cualquier intención de proyectar cosas que no existen o cosas tergiversadas, como hacen muchos periódicos, era un periódico completamente sano donde se expresaban los pensamientos y las vocaciones de los niños y niñas de esta escuela.

Revista Enheduanna

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2 Responses to Algo del maestro Óscar Oliva

  1. Guadalupe Martínez Rincon 5 febrero, 2017 at 7:12 am #

    Me emocioné al leer la historia del maestro Oliva, y sobre todo saber que mi abuela, mi madre y mi padre fueron sus maestros en La Camilo Pintado. Hoy se lo comentaré a mi madre que aún vive. Gracias

    • Karla Barajas 14 febrero, 2017 at 2:43 pm #

      Gracias. Con gusto le haré llegar algunas entrevistas que realicé a la familia Rincón.

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