Niñas marchando durante la manifestación en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas el #24A. Foto: Isela López.

“Niñas apartadas” práctica y resistencia en Chiapas

Comparte:

FOTO: ISELA LÓPEZ

“Tenía 11 años, todavía corría y jugaba cuando escuché que me llegaron a apartar, vi cómo tomaban trago para celebrar. En la fecha de cerrar el trato, había listos unos puercos y unas despensas… huí, tenía mucho miedo, y luego mucha culpa de que lo que me pasara era por haber huido de mi comunidad”.

Así recuerda su experiencia Odilia López Álvaro, mujer chol que hoy colabora con el Centro de Derechos de la mujer de Chiapas, para que no se repita su historia con las niñas de las comunidades de la zona norte y Altos de esta entidad, en donde aún prevale la práctica de “apartar” a las niñas para comprometerlas a casarse con jóvenes de su comunidad que ni siquiera conocen.

La pedida consta de varias etapas: la primera es apartar la niña, que es cuando el padre del joven se acerca al padre de la niña y le dice que la quiere para su nuera; si acepta (no se conocen casos de que el padre se niegue) empieza la segunda etapa que es el acercamiento del joven a la niña. Al poco tiempo (menos de un año) se fija la fecha de la boda que significa el cierre del trato.

Las niñas pueden ser apartadas, cuenta Odilia, desde los años, por lo que se casan a los 12 y a los 13 años ya tienen a su primer hije y a los 15 ya tienen dos. Por lo general “las elegidas” son las más pequeñas de la familia puesto que se tiene más garantía de su “virginidad” sexual. “Una niña de 13 cuesta más que una joven de 25” señala Odilia.

La resistencia

niñas

Foto: Colectivo La Puerta Negra

Aunque esta práctica, que es parte de sus leyes internas conocidas como “usos y costumbres”, aún prevalecen en algunas comunidades chiapanecas, es importante reconocer que cada vez se vive la resistencia por parte de las jovencitas, en gran parte gracias al movimiento zapatista y las luchas emprendidas por las mujeres zapatistas a favor de sus derechos.

“Si una mujer se resiste a ser apartada o casarse con un desconocido, eso lo ven las otras mujeres y empiezan a decir que no quieren”, explica Odilia quien vivió esta experiencia antes del año 1994. En ese entonces, un tío la ayudó a salir de su comunidad, y ella, a sus 12 años, justo antes de que llegara el día para la boda, se escapó. Sin saber castellano ni haber nunca salido de su comunidad se aventuró a una nueva vida en la que sintió mucha culpa por haber huido.

Actualmente, en su zona chol se sigue viviendo, “a mi hermanita igual la pidieron pero ella tuvo el valor de decir que no quería”. Ahora, ya son permitidos los noviazgos y se empieza a permitir que las mujeres elijan a hombres que no sean de su comunidad, porque eso no era permitido. Las cosas han cambiado, porque muchas niñas ya van a la escuela o salen de su comunidad y se dan cuenta que “así no son las cosas”.

De acuerdo con el Código Civil del Estado de Chiapas, ningún menor de 16 años puede contraer matrimonio sin el permiso de sus progenitores; y en el artículo segundo de la Constitución, reformada el 14 de agosto de 2001, se establece el derecho de las comunidades indígenas a regirse bajo sus Usos y Costumbres.

El párrafo segundo establece el derecho de las etnias de: “Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus conflictos internos, sujetándose a los principios generales de esta Constitución, respetando las garantías individuales, los derechos humanos y, de manera relevante, la dignidad e integridad de las mujeres”.

No obstante, las niñas apartadas y casadas sin su consentimiento sigue siendo una práctica cultural convertida en Ley, que normaliza la violencia hacia las mujeres a muy temprana edad y les corta la posibilidad de vivir su infancia, convirtiéndolas en niñas madres.

Revista Enheduanna

, ,

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: