Las bandoleras: mujeres copilotas

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Por: Karla Gómez
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- No importa la edad, estatura o complexión. Las mujeres han encontrado una sana diversión en trasladarse en una motocicleta. Son copilotas, y para formar parte de un motoclub tienen que recorrer alrededor de 2 mil kilómetros en compañía del piloto (esposo o novio).
Ellas deben vestir pantalón de mezclilla, playeras de manga larga o sudadera especial que tiene protectores, para que en caso de un accidente salgan lo más ilesas.
Motos de varios tamaños, marcas, kilometrajes y colores, se reúnen cada viernes por la noche en el Parque Jardín de la Marimba. Ellas también asisten, escuchan lo que abordan en las reuniones, son partícipes en este motoclub.
Hace unos días, seis mujeres de edades de 21 a 37 años, obtuvieron su “parche”, lo cual demuestra que ya forman parte del Motoclub “Bandoleros Chiapas”.
Les dieron la bienvenida con una pequeña “travesura”, les vendaron los ojos, y las sentaron en sillas blancas de plástico, y a la cuenta de tres les aventaron confeti. Antes de eso, ellas movían su cuerpo, como tratando de descifrar qué les harían. Desde ahora tendrán que portar la chamarra negra de cuero, y el parche que las identifica como “Bandoleras”.

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Salir de la rutina, sentir el viento romper su cuerpo…

Fanny Lizeth Megchún Trujillo, quien tiene 24 años de edad y dos hijas, lleva un año y medio en este grupo, ahora es “una Bandolera”. Dijo que asistir a este motoclub hace que salga de la rutina que tiene entre ser ama de casa y estilista.
Contó que de niña era copilota de su tío, y lo acompañaba a rezos y peregrinaciones de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, desde que ingresó a “Bandoleros”, su esposo se encargó de enseñarle a conducir con una motoneta, por lo que presume que ya la sabe manejar, y el nuevo reto que enfrenta es dominar una Italika motocross.
“Cuando esté lista para conducirla en carretera, tendré como copiloto a mi esposo, ya quedamos que en el primer viaje él será mi copiloto. Después viajaré sola”. Compartió la “Bandolera”.
Aclaró que sería bonito que tengan una salida de puras mujeres “Bandoleras”, pero que quizá no sería posible, debido a que las mujeres siempre piensan en su familia y en los hijos, así como los peligros que pueden tener al viajar.
Sonriente, Fany, narró que ser copilota le permite sentir la adrenalina y cómo el viento rompe con su cuerpo, además de que respira aire natural.
Informó que como copilotas sólo se dedican a guiar al piloto, avisarle sobre algún peligro, además de que ellas cargan una mochila con ropa, porque a veces los viajes duran tres días, “no subimos de grado”, subrayó.
Xóchitl Rodríguez Martínez, quien tiene 37 años de edad, es esposa del presidente del Motoclub. Platicó que como parte de las actividades que realizan es llevar a cabo labores altruistas, como el Motojuguetón, donde cada pareja recauda juguetes para niños de escasos recursos.

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La calavera sin sexo
“No hay pilotas en este Motoclub”, mencionó, aunque confesó que por miedo aún no aprende a manejar, pero que disfruta de los paisajes que conoce como copilota. Xóchitl Martínez, invitó a que los ciudadanos vean a las motocicletas como un vehículo más, y las respeten tanto en las calles y en carreteras.
“La moto no me hace ser ni más ni menos que nadie, simplemente me une a mis hermanos, y sé que puedo contar con todos en cualquier momento, y es lo que nos hace ser ‘Bandoleros’, porque la amistad la basamos en respeto, hermandad y sencillez”, dijo Gilberto Ruiz Zambrano, presidente del Motoclub “Bandoleros Chiapas”.
Dio a conocer que lleva tres años este motoclub, donde todos son amigos -de diferentes oficios y profesiones- y los une una cosa en común: la pasión por las motos.
“La idea de portar un parche, los distingue de otros clubs, por eso implementamos el chaleco. Es una prenda con una gran carga simbólica, ya que  en nuestro caso, es la prenda en la que portamos nuestros colores”, agregó.
Señaló que el chaleco es de las prendas más cómodas, ya que se puede colocar encima o debajo de la chamarra de motero.
“Tenemos como ícono una calavera, esto representa que estamos abierto al género y que no somos racistas. La calavera no tiene sexo”, puntualizó.

Revista Enheduanna

 

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