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El Síndrome de Down y yo

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 Colaboración de Elizabeth Patricia Pérez

“Las sensaciones que viven los padres al saber que su hij@ nació con una “discapacidad” son de mucho dolor, incertidumbre, miedos al no saber al que pasará ahora con esta condición de vida que reestructura a toda una dinámica familiar.

Valorar todo lo que una familia hace para brindar a sus pequeños en situación de discapacidad va más allá de traspasando las fronteras de todas aquellas emociones y sensaciones, para resumirse simplemente en un amor incondicional de una madre hacia un hij@.

El Síndrome de Down, es una de las limitaciones con mayor incidencia y de la cual mucha gente desconoce, pero también quizás conocer lo que los padres viven, puede ser una manera para empatizar con aquellas familias que día a día nos enseñan más de lo imaginado.

Siempre pensé en el Down como algo lejano o ajeno a mi persona, creyendo erróneamente que más bien se debía a otras circunstancias  como la edad. Claro mi forma de pensar se desmoronó como un castillo de naipes al saber que mi hijo nació con síndrome de Down, y que aquello que consideraba ajenos o lejano empezó hacer parte de mi realidad y de mi cotidianidad.

Pero no tuve tiempo para sentarme a lamer mis heridas, sin oportunidad de quebrarme aunque por dentro estuviera hecha pedazos. Pero  al ya tener mi hijo en mis brazos, me puse aprensar, ¿qué es lo que tengo que hacer?, o ¿por dónde tenía que empezar?

Y en ese momento empezó mi peregrinar al acudir a Instituciones Públicas, Privadas y terapeutas que han dado todo por generar un cambio (a las cuales agradezco infinitamente),  para poderle dar lo mejor  a ese ser amado que vino a iluminar nuestras vidas.

Ahora ya con más calma me doy mis momentos al duelo en algunas ocasiones a llorar por lo que pudo haber sido y no fue. Pero sin  arrepentimientos, sabiendo que le he dado a mi hijo todo lo que él ha necesitado para poder lograr rehabilitarlo en la medida de lo posible.

Finalmente, como en una ocasión alguien me dijo: La FELICIDAD tiene diferentes rostros y el de mi hijo es uno muy pero muy especial”.

Leslie Adriana Hernández  Román

 

La vivencia de Leslie es tan sólo un pequeño reflejo de cómo miles de madres afrontan una “discapacidad”, y también cómo van superando los inconvenientes con los que se encuentran, por ello, agradecemos a Leslie y a las familias que abren sus corazones y demostrarnos una vez más que el amor supera todas las fronteras.

 

Revista Enheduanna

 

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