TODO INICIÓ EN UN GALLINERO

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Por: Gabriela Montoya

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.-Tiene 50 años, hablante de tres lenguas indígenas: tsotsil, tseltal y ch’ol además del español, ha sido fundadora de 4 escuelas. Luisa Gómez Días originaria de San Andrés Larrainzar con 30 años de servicio en la docencia y a punto de acercarse a la jubilación ha sido para cada unx de sus 6 hijxs un ejemplo de lucha, dedicación, compromiso y entrega.

“Mi papa no me permitía estudiar y me decía otras cosas, me insultaba porque decía que no valía nada, que soy mujer, lo que podía hacer era hacer tortillas en la casa, que los hombres sí podían hacer de todo pero una mujer no, valía nada más para la cocina para atender a los hijos pero nunca le hice caso a mi papá”.

Inició a trabajar como maestra de preescolar con sueños y planes diferentes: “yo soñaba con ser secretaria” pero la necesidad la llevó a ser maestra, algo que sin saberlo la convertiría en su más grande pasión. “Yo me metí a trabajar sólo por necesidad yo siempre he sido sincera, la verdad no era mi gusto sino que por una necesidad, pero esa necesidad me hizo tener una experiencia muy bonita al atender a los niñxs”.

Gabriela Montoya

Foto: Gabriela Montoya

DEL GALLINERO A LAS AULAS

Su primera experiencia como maestra fue en la comunidad de Benito Juárez municipio de Tumbalá, Chiapas; a su llegada se encontró con dos grandes dificultades: la primera, todxs los niñxs eran hablantes de la lengua originaria Ch’ol y no entendían el castellano; la segunda fue no tener aulas, trabajaban en un espacio prestado por la primaria de la comunidad al cual le llamaban “el gallinero”. “El cambio lo hice yo en esa comunidad, donde yo trabajaba era como un gallinero era de lámina con malla y ahí trabajaba”.

Al ver la necesidad y pasividad que tenía el director del preescolar “Justicia Social” para solicitar espacio y aulas adecuadas para lxs niñxs, ella decidió iniciar los trámites para la construcción de al menos un aula “le dije a mi director, me informaron que están dando aulas ¿Por qué no lo solicitamos? Y me dice ¿y dónde vas a construir maestra? si este espacio es de la primaria, le dije: pues no sé pero tenemos que construir, tenemos que buscar, siempre he tenido ese valor de enfrentar las cosas”.

Fue así como acompañada del director se presentó durante una reunión ejidal de la comunidad “les dije nosotros somos de educación prescolar tenemos 35 niños y necesitamos terreno y el profesor Mateo que sigue viviendo ahí nos empezó a apoyar, dijo: tenemos un terreno grande en la primaria porque no les damos un pedacito, la carta de donación de la primaria está en trámite ¿porque no les damos un pedazo al preescolar? y fue entonces que nos dieron ese terreno”.

Una vez donado el terreno y como la persona que se presentó a solicitar el aula, le pidieron elaborar un acta de acuerdo, pero al desconocer cómo hacerlo, nuevamente acompañada de su director, caminó por dos horas en una vereda para llegar a su supervisión y solicitar apoyo. “No se preocupe maestra, yo tengo un formato guíense de este, que cuántos metros al sur cuántos al norte, con qué colinda y nos costó mucho fue un rompecabezas para mí porque no tenía experiencia”

En su primera fecha de pago sin saber cómo ni dónde, se fue a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez llevando consigo el acta de acuerdo, la hoja de donación del terreno y la solicitud del aula. “Cobré y pregunté: disculpe dónde puedo solicitar aulas? Y me dicen ¿ya trajo usted su oficio? Me dió la dirección y me dijeron que yo fuera a la oficina de CAPSE, tomé un taxi y me fui, llegamos, estaba lejitos me sellaron de recibido y me dijeron: me puede hacer un croquis, claro y comencé a imaginarme cómo era y lo empecé a dibujar, que si de Tuxtla a San Cristóbal de ahí a Ocosingo que si Xanil y que de ahí una brecha y así lo imaginé y lo dibujé”.

Fue así como al medio año de la solicitud llegaron los trabajadores a construir dos aulas, más una plaza cívica y el acceso al prescolar y ahora había otro problema “me faltaba la letrina porque no había ni letrina, me voy a la presidencia a solicitarla y fui otras cuatro horas caminando a solicitarla pero lo conseguí”.

Después de conocer al que se convertiría el padre de sus hijos, se trasladó a trabajar a una comunidad cercana a Benito Juárez el prescolar llamado “La corregidora” nuevamente no tenía aulas. “Me fui aotra comunidad que se llama Cueva Morelos y ni aula tenía otra vez ¡ah pero como ya soy tan buena para solicitar! Ahí voy a solicitarlo y me dan otras dos aulas”.
Estuvo trabajando durante dos años en Cueva Morelos y después se volvió a trasladar a Ignacio Allende “es saliendo por Agua Azul y no había aulas otra vez, yo soy la que va solicitando pero otras estrenan y lo sigo haciendo”.

Al casarse y tener hijos dejó de gestionar aulas y proyectos “ya no hice nada uno por mis hijos y otro por el marido que ya no me dejaba salir, yo tenía las ganas de seguir haciendo lo mismo pero ahorita ya estoy sola ya le estoy echando ganas de nuevo, espero que mis hijos me sigan, cuando estaban chiquitos crecieron con su tía, le pagaba para que me los cuidara pero no fue fácil, pero cuando crié a mis hijos fue cuando sentí que no hice nada en mi trabajo siento que ahí fue cuando perdí tiempo”.

 UNA NUEVA ESCUELA

Un 20 de agosto del 2009 comenzó una nueva historia pero ahora en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas en el prescolar de nueva creación “José Vasconcelos Calderón” ubicado en la zona norte de la ciudad en la colonia Álvaro Obregón. Trabaja con un sólo grupo donde hay niñxs de primero, segundo y tercer año, inició trabajando en un salón de usos múltiples de costera, “no teníamos aula no teníamos ni cómo trabajar…. las banquitas, las mesitas, fueron elaboradas por padres de familia por lo mismo que aquí el lugar era de áreas verdes y con el tiempo fuimos a solicitar en el ayuntamiento”.
Motivada y recordando los ayeres de la jovencita que gestionaba aulas así tuviera que caminar hasta cuatro horas subiendo y bajando montañas, comenzó a gestionar proyectos para su ahora nuevo prescolar.

Gabriela Montoya

Foto: Gabriela Montoya

Lo primero fue solicitar el espacio “me decían que eran áreas verdes que no se donaba ¿dónde vas a construir si ese no es tuyo, no es de la secretaría? y sí me preocupé bastante pues hasta que se logró apenas tiene un año que se logró y el terreno llevo un poquito más de cuatro años

Después de obtener el reconocimiento o dictamen y ahora hizo la solicitud de aulas, pero no fue fácil todo el procedimiento duró aproximadamente 5 años. Pero el prescolar no era de lo único que carecía o que carece, anteriormente no contaba con barda y ahora ha logrado la maestra Luisa ha logrado gestionar proyectos para enmallar el perímetro pues era un riesgo que corrían los niños al estar prácticamente expuestos en la calle.

Recientemente logró obtener apoyo para la construcción de la plaza cívica en donde con la ayuda de los padres de familia, construyeron canastas de básquet bol utilizando madera y una llanta. “Ahora con la cancha las mamás se emocionan se paran a ver los pequeños”. Otro de los apoyos que ha gestionado ha sido para la compra de material didáctico ya que anteriormente si no contaba con pizarrón y mesas menos que tuviera ese tipo de material, resolvía el trabajo utilizando materiales reciclados ayudando también la economía de lxs padres y madres de familia (tapas de botellas, palitos de paletas, semillas, botes de jugo, cartón, etc.).

Luisa Gómez

Foto: Cortesía Luisa Gómez

Es la única trabajadora del preescolar, ella funge roles como: maestra de educación física, directora, maestra, encargada de la limpieza, secretaria, arquitecta, psicóloga, doctora y se le pueden sumar muchos más roles. “Hasta que yo reúna 50 niñxs en la preinscripción voy a poder solicitar a otra maestra porque aunque en agosto me lleguen 30 niñxs más a clases, no me mandan personal porque toman en cuenta la cantidad de niñxs que hay en la preinscripción de febrero”. Aunque en este ciclo gracias a las mejoras que ha obtenido el prescolar ya cuenta con los 50 niñxs por lo cual hay una posibilidad de que este año pueda contar con una maestra más.

Le quedan dos años antes de su jubilación y ella no espera irse sin poder hacer algo más en su escuela ya que aun le falta y más aun sin estrenar las nuevas instalaciones que espera gestionar. “Todas las aulas que he gestionado no las ha podido estrenar y espero que en esta ocasión sea la vencida”.

“El recordar todo me emocionó porque algo hice en la vida, porque sé que valgo, que sirvo y de algo sirvió mi profesión, no en vano estudié. Me emociona porque es algo bueno que he hecho en la vida no a beneficio personal sino a beneficio de los niños”

Gabriela Montoya

Foto: Gabriela Montoya

Revista Enheduanna

 

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