Guadalupe, desmitifica la edad y el aprendizaje

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Guadalupe aprendió a leer y escribir a los 91 años de edad. Ahora tiene 93 años y hace una semana recibió su certificado de primaria. Foto: Francisco López Velásquez/ Revista Eneheduanna.

Guadalupe aprendió a leer y escribir a los 91 años de edad. Ahora tiene 93 años y hace una semana recibió su certificado de primaria. Foto: Francisco López Velásquez/ Revista Eneheduanna.

Por: Sandra de los Santos

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.- Jamás fue a la escuela. La primera vez que tomó una clase fue a los 91 años de edad. Hace una semana recibió su certificado de primaria. Obtuvo uno de los mejores promedios, 9.1.

Guadalupe Palacios García tiene 93 años de edad. Es originaria de Ocozocoutla, Chiapas, pero desde los 17 años vive en Tuxtla Gutiérrez. Es una de las fundadoras del Mercado 05 de Mayo. Durante 40 años vendió pollos en ese centro de abastos.

Hace dos años David Velásquez, un asesor del Instituto Chiapaneco de Alfabetización para Adultos y Jóvenes llegó a su casa y le preguntó si quería aprender a leer y a escribir. No tuvo que insistirle mucho, desde hace varios años Guadalupe ya traía las ganas de estudiar.

“Cuando yo era niña los papás no mandaban a la escuela. Yo salía a trabajar, a vender nuégados, melcocha, eso hacía de niña. Pero, yo si quería ir a la escuela” cuenta Guadalupe, quien goza de una salud envidiable. Sólo tiene un ligero problema auditivo, que lo resuelve bien con unos aparatos que utiliza.

Guadalupe tiene una salud envidiable. Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Guadalupe tiene una salud envidiable. Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Eran pocos los niños que iban a la escuela en el lugar que vivía y mucho menos las niñas. Ellas lo que hacían era aprender las tareas del hogar.

Guadalupe arregló su vida como pudo sin saber leer y escribir. Aprendió a hacer cuentas, pesar, hacer anotaciones con su propio código sin saber, propiamente, leer y escribir. Algunas de sus compañeras del mercado le ayudaban.

La escuela siempre fue un asunto prioritario para ella. Procuró que todos sus hijos e hijas fueran a la escuela. También se hizo cargo de algunos de sus nietos. Hasta ahora cuida a una de sus nietas, quien es discapacitada.

Uno de sus hijos es periodista. Todos los días llevaba el periódico a su casa y ella se desesperaba al no poderlo leer. “Él me contaba que ahí aparecía su nombre, me decía lo que había en el periódico, pero yo sólo me quedaba viendo las figuritas”.

Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Ahora todos los días lee el periódico. Al terminar sus tareas del hogar se sienta a leer el diario por el simple placer de que ahora puede entender bien todo lo que dicen. Dedica por lo menos una hora diaria a hacer actividades escolares.

“Me gusta sentarme agarrar mi libro, ponerme a leer, a escribir. Quiero mejorar mi letra. Me gusta estudiar” dice Guadalupe y a nadie le puede quedar alguna duda de ello.

Para poder ir a presentar sus exámenes e ir algunas asesorías tenía que pagar a una persona para que se hiciera cargo de su nieta, además de que el taxi que la llevaba le cobraba 100 pesos de ida y otro tanto igual de regreso. Aunque la mayoría de las asesorías la recibía en su casa junto con algunos vecinos y familiares, quienes fueron sus compañeros de primaria.

Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Foto: Francisco López Velásquez/ Chiapas PARALELO.

Guadalupe no aparenta para nada su edad. Es divertida, crítica, y disciplinada. Es una persona ágil. No pide ayuda para realizar sus labores cotidianas. Tiene una memoria envidiable. Se describe así misma: “No soy de esas personas que me siento. Si quiero algo voy por eso. Yo vivo felíz”. Ella desmitifica ese dicho de “es demasiado tarde”.

Se siente previlegiada por haber podido terminar la primaria. Sabe que hay muchas personas que a su edad ya no pueden hacer algunas cosas, ella aprovecha el regalo de la vida. Tiene planes para su futuro: va a estudiar la secundaria.

En Chiapas, 18 de cada 100 personas de 15 años y más, no saben leer ni escribir. El índice es mayor cuando se trata de mujeres. Son menos las mujeres que ingresan a la escuela que los hombres, sin embargo tienen mejores promedios y eficiencia terminal. Guadalupe es muestra de ello.

 

 

 

 

 

Revista Enheduanna

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