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De la batería nace el amor

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FOTOS: KARINA ÁLVAREZ

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.- Portando el vestido y las zapatillas de quinceañera, Alejandra se sentó decidida, tomó las baquetas y tocó la batería con verdadera pasión en su fiesta de XV años como muestra hacia su padre y madre de que ella en verdad quería estudiar la batería. “Recuerdo que mi mamá se levantó y dijo bien emocionada ‘ésa es mi hija’”. Sin embargo, ese sólo fue su primer obstáculo vencido, aún le faltaba mucho por vencer.

Desde que Alejandra decidió estudiar Música, porque la batería la flechó, una de las dificultades que ha marcado su carrera musical es el machismo: “he pasado muchas cosas difíciles porque soy mujer, porque te creen menos y no puedes tocar como un hombre o porque simplemente muchas veces te dicen que la música no es para mujeres además de que hay un morbo por ser música mujer y tienes declaraciones de cualquier tipo”

Alejandra Aviña Ruíz de 21 años es baterista chiapaneca y de las pocas mujeres que se han abierto paso en la carrera de Música en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) en la capital de nuestro estado. Es originaria de Tapachula, pero desde los 10 años vive en Tuxtla Gutiérrez.

“Fue amor a primera vista; tocar un instrumento es reflejar tus sentimientos, si tocas y estás feliz, alegre, triste, enojado, desilusionado lo que estés pasando lo puedes expresar con tu instrumento y desde que yo toqué la batería mi vida ha cambiado totalmente” platica Alejandra.

NADIE ME VA A DETENER ¡YO VOY A TOCAR LA BATERíA!

“Tenía 12 años cuando vi por primera vez la batería y dije es: mía, tiene que ser mía” platica Alejandra como si reviviera aquel día. Fue así como empezó lo que sería su más grande amor, comenzó viendo tutoriales en internet y estudiando por su cuenta. Más tarde, se enteró que en el Colegio de Bachilleres (COBACH) impartían clases de música e incluía clases de batería, sin pensarlo dos veces se propuso estudiar en esa escuela.

“Todo el mundo me decía: no vas a poder entrar, está difícil, pero le di como tres vueltas a la guía para estudiarla porque yo decía: yo voy a entrar al COBACH, yo tengo que estar ahí para tener clases de batería y nadie me va a detener” y en efecto, Alejandra logró su meta.

Después de haber acabado antes de lo esperado los contenidos que ofrece el COBACH, fue su mismo maestro quien le propuso que tomara clases externas ya que por su cuenta era todo lo que le podía enseñar y fue así como inició con sus clases de batería en la antigua Academia de música en Tuxtla Gutiérrez llamada “Bataca”.

¿Pero que decían sus padres del amor que le tenía Alejandra a la batería? “Ellos no me dejaban estudiar la batería, creían que la música es un hobbie no una carrera y tuve muchos problemas por eso, pero la insistencia fue tanta que me hice de una batería y desde que yo toqué una, nunca la dejé”.

Fue así como a base de ahorros y con el regalo económico de XV años que su padre y madre le dieron, Alejandra se compró su primera batería, una Nytro Evolution que para ese entonces, como platica Alejandra, era “la mejor batería del mundo”

A pesar de todos sus esfuerzos, Alejandra no convencía a sus padres, en especial a su madre, de su gusto y decisión por estudiar ese instrumento, así que sin importarle nada ni nadie, ella decidió presentar el examen para la carrera de Música en la UNICACH y después de 5 semestres de preuniversitario y de haber presentado un examen, actualmente cursa el sexto semestre de la carrera de Música en la UNICACH.

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EL JAZ: UN NUEVO AMOR QUE VIENE CON LA BATERÍA

Después de que su papá y mamá aceptaron y se convencieron de la vocación de su hija, ella comenzó a tocar en algunas bandas, unas formadas por ella y otras a las que la invitaban. “Empecé tocando covers de rock, luego estuve con algunas bandas y después empecé a tocar en bares, cafés y eventos”.

Alejandra también platica de las experiencias buenas que ha tenido, como participar en la orquesta oficial de la UNICACH, la “Big Bang” además de que actualmente forma parte de un ensamble coordinado por ella ya que para realizar el recital para su cambio de nivel, invitó a músicos y a partir de ahí han seguido tocando juntos para diferentes eventos; también se ha presentado en lugares como el D.F, Tapachula, San Cristóbal y Monterrey.

Anteriormente, Alejandra tocaba Rock y Rock alternativo pero al entrar a la universidad conoció al Jazz que se ha convertido en otro de sus más grandes amores aunque tampoco dejó por completo el Rock. “Me encanta el Jazz, desde que lo escuché porque con él puedes improvisar y puedes ser tú y decir y expresar lo que tú quieras; obviamente hay patrones que seguir pero tocar el Jazz es lo que más disfruto, aunque también puedo tocar otros estilos”.

Actualmente Alejandra además de estudiar música, trabaja en el ensamble, también da clases en una escuela de música particular en Tuxtla Gutiérrez. “Doy clases generalmente a niñxs porque me interesa mucho el desarrollo de la música desde que son pequeñxs y cuando veo que una mujer quiere aprender me emociona todavía más”. Gracias a su trabajo ha podido cambiar su batería por una PdPZ5 aunque la primera ha sido la que más sentimientos le guarda.

Entre los proyectos que tiene está el de tomar clases en noviembre en el D.F con Antonio Sánchez creador de la música de la película “Birdman”; crear un ensamble donde participen únicamente mujeres de diferentes estados, y piensa estudiar otra carrera para la creación de un software para que lxs niñxs aprendan a tocar la batería.; al culminar su carrera planea poder ir a estudiar la maestría en el D.F en composición musical para cine, cortometrajes y comerciales.

Ella es Alejandra Aviña Ruíz una de las pocas bateristas chiapanecas, la que define a la batería como vida, la que no se vence, la que defiende su trabajo ante hombres y mujeres, la creadora de proyectos y sueños, Alejandra, mujer que conoció que el amor a primera vista si existe y no precisamente con un príncipe azul, sino con una batería.

Revista Enheduanna

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