Reportando sobre pobreza rural y desarrollo agrícola mexicano

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*Mujeres rurales más afectadas por la pobreza en el campo

Por: Patricia Chandomí

De 2003 a 2013, el presupuesto para el campo mexicano creció 170% pero la pobreza disminuyó sólo 4%. Desde 1982 la economía rural no crece más de 2%, reportan organizaciones civiles como ANEC, Ashoka, Semillas para la Vida, Fundar, El Poder del Consumidor y otras.

A pesar de que el presupuesto se ha triplicado en la Secretaría de Agricultura Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) en los últimos 15 años, de 30 mil millones a 93 mil millones al año, hay más deficiencia alimentaria y pobreza, informó Víctor Suárez, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC).

Organizaciones civiles que apoyan al campo y a los pequeños productores denuncian que grandes empresas como Nestlé, Maseca, Monsanto, Bimbo, Lala y Bachoco se llevan buena parte del presupuesto dedicado al campo.

Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) del gobierno mexicano reporta que para el 2010 la pobreza en las zonas rurales y urbanas aumentó: en las primeras, pasó de 62.4 a 64.5 por ciento, es decir, de 15.9 a 17 millones de personas; en las segundas pasó de 39.1 a 40.5 por ciento en número de personas, ello significó un aumento de 32.9 a 35 millones.

De los 52 millones de personas pobres, dos terceras partes residían en localidades urbanas y una tercera parte en localidades rurales.

En 2010, cerca de la mitad de mexicanas y mexicanos vivía en condiciones de pobreza, una de cada tres personas vivía en pobreza moderada y poco más de una décima parte en pobreza extrema.

Chiapas el estado con más población en pobreza

El CONEVAL reportó que los estados con mayores porcentajes de la población en pobreza fueron Chiapas (78.5); Guerrero (67.6); Oaxaca (67.4); Puebla (61.2); y Tlaxcala (60.6). En Chiapas el 88 por ciento de la población vive en alta y muy alta marginación, las mujeres son el grupo de población más vulnerable a la pobreza estructural de acceso a recursos, propiedades, educación, salud y dignidad laboral reportó el Grupo de Mujeres de San Cristóbal de las Casas (COLEM) y el Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas (CDMCH) organizaciones que en julio del año 2012 presentaron uno de los 18 informes sombras a las 23 expertas de la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres (CEDAW).

La pobreza afecta más a las mujeres: sin derecho a la posesión de la tierra

El informe antes citado remarca que en Chiapas 9 de cada 10 habitantes tiene un grado de marginación medio, alto y muy alto, lo cual afecta de manera desproporcionada a las mujeres indígenas y rurales, donde 94% de las mujeres tienen como ocupación principal el trabajo en el hogar.

En las regiones indígenas y rurales, el ejercicio de los derechos puede estar vinculado a la voluntad del esposo o padre. Bajo los parámetros campesinos, el ejercicio de los derechos depende de la posesión de la tierra. Sin embargo, sólo entre un 5% y 8% de las mujeres gozan de derechos sobre la propiedad colectiva en Chiapas.

Las debilidades gubernamentales para “apoyar” el campo mexicano

Para el sector rural hay más de 150 programas, pero en promedio cada productor recibe sólo tres. El 20 por ciento de los productores se lleva 60 por ciento del presupuesto, aseguró Héctor Robles, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Las reglas de operación dificultan el acceso a programas rurales. Para entrar a todos los programas cada productor tiene que revisar mínimo 3 mil cuartillas, acudir a casi 20 ventanillas, y en ocasiones gastar de 30 a 50 por ciento de sus ingresos, señaló Robles, en una entrevista con Gaudencia Vargas del periódico El Contribuyente.

Además, los programas exigen la firma y asesoría de especialistas que se quedan con gran parte del recurso de los programas de apoyo al campo y que en parte abusan de ciertas condiciones de los campesinos, como su analfabetismo para poder elaborar ellos mismos sus proyectos.

Algunas instituciones además ponen como requisito estar registrado ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), y estar al corriente con las obligaciones fiscales, pero la mayoría de los productores no cumplen con esas condiciones por su nivel de ingresos, incluso por su propia ubicación geográfica alejada de oficinas de Hacienda.

La desigualdad de apoyos para el campo es muy visible de una región a otra, un productor de maíz de Chiapas recibe no más de 5 mil pesos en subsidios, un productor de maíz de Sinaloa recibe 200 mil pesos al año, esto tiene que ver con el grado de escolaridad de acceso a recursos de conocimientos como internet y contactos dentro de las instituciones que informen de proyectos de apoyo al campo.

El acceso a recursos está condicionado con la escolaridad de los productores, en el caso de Chiapas donde buena parte de la producción agrícola en pequeña escala está a cargo de las mujeres, el no saber hablar español, el no contar con algún grado de escolaridad y la poca movilidad del campo a la ciudad, tanto de los y las campesinas como del personal de las instituciones hace aún más lejana la posibilidad de concursar por los programas de apoyo al campo.

Institutos de investigación agrícola alejados de los productores

La tecnificación del campo no sólo ha engrosado una burocracia que se queda con buena parte de los recursos, sino también hace un paralelo que busca tecnificar el campo pero sin acercarse a los campesinos para conocer sus necesidades. Un campo para ellos pero sin ellos.

Los pequeños productores conforman 70% de las Unidades de Producción y cultivan 40% de los alimentos en 17% de la superficie laborable del país. Conservan plantas como: maíz, calabaza, frijol, chile, jitomate, aguacate, entre otras que han alimentado a la humanidad desde hace más de 10 mil años y que hoy representan el 16% de la dieta mundial.

Ausencia de apoyo para vender en mercados locales

Los programas de apoyo al campo no se restringen a la facilitación de herramientas para el cultivo, sino también a otros insumos que tiene que ver con el mejoramiento de caminos, de servicios de salud en las zonas rurales y transporte seguro para mover sus productos al mercado.

Si estamos hablando que la mayoría de campesinos son pequeños productores, eso quiere decir que no producen lo suficiente como para abastecer la demanda de los supermercados, pero sí producen como para vender a pequeña escala en los mercados locales.

Incluso los gobiernos podrían comprar sus insumos alimenticios con los pequeños productores.

¿Por qué han fracasado los programas gubernamentales?

Cuando organizaciones como ANEC, Ashoka, Semillas para la Vida, Fundar, El Poder del Consumidor y otras se hacen esa pregunta responde de manera sistematizada.

    1. Baja cobertura: de 80 programas analizados, sólo 9 tienen presencia nacional.
    2. Orientación asistencialista: 1570 municipios son dependientes de los recursos de SEDESOL.
    3. Distribución centralizada: Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Jalisco concentran 38.9% del presupuesto de Competitividad, 43.6% de FINRURAL y 42.6% del crédito FIRA mientas que otras 16 entidades del país sólo tienen 26, 21 y 17% de los mismos.
    4. Poco beneficio a poblaciones marginadas: Los municipios con muy alta marginación tienen un monto per cápita promedio de $3,581; $792 debajo del promedio nacional.

Le agregaría una quinta, la falta de perspectiva de género en el campo, dado el abandono y la poca efectividad de los programas de asistencia social, los campesinos están migrando a las ciudades, a otros países o están incorporándose a nuevas actividades productivas. Son las mujeres quienes desde hace mucho están haciéndose cargo de las milpas familiares, de las parcelas, de los cultivos de traspatio, algunos expertos y expertas atribuyen la sobrevivencia de la agricultura a ellas.

Sin embargo, las campesinas son las más invisibles del sector productivo, se piensa a las mujeres como “ayudantes” del campesino, pero no, como las grandes responsables del desarrollo agrícola.

La agricultura en México es más que un sector productivo importante

Más allá de su participación en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, que es de apenas 4% de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía citados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) del año 2009, las múltiples funciones de la agricultura en el desarrollo económico, social y ambiental determinan que su incidencia en el desarrollo sea mucho mayor de lo que ese indicador implicaría.

La relevancia de la agricultura en el país es que la población más pobre destina más de la mitad (51.8%) del gasto corriente monetario a alimentos, mientras que el más rico la proporción es solamente de 22.7%.

Por otra parte, es necesario resaltar que los productos agropecuarios están en la base de un gran número de actividades comerciales e industriales. Si se considera la producción agroindustrial, la contribución sectorial al PIB de México se duplica sobradamente, superando 9%.

A diferencia del producto agrícola primario, el aporte de la agroindustria crecimiento económico no tiende a declinar relativamente conforme aumenta el desarrollo económico; en los países desarrollados e incluso en algunos países latinoamericanos, como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, el aporte de la agroindustria en el PIB llega a ser dos o tres veces mayor que el de la producción primaria, en un proceso de creciente articulación intersectorial. El potencial de crecimiento de esta participación es particularmente amplio en México.

La agricultura es una actividad fundamental en el medio rural, en el cual habita todavía una parte altamente significativa de la población nacional. En las pequeñas localidades rurales dispersas (con población inferior a 2,500 personas) viven 24 millones de mexicanos, es decir, casi la cuarta parte de la población nacional. De las 199 mil localidades del país, 196 mil corresponden a esa dimensión. Sin embargo, la vida rural en México se extiende mucho más allá de esas pequeñas localidades.

En ocasiones se considera un umbral de 15 mil habitantes ya que las localidades con población inferior a ese número presentan formas de vida característicamente rurales. Utilizando ese umbral la población rural resulta de más de 38 millones de personas (37% del total nacional). Lejos de ser marginal, el desarrollo rural (empleo, ingreso, articulaciones productivas, condiciones de vida) constituye una parte muy relevante del desarrollo nacional.

Estas pinceladas para conocer el campo mexicano nos habla de la urgencia de la inversión efectiva no sólo en el campo sino en los campesinos y campesinas, es necesario hacerse más eficaces para tener un campo más productivo, rentable, generador de empleos y de condiciones de vida digna.

 

Revista Enheduanna

 

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