Las mujeres de Chiapas

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Por: Patricia de Souza*

Estoy en México desde hace varios días, entre los cuales he dado un salto a Chiapas invitada por un grupo de feministas, mujeres, madres, jóvenes mexicanas. Han sido días de una intensidad inusitada, comprendo que en México, la tierra, el cielo, las plantas, las aves, son voluptuosas como su gente que se apasiona, se la juega, hasta el final.

Karen, Selene, Valeria… son nombres, pero ahora son rostros que no se me olvidan. Y no se me olvidarán las noches compartidas, las caminatas, las conversaciones. Pese a la violencia que vive México por el narcotráfico hay un movimiento de la sociedad constante, que intenta perforar las capas duras del poder. Lo siento como si fuese mi país, es casi mi país. Hace tiempo que mi geografía interna contiene muchos países.

Y hemos hablado de todo, de la situación de las mujeres, de cómo empeora debido al capitalismo, de cómo estamos solas, siempre solas, luchando por ser tratadas con igualdad. Suena a repetición, pero son cientos de vidas al borde del abismo, abortadas. Somos la población pobre, maniatada, silenciada.

Ahora que caminaba por una de las calles de Cuernavaca, ayer que miraba el cielo denso de Chiapas desde al avión, evocando cuando estuve sentada en la plaza de Tuxtla, la iglesia de San Cristóbal, todo eso me llenaba de una melancolía densa y al mismo tiempo leve, la vida en sus facetas contradictorias, su conmovedora simplicidad. Al final la sofisticación no hace más que distraernos de lo esencial. Es el miedo, y el miedo disfrazado-  Se impone actuar para que la vida sea plena, sin nubes sombrías que nos aparten de la risa y nos dibujen una mueca…

Siento que quiero a mucha gente, que tengo hermanas menores y que quiero acompañarlas…

 

*Desde hace mucho tiempo Patricia de Souza (Perú, 1964) ha venido trabajando para dar forma a una escritura que  plantee una problemática con el lenguaje y con la identidad femenina. Sus novelas han estado concentradas en construir esa “escena fundamental” que permita  a la autora desplazarse con soltura dentro de los códigos de la novela y la narración. Sus novelas, de una intimidad sostenida y clara, son ese recorrido de su vida atravesada por rupturas de la historia y múltiples viajes. Desde Cuando llegue la noche, hasta sus libros más recientes, El último cuerpo de Úrsula, Stabat Mater, Electra en la ciudad, por citar algunos de ellos, ésta tensión no ha dejado de manifestarse. Estamos frente a una autora a tiempo completo, en quien la vida y la escritura forman una sola cosa. Tal vez eso haga de ella, una autora imprescindible.

Revista Enheduanna

 

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