DIÁLOGOS ENTRE CORTINAS

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La CULPAble de mi desvelo

Por: Arely Caballero*

 

10:14 pm:

–Mira, aquí venden comida por 25 pesos, ¿dónde estamos?, hay que recordar este lugar para cuando necesitemos comer con poco dinero– le digo a Rave, amigo próximo a hermandad, mientras caminamos rumbo a casa.

–No sé, ¿en la 2da oriente y 4 sur?– responde él con un poco de seguridad.

10:18 pm:

Seguimos marchando a nuestro destino, con los pies y el cerebro cansado, pensando en los tipos de fotografías que nos restan por acabar. Él, mientras se exprime la cabeza ingeniando tomas por retratar, camina a mi lado izquierdo como de costumbre, hablándome de un sin fin de cosas que no entendido ante la falta de atención por parte mía.

Así, caminamos por lo menos un par de cuadras más, Rave de paso calmado insiste en decirme cosas que ignoro por el calor y mis deseos de llegar a casa; ver a Zaphira, y a mi señora madre vestida fodongamente cómoda, sentir su olor a sudor que me enriquece el alma, perderme en su semblante dulce y oír su ya tan simbólico reclamo por no llevarle una coca cola que le sacie la sed y el capricho.

Paso a paso asiento con la cabeza cada palabra de mi amigo sin ser realmente consciente de lo que dice, cuando de pronto le escucho indicar en un grito reprimido:

–¡Corre Areli corre!

–¿Ah?

–¡Corre!

–Pero por qu…

–¡Que corras!

Confiando plenamente en sus palabras y sin poner en tela de juicio su petición a manera de orden, me echo a correr a par suyo, dejándome llevar por el temor de no encontrar transporte público que nos lleve a casa, sin embargo, al percatarme que le llevaba una zancada de ventaja, me detengo a esperarle.

–¿Viste?– Pregunta él con un poco de susto en la voz.

–No, ¿qué pasó?

–No mames Areli, acaban de asaltar a una chava allá atrás.

Sin ser muy reflexiva en las palabras de mi flacucho amigo, volteo por inercia obedeciendo su mirada que apunta cuadra y media atrás, cuadra que ante mis ojos es una mancha negra con pocos destellos de iluminación.

–¿Cómo?

–Delante de nosotros venía una chava, no sé si la recuerdes, a esa chava la alcanzamos y pasamos.

–No recuerdo.

–Bueno, escuché unos gemidos, volteé y un tipo la tenía sujeta por detrás tapándole la boca, y por eso te dije que corrieras.

–¡Joder! ¿Por qué no me dijiste eso? Pudimos haber hecho algo por ella.

–¿Y qué pensabas hacer?

– ¡No sé! Algo pudimos haber hecho con el tripie para ayudarla.

–Llama a la policía, Areli.

Ambos, buscamos a alguien que pudiese ayudarnos, y por fortuna, dos vigilantes que se encontraban en un edificio situado a pocos metros del Oxxo de 1ra oriente y 1ra sur, salieron a socorrer la situación que Rave les dijo.

10:22 pm:

–Vámonos en ese Conejo– dice él.

Sigo obedeciéndole, me subo al conejobus atiburrado de gente sudorosa e impaciente. Los pasajeros charlan, ríen, esperan, miran, y uno que otro regala sonrisas amables, sonrisas que no son suficientes para mermar el pesor de la cobardía, cobardía que me hace pensar en las mil y un cosas que pude haber hecho pero no hice.

Cada segundo transcurrido en los cuales la razón regresa a mí para traducirme lo sucedido, me caen como toneladas de ladrillos cortopunzantes que reflejan ante mis ojos el temor de no haber defendido a aquella chava que bien pudo ser mi madre, mi abuela, una de mis tías, primas, amigas, o simplemente una desconocida a quien esperaban en casa para cenar. Los cientos de autoreclamos me golpean una, otra y otra vez después de cada “hubiera”, que se formula en mis adentros.

Ignoro lo que hubiese pasado si…Pero lo que sí puedo asegurar es, que siendo las 2:49 am, el peso de la cobardía, el desgaste de mis pensamientos y cada ¡Corre! ¡Corre!, de mi amigo que me acompañaba, me dicen que no puedo cerrar los ojos por lo que va de la madrugada.

 

*Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 27 de marzo de 1995. Actualmente se encuentra cursando la licenciatura en comunicación en la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Su gusto por escribir brotó como símbolo de descontento ante las reglas que en su momento le parecían injustas dentro de su casa. Años más tarde y con un poco de madurez en la cabeza, abandona la idea de injusticia mas el gusto por las letras prevalece como pistas de escape a nuevos mundos.

Revista Enheduanna

 

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