Diálogos entre cortinas

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CARTA A MI MADRE 

Por: Areli Caballero

Quiero hablar sobre el frío: el frío es bueno para tomar café, para acostarse, para hacer el amor, para que nos digan “tienes las manos frías”, para fumar y para no salir del cuarto. Jaime Sabines

Mis días fríos hablan mal de ti… Mi cuerpo herido por tu ausencia intenta ignorarlos pero le es imposible. Cada movimiento, cada acto, cada soplo de aliento que ellos emiten, pegan contra mí como aguzadas y afiladas navajas venenosas, con el único propósito de echarme en cara que no estás aquí, que por más súplicas que haga para tener el cálido consuelo de tus brazos, nomás no lo tendré…

¡Me enloquece tener que aceptar la razón de los malditos días fríos! Al decir, que no puedo ir en busca de aquel arrullo que calme mi ira, porque no puedes abrazarme. No pudo sentir el desliz de tus cautelosas y suaves manos acariciando mi rostro, porque tus caricias no están a mi alcance… No puedo ilusionarme con la idea de acostarme en tus piernas mientras juegas con mis cabellos y me cuentas alguna hazaña nueva del abuelo, porque simple y sencillamente hay lujos que aún no puedo pagar…

¡Malditos días fríos! ¡Los detesto! ¡Los odio! Me son tan indiferentes, hostiles, apáticos y además se empeñan en lastimarme.

¿De qué me sirven los días fríos a mí? Si no puedo sentarme a la mesa con mi taza de café para acompañarte y dejar que el mundo gire, gire y gire mientras me hundo en tu esencia dejándome impregnar por esa magia majestuosa que sueles regalar en cada sonrisa.

¿De qué diantres me sirve tener días fríos? Si no podrás acudir a mi llamado de auxilio cada vez que la voz interna de mi ser implore por la ternura del tuyo. No acudirás cuando mi cuerpo se congele en silencio soportando la tortura delirante de los susurros del señor frío,  me volveré presa fácil del viento, quien es súbdito del frío y ha sido enviado para congelar las lágrimas aún posadas en mis parpados, cegando así, la ilusión de verte caminar a mi lado y mostrarte todo aquello que mis más fieles pensamientos tiene para ti.

Y dime ¿de qué me sirven los días fríos? Si no puedo caminar hacia ti para decirte: “¡Mamá, abrázame!”

Si yo hablara del frío o de los días fríos, sólo diría que Sabines se ha equivocado…

Revista Enheduanna

 

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