DIÁLOGOS ENTRE CORTINAS

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SOÑANDO DESPIERTA

Por: Areli Caballero

-Despierta pequeña–, le escucho susurrarme al oído como si fuese mi persona el punto exacto de sus ansias, como si ocupara de mí aquello que ni ella misma tiene presente, pero lo quiere –Vamos pequeña, despierta que ando con antojo de romper los límites de tu cuerpo de manera silenciosa a orillas de mis labios– insiste con voz insinuante y un poco libidinosa –Despierta, ¿si? –pide nuevamente.

Entreabro los ojos, y al hacerlo me percato de lo clara que está la habitación de mi madre esta mañana; todo parece tan limpio, en orden, tan calmado hasta que fijo la vista (un tanto borrosa), en el espejo tamaño pared que se encuentra frente a la cama, mismo que refleja la silueta de alguien con cabello castaño medianamente largo, téz clara, mejillas delicadas, respirándome muy de cerca a la oreja izquierda, quien parece gozar yaciendo sobre mi espalda.

《¿Qué hago en el cuarto de mi madre con una persona ajena a ella? 》Me pregunto lo bastante confusa para temer la respuesta 《Cierto, Alonso duerme en mi habitación, pero, ¿quién es ella? 》

No me resulta extraño despertar y darme cuenta que duermo boca abajo la mayoría de las ocasiones, pero sí genera confusión en mí el hecho de tener a alguien con las piernas cómodamente abiertas rodeando mi cintura, como si fuese una amazona profesional de equitación sobre su caballo preferido de práctica, esperando realizar su mejor show, sin embargo, la intriga por saber quién es dicha persona me lleva automáticamente a tallarme los ojos, y así aumentar la nitidez de mi vista puesta en el espejo.

Al recuperar la visibilidad por completo, mis ojos se ven ligeramente inmovilizados y atónitos ya que descubren a la señorita linda (responsable últimamente de mis suspiros y pensamientos finales antes de conciliar el sueño), jugando deseosamente con mis cabellos entre sus manos que son un manjar de dioses.

Su cuerpo sobre el mío, parece fina estela bañada de gloria, con una exquisita piel que expresa a cada centímetro de ella una beldad inagotable que invita a no ignorarla, y volverse fiel seguidor de todos y cada unos de sus movimientos… ella con la cara matizada de rubores naturales ligeramente coquetos, clava firmemente su mirada en mis ojos a través del espejo, acto que me obliga a dar los buenos días en primer lugar.

–Buenos días, linda–, digo con nerviosismo.

–Buenos días –responde con algo de inconformidad.

–¿Pasa algo? –lanzo la pregunta con miedo a recibir un sopapo de su parte.

–Tal vez –contesta sin decir más.

–¿Qué pasa?

–No me hacías caso –replica con tono caprichoso como lo haría una mozuela de 8 años que reclama no le compraran los dulces que anhelaba.

–Disculpa, soñaba contigo… –contesto de forma sigilosa con la tonta idea de que con eso quitaría su descontento mas no fue así, ya que en cuestión de segundos ella interrumpe diciendo –… ¿Para qué soñar? Si me tienes aquí –me detengo un poco más a pensar mis próximas palabras y no meterme en más líos con ella, sin embargo, el reflejo emitido por el espejo me distrae, y comienzo a recorrer con la mirada cada tramo de sus muslos cercanos a mí.

Poco a poco en complicidad de lo que parece ser mi mejor amigx en esos momentos, voy descubriendo que se encuentra sin prenda alguna que estorbe el contacto de su cuerpo con el mío, descubro que únicamente tiene semi puesta una sábana color crema a la altura de las caderas que cae delicadamente por encima de sus glúteos. Sonrío.

–Espera, me daré la vuelta, ¿vale?

– ¡No! No te voltees, así estás bien –responde con un tanto de firmeza en su tono de voz.

–¿Por? –pregunto con el corazón en la garganta, esperando lo peor.

–Me gusta ver tu espalda, no es perfecta ni la que a mí me encantaría tener enfrente, pero me gusta –su voz deja de ser firme para volverse juguetona.

–Vale, pero lo que quiero y me gusta es verte a vos y no las telas que cubren el colchón, además admitiré que preferiría verte de frente que a través del reflejo.

–Mmmm ok.

– ¿Qué?

–Nada.

–Entonces, linda, ¿puedo darme la vuelta?

–Sí.

Al voltearme veo en sus facciones algo de descontento, pero pese a tener mueca de seudoenfado, es inevitable no admitir que tengo sobre mí a la mujer más linda de estos tiempos, que no necesita quitarse ni meterse nada, así es perfecta.

De frente, sus llamativos senos a la altura de mis mejillas me dan la bienvenida en un cálido apapacho que es reflejado en un instantáneo rozar de sus pezones delicadamente tintados en un sublime tono palo de rosa, con mis párpados debido al movimiento dado por darme la vuelta. 《¡Vaya que posee pechos hermosos!》pienso sin control alguno de los mismos pensamientos. Observo: son divinamente redondos, relucientes, claros, majestuosos y tiernos… pechos que tienen la capacidad de despelucar cada rincón de mi cuerpo y generar las ganas de palparles con mi húmeda lengua, para saciar la curiosidad por probar el sabor que tienen.

Sus piernas, siguen sujetándome con firmeza, pero ahora se aferran a la parte baja de mi cintura, dejan en claro (que al menos por lo que irá de la mañana), me será imposible escapar de ellas, pero vamos, ¿quién en su sano juicio quisiera escapar de tan encantadoras piernas?, cuando se sabe que son las puertas al paraíso “perdido”, paraíso que deseo explorar con ojos, labios, nariz, manos, piel, corazón, paladar, respirar… y todo lo que me sea permitido para descubrirla, saber de ella y a ella.

Mis manos, son atrapadas por sus pompas… se ajustan perfectamente a la suave piel que las rodea y sin protesta alguna mis dedos comienzan a obedecer mis órdenes de acariciar cada parte de ambos glúteos, que parecen grandes bolas de algodón debido a su suavidad.

Sus dedos de la mano derecha entrelazándose en mis desarreglados cabellos, resultan aún más excitante de lo que en un principio parecían. Ese pequeño gesto, suelta a poquito un sincero cariño de mi parte. Al momento de subir la cabeza y toparme directamente con sus angelicales ojos, me resulta incontenible soltarle un “te quiero”, que me es correspondo con una sonrisa cristalina.

–Disculpa, tienes razón, es tonto de mi parte soñar contigo cuando te tengo cerca, prometo no volverá a suceder, incluso cuando decidas dormir bajo mi cobijo, me quedaré despierta contemplándote, cuidándote…

–No te preocupes, no digas más.

–Deja que termine, por favor. Me quedaré cuidándote en compañía de la luna, y así, cuando llegue el amanecer no me pille dormida y podamos disfrutar de ello en mutua compañía. Lo prometo.

– ¿No entiendes que lo que menos tienes que hacer en estos momentos es hablar porque lo arruinas todo? –al terminar de pronunciar la última palabra sujeta mi rostro con la mano derecha y acercándose habilidosamente se prende a mis labios sin titubeo alguno.

Beso tras beso me da entender que las disculpas, los te quiero, y demás cosas verbales son innecesarios en ese instante. Entonces, mi corazón estalla en un maremoto de emociones que no sé si ella entienda en esos preciosos momentos, pero lo hace… y es ahí, en ese momento, donde ella florece con tal dominio que llega a someter mi orgullo como desde un principio lo hizo.

– ¿Puedo morderte? –pregunta sin soltar mi labio.

–Haz lo que quieras, hoy, mi cuerpo es tan tuyo como mío, corazón.

–Te quiero, pequeña –ella sonríe, me tumba en de una vez por todas en la cama y a mí, a mí no me queda más que dejarme llevar.

FOTO: TOMADA DEL BLOG THE COSPLAY-PLAY.

Revista Enheduanna

 

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