La costumbre de la muerte en Chiapas

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El día que yo me muera
no voy a llevarme nada
hay darle gusto al gusto
la vida pronto se acaba
lo que paso en este mundo
nomas los recuerdos quedan
ya muerto voy a llevarme
nomas un puño de tierra

Nací en Cintalapa, ese lugar que fue uno de los más afectados por el sismo del 07 de Septiembre. Ahí viví los primeros cinco años de mi vida. El día de muertos en la cabecera municipal se acostumbraba que los niños y niñas salieran a pedir lo que las almas dejaron el altar.

Hace unos 30 años cuando vivía ahí no salíamos disfrazados, nos juntábamos un grupo de niños y nos íbamos de casa en casa, en muchas de ellas nos hacían rezar para darnos unas limas y pedazos de cañas. Con esos antecedentes, pues, mi primer encuentro con la celebración del día de muertos estaba muy lejos de parecerme atractivo.

Pero sin prisas, que, a las misas
De réquiem, nunca fui aficionado,
Que, el traje de madera, que estrenaré,
No está siquiera plantado,
Que, el cura, que ha de darme la extremaunción,
No es todavía monaguillo

-Joaquín Sabina-

A los cinco años de edad me vine con mi familia a vivir a Tuxtla. La celebración del día de muertos estaba muy lejos de ser lo que conocía. Llegué  a la colonia Plan de Ayala. Desde temprano todo olía a estoraque, pan de muerto recién horneado, tamales cociéndose, aquello era un festín enorme que empezaba desde las primeras horas. Los altares de mis vecinos y hasta de mi propia casa ocupaban la mitad de la sala.

El 01 de Noviembre era el día en que salían tanto las almas pequeñas –los niños y niñas- y las almas grandes –casi en su totalidad hombres-. En las primeras horas de la tarde-noche salían los niños y niñas, y a partir de la media noche en las calles se veían los jóvenes y adultos.

Los disfraces tanto de unos como otros se resolvían con lo que se tenía en la casa, por ingenio no se paraba. Todos salían en grupos y a todos se les hacía pasar a bailar en cada casa. No entiendo, ni me explico de dónde salió  la idea de que era una buena opción recibir a los muertos bailando con rolas como “sopa de caracol” y “moviendo el atol de elote”, pero así se hacía y a mi encantaba-encanta la iniciativa y más tomando en cuenta que venía de un lugar donde se recibía a los muertos rezando, eso cuando se tiene cinco años es muy poco llamativo.

Voy a dejar las cosas que amé
La tierra ideal que me vió nacer
Sé que después habré de gozar
La dicha y la paz
Que en Dios hallaré

-Macedonio Alcalá-

Mis primeros años en Tuxtla no participaba en la celebración del día de muertos de manera tan activa, me limitaba a pedirle a mis padres que me despertaran cuando pasaran los grupos grandes a bailar –muchos de ellos llevaban grabadoras –de esas noventeras- o marimba en vivo para  armar la festividad-.

Pero, luego encontré a mi propio grupo con el cual salir. Mi grupo era muy pequeño y era de los que salíamos muy temprano porque queríamos regresar a buena hora para ver a los otros cuando pasaban a nuestras casas. Cuando les digo que salíamos temprano no exagero, una vez una señora nos dijo: “Regresen al rato porque todavía se está cociendo el tamal”. Eran como las 3:00 de la tarde.

Este año es especial  porque un integrante de ese pequeño grupo con el que salía todos los años de mi infancia a bailar a las casas a cambio de unos tamales, dulce de calabaza o fruta ya no está. Pero, sé que hoy va a tener permiso para estar entre los vivos –o nosotros tendremos permiso para estar entre los muertos- y bailaremos juntos.

y cuando yo me muera ni luz ni llanto
ni luto ni nada más
ahí junto a mi cruz tan sólo quiero paz
sólo tu corazón, si recuerdas mi amor
una lagrima llevame por última vez
y en silencio dirás una plegaria
y por Dios, olvidame después.

-Álvaro Carrillo-

Mi papá cada año me hacía ir  por estas fechas a la tienda a comprar cigarros a pesar que nadie en la casa fumaba. Los cigarros eran para una de mis bisabuelas, a quien en vida le encantaba el tabaco  -qué clase de anfitriones seríamos, si no recibíamos a quien nos visitaba una vez al año desde el más allá con lo que le gustaba-.Cuando  llegaba con los cigarros mi papá los colocaba en el altar de una manera tan ceremoniosa y amorosa que parecía que lo que estaba dejando ahí era el “Santo Grial”. Una de las imágenes que más recuerdo con cariño de mi papá es la de colocando, cada año, los cigarros a su abuela, otra, es preparándole un hot-dog a un perro que teníamos porque estaba seguro que se le había antojado –pero, esa es otra historia-.

Nada es para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

Aunque sea de oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

Nezahualcóyotl

Hasta los 13 años el festejo del día de muertos –en mi imaginario- no tenía que ver con la muerte, además, pensaba que se daba en todos lados del mundo, qué digo del mundo, de la galaxia entera.

Pero, cuando en el altar ya estaba la foto de una persona tan cercana, el festejo  tuvo otro significado. El primer año lloré por su ausencia, después, entendí que tenía que aprovechar la fecha porque eran los únicos días que tenía para estar con mis muertos y no podía pasarla llorando.

La vida no vale nada
Si escucho un grito mortal
Y no es capaz de tocar
Mi corazón que se apaga

La vida no vale nada
Si ignoro que el asesino
Cogió por otro camino
Y prepara otra celada

José Alfredo Jiménez

Tenía la intención de hacer un texto sobre la transculturalidad en estas fechas, de cómo el festejo del día de muertos en México –como una tradición viva- ha migrado, cambiado, encontrado diferentes significados, y que cada persona lo significa de manera distinta de acuerdo a su contexto y su historia.

Pero, hoy me puse a recordar a mis muertos, me estoy preparando para su llegada, y hasta ahora no he encontrado otra mejor manera de desahogarme que tecleando, así que ese artículo de transculturalidad tendrá que esperar porque hoy lo único que quiero es compartirles lo que significa y ha significado el día de muertos en mi vida.

 

Revista Enheduanna

 

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