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El desprecio hacia las mujeres

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 Por: Lunacia*

 

¿Sabes qué es el desprecio? Es considerar indigna de aprecio a una persona, es una palabra o acción que indican desaire y desdén, una  circunstancia que puede ser agravante, motivada por la edad o sexo, es desestimar, desechar, rechazar, humillar, burlarse, desconsiderar, altanería, arrogancia, soberbia, orgullo, indiferencia, subestimación. ¿Por qué imaginas que nos desprecian a las mujeres?

¿Alguna vez te han demostrado desprecio? Conoces las formas de ¿despreciar a las mujeres? Si tú eres mujer ¿Qué sientes cuando te desprecian? ¿Qué piensas sobre  cómo te desprecian? ¿Te has dado cuenta de cómo te desprecian en la vida cotidiana?

En nuestra cultura mexicana, el desprecio a las mujeres nos acompaña desde antes de nacer, cuando un padre espera o quiere un hijo con mayor preferencia, pues se dice entre el dominio público que las mujeres somos un problema, nos acompaña  en la infancia y nos sigue a la etapa adulta, en la mayor parte de nuestras vidas y en cualquiera de nuestras condiciones familiares, sociales, laborales, políticas, etc.

¿Qué niña o mujer joven, adulta o mayor, no ha sentido el desprecio? ese que nos señala, nos evalúa, nos critica desde un sentido emocional distorsionado y sin argumento, nos rechaza y discrimina solo por ser mujeres, sea en un contexto familiar, de pareja, amistades, compañeros de trabajo, entre otros. ¿Te has preguntado de cuántas formas hemos recibido ese desprecio por “ser mujeres, consideradas inferiores, dependientes, débiles y obedientes, incapaces” en sus diferentes expresiones en nuestra sociedad? así se digan mil discursos, la realidad sigue siendo retrógrada y a veces de una barbarie bestial presentada en un lenguaje y hasta en los hechos-acciones de muchas personas en esta humanidad, que demuestran que nos falta mucho por avanzar y educar aún a las nuevas generaciones, para llegar a un lugar donde seamos realmente “respetadas por ser mujeres” y donde se aplique el valor llamado RESPETO y que sin hipocresías masculinas de doble moral, que todo lo quieren controlar y determinar en nuestros mundos reales, tenga una validez social aprobada, tomada en cuenta en las relaciones humanas cotidianas sin diferenciarnos, desde una competitividad machista.

A veces, las opiniones de ciertos hombres machines, que desconocen qué es el machismo en las relaciones sociales, qué es cuestionar o analizar realidades, porque no leen o no conocen de más realidades en su vida, que asumen que lo merecen todo sin importar cómo lo obtengan, que se sienten superiores, que creen que lo saben todo de las mujeres o que creen que por el solo hecho de ser hombres, ya tienen-poseen argumentos válidos y racionales determinados, como para que otros las acepten sin cuestionar y obedezcan a su mentalidad arcaica, que se puede acompañar hasta de una deteriorada salud mental, es lo que podemos encontrar en nuestras realidades mexicanas, aunque muchos machines y machinas, se incomoden o molesten cuando lo dice una mujer que solo tendrá como respuesta el desprecio, la descalificación, el rechazo, el señalamiento y hasta violencias varias por el simple hecho de decirlo-expresarlo-cuestionarlo.

Rara vez, se les señala a ellos por la misma forma de expresarse, sucede que se les aplaude cuando dicen-hacen muestra de sus discriminaciones, desprecios y violencias muy explícitas hacia las mujeres, sea en privado o en público, las demás personas se callan, muestran un “respeto distorsionado” hacia ese tipo de conductas o hasta compasión se les puede tener cuando “se dicen provocados” casi siempre por nosotras, para que su violencia estalle y es muy raro, que asuman una responsabilidad desde su propio lado.

Mujeres que aceptan agresiones

También, siguen vigentes muchas mujeres que se acostumbran a esos tipos de trato que nos denosta, que abusa, que desprecia, discrimina y agrede de manera muy  explícita, que nos ponen en esa condición de inferiores que se acepta todavía por sumisión, por falsas creencias, por un carácter débil, por miedo, entre otros. He visto cómo nos desprecian por cualquier detalle, al vestirnos como queremos, cuando nos critican por decir algo racional o por pensar y que está fuera de ese parámetro de “medición tradicional” donde tenemos que adaptarnos porque se nos impone por opresión y sometimiento, cuando nos discriminan por pertenecer a cierta clase social, por estudiar ciencias sociales, por nuestra condición de solteras o casadas o divorciadas, por tener una profesión, por tener o no hijos, por vivir una vida sin ese consumismo tan superficial que la sociedad impone y propone para complacer-agradar a un hombre como si solo para eso existiéramos en la vida.

El solo hecho de culparnos-responsabilizarnos de la violencia que muchos hombres ejercen sobre nosotras en cualquier edad, ya nos pone en una situación de desprecio y hasta de vulnerabilidad, tanto desde un entorno familiar, como en el  laboral, escolar o social. Una realidad que todos los días enfrentamos todas las mujeres y aquí si entramos todas, quienes lo nieguen, es porque “no quieren ver” esas violencias o nombrarlas como tal. Esas conductas que nos desvalorizan y subestiman a las mujeres, se han naturalizado y son muy toleradas socialmente.

Si se lastima nuestra sensibilidad se asume y se da por hecho que “no pasa nada” o que te tienes que aguantar y no hacer un “gran drama” como si no fuéramos humanas, cuando ellos tan acostumbrados a reprimir su propia sensibilidad porque el machismo se queda en su mentalidad, asumen que “así debe ser” ya que transgredir esas formas de “ser hombres machos” pueden devaluar públicamente una imagen  de “su virilidad”. ¿Sentirá lo mismo ante el desprecio, un hombre que una mujer?

 

La salud mental masculina

Esa que casi siempre nos pone-mira-señala-califica en un papel de concurso para ser evaluadas-calificadas-elegidas, es la salud mental de los hombres acompañada de creencias a veces absurdas, no deja de ser autodestructiva y muchas veces con esa complicidad que entre otros se callan y permiten-aceptan que sucedan situaciones de riesgo para nosotras, puesto que sobre la reacción violenta que un hombre puede llegar a tener frente a una mujer, no podemos saber hasta qué nivel puede llegar así se presente en un hogar como en cualquier otro espacio donde estamos las mujeres.

A muchos hombres se les otorga ese “permiso-libertad” de calificarnos y descalificarnos a las mujeres, ya que su imaginación puede ser desde sana hasta distorsionada o llena de “telarañas varias en sus cabezas” que le dan esa atribución-facilidad social de “decir lo que somos” aunque ni nos conozcan, de decir lo que debemos hacer aunque el mismo no sea capaz de hacerlo, en cualquier contexto donde nos encontremos.

En la vía pública, la discriminación es vigente y se nos acosa sexualmente en el trabajo, la academia, son esos ámbitos públicos y privados donde con palabras o físicamente se nos agrede y se nos responsabiliza de lo que ellos hacen con toda intención. Cuando una mujer es la que acosa, entonces si hay todo un desahogo de misoginias masculinas que nos destruyen verbalmente y nos señalan públicamente, porque se acepta y se da credibilidad al macho, que si lo hace y se le justifica tal acción compadeciéndolo y ayudándole a esconderse o evadir su responsabilidad, solo por su sexo, muchos casos se conocen así. A nosotras, socialmente nos ponen nombres de burla, apodos, nos señalan por ser honestas y se duda de nuestra queja, cuando muchas veces son ellos los mentirosos, entre otros, que son parte de ese desprecio a nuestra condición de mujeres.

Esa complicidad que todos los días vemos en nuestra sociedad cuando se nos culpa-responsabiliza de violencias ejercidas contra nosotras también llevan ese desprecio que nos señala por lo que hacen ellos, justificando las conductas masculinas que asumen una actitud infantil o hasta psicópata de “yo no fui” quien la agredió emocionalmente, verbalmente, psicológicamente, patrimonialmente, etc. o le pegó y la mató, perdiendo nosotras ese derecho a la autonomía y libertad de tránsito para disfrutar el mundo como ciudadanas satisfechas y plenas. Tal vez la única forma de desprecio que conozco hacia ellos, es solo entre la población de homosexuales, bisexuales o transgénero, pero dudo que existan diferencias en cuanto a las violencias que nos avientan a las mujeres porque el machismo, no se fija en eso.

    Imagina ¿cuántas formas de desprecio hacia las niñas existen? Porque hablar de las niñas es un tema aparte. Imagina ¿cuántas otras formas de desprecio hacia las mujeres puedes ver todos los días en la vida cotidiana?

*Mujer, persona, ciudadana, me gusta escribir sobre esa cotidianidad de vida que enfrentamos las mujeres mexicanas, cuestiono la tradición, las creencias, los prejuicios, los mitos y dogmas, creados por una sociedad machista, hacia nosotras o todas las personas. Comencé a escribir cuando sentí la necesidad de expresarme en mi adolescencia, escribí muchos diarios hasta que era estudiante universitaria. Desde entonces, solo he ido aprendiendo la técnica y búsqueda de espacios públicos y abiertos para escribir desde un criterio propio,busco compartir algo desde mi ciudadanía, para que cualquier lector logre hacerse preguntas sobre su vida cotidiana de la que a veces no pone mucha atención y quedarse con un poco de reflexión y transforme un poquito su vida con lo que lee. (semblanza de Lunacia, escrita por ella misma)

Revista Enheduanna

 

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